Muchos países han comenzado ya a poner una tercera dosis de las vacunas del coronavirus a personas mayores o inmunodeprimidas. Es, por ejemplo, el caso de Israel. Otros, como Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Francia se preparan para hacerlo pronto. Mientras tanto, algunos países no alcanzan el 1% de su población vacunada. 

Por eso, la OMS emitió ayer un comunicado pidiendo que los países con poder económico suficiente para adquirir y administrar esa tercera dosis cambien de parecer y la donen a las naciones que más lo necesitan.

Con ello, el debate que ya existía sobre este tema no hace más que avivarse. Y es que, mientras que las propias farmacéuticas hablan sobre la necesidad de una tercera dosis, son muchos los expertos en inmunología que mantienen que, al menos de momento, no es necesario. Por supuesto, es posible que sea necesaria dentro de un año, como ocurre con otras vacunas, que necesitan dosis de recuerdo. Pero, al menos de momento, estos científicos sostienen que es mucho más primordial donar las vacunas del coronavirus

¿Por qué una tercera dosis?

El avance de la variante delta en todo el mundo ha cambiado los planes de inmunización. Con las anteriores, se calculaba que al menos un 70% de la población de un país debería recibir las vacunas del coronavirus para alcanzar la inmunidad de grupo, también conocida como inmunidad de rebaño. 

La variante delta es mucho más contagiosa, por lo que el porcentaje de vacunados para llegar a la inmunidad de grupo ha aumentado mucho

Sin embargo, esta nueva variante es mucho más contagiosa, por lo que ese cortafuegos que suponen las vacunas debe ser mucho más grande. Tanto, que algunos expertos sitúan el porcentaje en un 90%. Esto, en países como España, donde más del 10% de la población es infantil, hace que sea prácticamente imposible pensar en esa cifra. Además, habría que suponer que todo el mundo quiera vacunarse. Es cierto que, por suerte, en nuestro país el porcentaje de personas que rechazan la vacunación es muy bajo, pero no inexistente. Por eso, como ya explicaban numerosos expertos recientemente en un reportaje de El País, quizás haya llegado el momento de dejar de pensar en porcentajes y centrarnos, simplemente, en vacunar todo lo que se pueda.

¿Pero significa eso que debemos recurrir a una tercera dosis como Israel? En realidad, al menos por ahora, no parece que sea necesario. Aunque los porcentajes varían en los diferentes estudios que se han llevado a cabo, de momento parece que la protección contra la variante delta de todas las vacunas del coronavirus es bastante alta. Es más baja que contra el resto de variantes y la segunda dosis es mucho más necesaria, pues el porcentaje de eficacia con la primera sí que es muy bajo.

Pero, una vez con la pauta completa, la protección frente a la enfermedad leve se ubica entre el 60% y el 88%, dependiendo de la vacuna de la que se trate. Y es mucho más alta para hospitalizaciones y fallecimientos. Es cierto que en las UCIs hay personas con la pauta completa, pero son porcentajes muy bajos y, en determinados casos, se debe a que tienen otros factores de riesgo.

Los anticuerpos no lo son todo

Últimamente se habla mucho de que se ha observado una caída importante de los anticuerpos tras la vacunación en pocos meses. Así, explicado sin contexto, esto puede parecer preocupante. Pero en realidad es totalmente normal.

Los anticuerpos pueden ir decayendo, pero las células de memoria se quedan más tiempo

Es cierto que después del contacto del sistema inmunitario con un patógeno, ya sea directamente o con una simulación realizada por la vacuna, se generan anticuerpos específicos contra él. Estos anticuerpos, si se da otra infección más tarde, podrán combatir más rápido la infección. Pero eso no es todo, pues la inmunidad consta de otros muchos componentes. 

A grandes rasgos, cuando un patógeno penetra en el organismo, será reconocido por un tipo de células del sistema inmunitario, llamadas células B. Estas, tras ese primer contacto, siguen dos vías diferentes. Algunas se transforman en células plasmáticas, que son las que sintetizan los anticuerpos. Aquí comienza la lucha contra ese agente extraño. Una lucha en la que también participan otros componentes, como los macrófagos, o los linfocitos T colaboradores. 

En cuanto al resto de células B, pasan a convertirse en células de memoria, que quedarán preparadas para desencadenar todo el proceso anterior mucho más deprisa en caso de que haya una segunda infección. Por lo tanto, los anticuerpos no lo son todo. Si concebimos nuestro sistema inmunitario como un trastero, son esos cacharros que a veces almacenamos, pero que en realidad sabemos que puede que no volvamos a usar, así que terminamos desechándolos. Eso sí, ahora sabemos dónde podemos comprarlos, así que en caso de que nos hagan falta iremos más deprisa a por ellos. 

Con las vacunas del coronavirus pasa algo así. Los anticuerpos van desapareciendo, pero las células de memoria se quedan. Por eso, si nos enfrentamos al virus en un futuro, todo transcurrirá más deprisa que si nos encontráramos por primera vez con él y, siguiendo con el símil, tuviésemos que ir de tienda en tienda buscando lo que necesitamos para destruirlo. Por lo tanto, mientras esta inmunidad más allá de los anticuerpos nos acompañe, una tercera dosis no es tan necesaria. Quizás habría que valorar casos concretos en pacientes inmunodeprimidos, por ejemplo, pero no hacerlo de forma extendida.

Foto por Braňo en Unsplash

Donar las vacunas del coronavirus

Ayer mismo, la nueva ministra de ciencia de España, Diana Morant, reconocía que posiblemente nos tendremos que vacunar muchas más veces. Esto no tiene por qué significar que necesitemos una tercera dosis de las vacunas del coronavirus.

"No podemos aceptar que países que ya han utilizado la mayor parte del suministro mundial de vacunas usen aún más"

Tedros Adhanom Ghebreyesus , director general de la OMS

Una cosa es comprender que puede que tengamos que convivir con el virus y, por lo tanto, vacunarnos de nuevo en próximas temporadas, y otra que, en esta misma, necesitemos una dosis más. Puede que en un futuro sí que sea como una gripe y se vacunen solo las personas más vulnerables. O que, durante un tiempo, tengamos que hacerlo todos. 

Lo cierto es que intentar hablar de todo esto antes de tiempo es aventurarse a hacer afirmaciones sobre un virus que no sabemos cómo se va a comportar. Debemos ser cautos y ver cómo avanza la situación. Pero hay algo que sí sabemos bien.

Según datos de Our World in Data, aproximadamente el 29% de la población mundial ha recibido una dosis de las vacunas del coronavirus. En España, por ejemplo, un 58% tienen ya la pauta completa. Sin embargo, hay países en los que solo un 1% de su población ha recibido alguna dosis. Hablar de una tercera dosis cuando hay personas que aún tienen tan lejos la primera, quizás no sea lo más acertado. En palabras del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “no podemos aceptar que países que ya han utilizado la mayor parte del suministro mundial de vacunas usen aún más”.

La razón principal, por supuesto, es la salud de estas personas. No deberíamos tener que buscar otro pretexto, pues no hay vidas de primera y de segunda. Pero incluso, si vamos más allá de esa razón primordial, también es por el bien mundial. Más personas sin vacunar supone una mayor posibilidad del virus para mutar a variantes de preocupación, como la delta. Si nos proponemos cortarle el paso, deberíamos hacerlo en todo el mundo.

El virus no entiende de recursos económicos ni de colores de piel. Por lo tanto, las vacunas tampoco deberían hacer diferencias con esto.