Todo lo que el espectador debe saber sobre qué ocurrirá en Un hombre lobo entre nosotros, de Josh Ruben, ocurre prácticamente en las primeras seis secuencias. Se trata de un riesgo calculado  y el argumento no es tan complicado como para guardar secretos, pero también es una ingeniosa jugada narrativa. 

Basada en el videojuego del mismo nombre, la película de Ruben se inclina hacia el homenaje pero busca algo más. Entre ambas cosas, crea un trayecto entre el humor retorcido, los códigos del cine de terror y algo más liviano. ¿Puede lograrse una combinación semejante?

Es evidente que Josh Ruben se encuentra definitivamente inspirado por Zombies Party (2004), de Edgar Wright. Y no solo por la forma en que intenta mezclar la comedia, la sátira social y los monstruos de manera inteligente. También hay un aire cápsula bien creado que remite de inmediato al ya clásico film, referencia obligada al momento de hablar de cruce de géneros exitosos. Pero, más allá de eso, Ruben busca identidad y lo logra. Para los primeros quince minutos de la película, ya es evidente que la ciudad de Beaverfield tiene problemas. No solo por lo que se avecina entre las sombras, sino también en el mundo de las cosas reales y tangibles. 

Ruben toma algunas ideas de Vampiros contra el Bronx (2020), de Oz Rodríguez, para crear la sensación de urgencia necesaria. Pero, mientras en la película de Netflix la evolución del paisaje urbano era el centro del debate, en la de Ruben es el cambio inevitable. Y, aunque puedan parecer matices de la misma idea, en realidad, hay algo más elocuente. No se trata solo de un pueblo que debe afrontar el futuro, esté listo o no. Además, debe mirar al pasado para enfrentar el peligro.

Pero ¿quién podría preocuparse por leyendas locales y monstruos cuando el magnate Sam Parker (Wayne Duvall) quiere construir un oleoducto? La premisa es simple y certera. Hay circunstancias más apremiantes de las cuales ocuparse y Beaverfield tiene las manos llenas. Y, mientras los ciudadanos deciden o no dejar en manos del ¿progreso? al pueblo, en la oscuridad, un depredador acecha. Por supuesto, no es una historia que no se haya contado antes. Pero Josh Ruben tiene la inteligencia para hacerla divertida. Como contexto y trasfondo el videojuego del mismo nombre, la película se hace preguntas peculiares. 

¿Qué ocurre en este pequeño pueblo destinado a ser destruido o, al menos, arrasado? No lo sabemos o, al menos, no es de interés inmediato. De hecho, Ruben no crea la condición del misterio. Entre chistes, juegos de palabras y un elenco que comparte una enorme química, el guion sabe que su argumento es evidente. De modo que asume esa idea desde lo concreto y lo hace más humorístico. Este pueblo chico con el típico infierno grande es también un hervidero de peligros. Y, pronto, Ruben nos dirá qué tan singulares pueden ser.

'Un hombre lobo entre nosotros': petróleo y una pesadilla en puertas

IFC

Este año, varias producciones han jugado con la idea del monstruo que acecha en una población pequeña. La noruega Post Mortem: Nadie muere en Skarnes (2021), de Netflix, analizó al vampiro en medio de un pueblo arrasado por el desencanto. Y la curiosa Misa de medianoche (2021) supone un misterio inexplicable en un espacio insular. 

Josh Ruben, que no tiene tantas ambiciones y que está más preocupado por hacer reír que por aterrorizar, analiza la cuestión desde lo básico. Una vez que establece que este es un pueblo común hasta lo tedioso, el director se dedica a especular lo singular que podría ocurrir en un lugar semejante. Y lo hace con una atmósfera peculiar que los amantes del juego podrán reconocer. ¿Está ocurriendo algo aquí? Sí y no. O, mejor dicho, está ocurriendo pero no exactamente lo que crees.

Tal vez, una de las bondades de esta comedia retorcida sin grandes pretensiones es el hecho de crear una versión sobre el miedo basado en la sorpresa. Desde el Finn Wheeler de Sam Richardson hasta el Marcus de George Basil, el elenco comprende a sus personajes desde la sencillez. Porque, aunque lo que está a punto de ocurrir puede que no sea rutinario, sí lo es el conflicto al que se enfrentarán. ¿Qué ocurre cuando un pueblo diminuto se queda aislado en la nieve?; mucho más aún, cuando este pueblo, además, debe lidiar con una amenaza inexplicable. Ambas cosas juntas logran elaborar algo más interesante de lo que podría suponerse.

Por supuesto y como toda comedia que se incline por lo sobrenatural, Un hombre lobo entre nosotros insiste con el factor de la tensión. ¿Quién es el culpable de las muertes? El método de mostrar y ocultar señales contradictorias crea el escenario ideal para juegos de cámara, chistes de doble sentido y pistas irrisorias. Josh Ruben no tiene la habilidad para que Un hombre lobo entre nosotros sea algo más que una comedia, pero sí para que no decepcione en sus puntos más altos y no sea del todo insatisfactoria en los bajos. 

'Un hombre lobo entre nosotros': risas, una eficaz adaptación y algunas buenas decisiones 

IFC

Sin duda, Un hombre lobo entre nosotros no es una gran comedia, aunque sí una precisa adaptación. Ese pequeño desequilibrio de tensión y ritmo entre ambas cosas hace que la película tenga altibajos de guion con preocupante frecuencia. Pero, aun así, hace reír. Lo hace por sus buenas intenciones, por lo poco en serio que se toma a sí misma. En especial, por el recorrido entre los códigos de terror que se sostiene con un elenco carismático.

Un hombre lobo entre nosotros es una mirada a cierto tipo de humor negro que, usualmente, puede resultar facilón. Y aquí ocurre sin duda. No obstante, hay un recorrido bienintencionado y mejor estructurado por la idea de lo humorístico y lo perverso. En medio de la nieve, con un hombre lobo escondido en las tinieblas, solo queda sentarse en la barra del bar y reír. O ese parece ser el gran mensaje de esta curiosa combinación entre un videojuego que vio mejores años y una comedia en busca de personalidad.