Poco se puede rechistar al hecho de que, tras La maldición de Hill House (2018), basada en la novela homónima de Shirley Jackson (1959), y La maldición de Bly Manor (2020), que adapta la más famosa de Henry James (1898), el director estadounidense Mike Flanagan se ha ganado que queramos ver las nuevas miniseries de terror que realice para Netflix. Ahora toca Misa de medianoche (2021), que se cuenta sin duda entre lo mejor de esta temporada.

Tal vez nadie hubiese dicho que sus proyectos nos causarían expectación hace tan solo unos años, conforme estrenaba sus largometrajes fallidos. Siendo once hasta la fecha, solo podemos contar dos entre los únicos que funcionan y destacan de verdad: El juego de Gerald (2017) y Doctor Sueño (2019), con los que se propuso trasladar a la gran pantalla las dos novelas del mismo título escritas por Stephen King (1992, 2013).

Entre la inquietud y el horror en ‘Misa de medianoche’

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La secuencia inicial va al grano, es elocuente, está rodada con la sutil precisión y la economía narrativa que le conocemos a Mike Flanagan y, en sus últimos segundos, encontramos ya aquí el estilo de género propio con el que nos inquieta desde La maldición de Hill House a base de bien. Hay luego un vivo montaje descriptivo a ritmo musical y, a menudo, un aprovechamiento evidente de la naturaleza del entorno para ofrecernos imágenes de mucha hermosura.

Además, a los guionistas les basta muy poco, cuatro pinceladas esenciales, para caracterizar al puñado de personajes isleños que, vaya, podrían ser protagonistas de alguna otra obra de Stephen King como La tormenta del siglo (1999) o una muy evidente a la que se homenajea aquí. La puntería resulta fundamental en esto junto con la labor adecuada de los actores porque, sin ellas, estos seres de ficción quedarían desdibujados o superficiales. Lo que no ocurre en Misa de medianoche.

El primer episodio nos lanza varios misterios más o menos alarmantes pero ninguna pista accesible sobre qué oscuros destinos nos aguardan en los rincones de esta triste isla decadente. Y se toma su tiempo para desarrollar el nudo dramático, como de costumbre, que las prisas no son cosa de Mike Flanagan en absoluto. Pero lo salpimenta con esos instantes de inquietud o horror entre lo que solo se entrevé con el rabillo de la cámara y lo mostrado abiertamente.

Unos diálogos como para aplaudir de pie

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El mimo respetuoso en la elaboración del relato regresa en Misa de medianoche, e incluye planos cenitales, aéreos y secuencia, travellings retro, montajes paralelos y demás; y líneas de diálogo espléndidas que atrapan y traen a la memoria sermones enérgicos de La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988), o a Epicuro de Samos como para levantar el culo del asiento y aplaudir en pie.

Asimismo, seguimos constatando lo capaz que es Mike Flanagan de seducir al público gracias a secuencias sobre hechos asombrosos contados, en parte o por completo, con una voz en off. Y de veras no importa si están relacionados con espíritus, como en La maldición de Hill House y de Bly Manor o no tienen nada que ver con ellos. Porque no depende del tipo de historia mientras sea digna, sino de la habilidad del que la narra.

Pero uno debe pertrecharse con un buen elenco, y el de Misa de medianoche es maravilloso. Hamish Linklater, al que hemos visto antes encarnando al Jerry Dantana de The Newsroom (Aaron Sorkin, 2012-2014), a Brice Catledge en Magia a la luz de la luna (Woody Allen, 2014), al Porter Collins de La gran apuesta (Adam McKay, 2015), a Larue Dollard en Fargo o al Clark DeBussy de Legión (Noah Hawley, desde 2014, 2017-2019), hace un muy complejo papelón alumbrando al padre Paul.

Y sus colegas le siguen el ritmo, desde Zach Gilford (Friday Night Lights), Kate Siegel o Samantha Sloyan (La maldición de Hill House) como Riley Flynn, Erin Greene y Beverly Keane, un personaje semejante a la señora Carmody de La niebla (Stephen King, 1980), hasta Annabeth Gish (The X-Files), Rahul Kohli, Henry Thomas (La maldición de Bly Manor) o Kristin Lehman (Altered Carbon) como la doctora Sarah Gunning, el sheriff Hassan, Ed y Annie Flynn.

Una inolvidable hondura dramática

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La banda sonora de Andy Grush y Taylor Newton Stewart, de los que sabemos más como The Newton Brothers, que son los compositores habituales del cineasta desde Oculus (2013) y han aportado lo suyo en El profesor (Tony Kaye, 2011), Dirk Gently: Agencia de investigaciones holísticas (Max Landis, 2016-2017) o The Walking Dead: World Beyond (Matthew Negrete y Scott M. Gimple, desde 2020), insiste en el minimalismo instrumental de cuerda con cortas o largas notas graves y chispazos estridentes, a veces piano, y se rompe con coros y las canciones seleccionadas de contrapunto y de rigor.

Cada episodio de Misa de medianoche concluye con un aldabonazo, de los que impresionan y favorecen que queramos continuar viéndola. Su mezcla conceptual es osada, y la hondura con la que se indaga en el sufrimiento que producen los reveses de la vida de los personajes, acrecentado por sus intentos de conciliarlos con la fe religiosa en una jugada que nos recuerda a The Leftovers (Damon Lindelof y Tom Perrotta, 2014-2017), lo que de verdad convierte el drama en algo merecedor de nuestro interés, en una pesadilla devastadora e inolvidable.