Cuando se redactó este artículo, el coronavirus en África había dejado más de 4 millones de infecciones y algo más de 112.000 muertes. Al menos eso es lo que se ha reportado. Puede parecer poco para un continente de más de 1.000 millones de habitantes. Y en realidad lo es, si lo comparamos con otras enfermedades que pegan mucho más fuerte allí. De cualquier modo, cuando pensamos en esta pandemia, tendemos a olvidarnos de esta parte del mundo.

Nos preocupan nuestras vacunas, nuestros hospitales, nuestra hostelería, nuestros comercios, nuestros colegios…. Cada cual verá en qué orden de prioridad clasificaría estas preocupaciones. En resumen, nos preocupa nuestro propio ombligo. No es malo preocuparse por uno mismo. De hecho, es puro instinto de supervivencia. Sin embargo, no está de más recordar que nos empeñamos en buscar vida fuera de la Tierra, cuando en el interior de nuestro planeta hay mucha vida a la que no prestamos atención. Y no se trata solo de plantas y animales. También se trata de millones de humanos.

El problema es que las pandemias no entienden de clases sociales, ni economía, y tampoco del color de la piel. Ellas no se olvidan de esa parte del mundo. Y, si bien es cierto que, en el caso del coronavirus en África, no les está azotando tan fuerte como a nosotros, sí que les está causando problemas, tanto sanitarios como económicos. Necesitan vacunas, necesitan ayuda sanitaria y, sobre todo, necesitan que recordemos que existen. Por eso, en Hipertextual hemos querido contar la situación del coronavirus en estos países, después de hablar con personas que lo están viviendo de primera mano. 

Coronavirus en África: variedad de situaciones

Foto por Fusion Medical Animation en Unsplash

Volviendo al tema de las cifras, es cierto que, a excepción de Sudáfrica, la densidad de los contagios en países africanos es mucho menor que en otros continentes, como Europa o América. 

En Etiopía se hacen menos test, pero arrojan una ratio de positividad mayor

Esto puede deberse a varios motivos. El primero, y uno de los más importantes, es el hecho de que se hacen menos test diagnósticos. Iñaki Alegría, pediatra y coordinador médico del Hospital General Rural de Gambo, nos ha contado el caso de Etiopía. Allí se hacen menos test, pero la ratio de positividad es mucho más alta que en otras zonas del mundo. “En algunas zonas de Etiopía, esta cifra llega al 38%, es decir, que el 38% de los tests son positivos”, explica. “Para hacernos una idea, en España la ratio está en torno al 5%”.

Esto indica que se hacen menos test; pero que, cuando se hacen, arrojan una cantidad muy elevada de contagios positivos. Esto se puede extrapolar a otros países, aunque cada uno tiene su propia situación, según nos relata Aníbal Bueno, científico y experto en culturas africanas. “Los datos sobre PCRs en la mayoría de casos son incompletos. En Tanzania, por ejemplo, hace unos 10 meses que no se hacen PCRs, porque su presidente dijo que el virus se curaba rezando y que no eran necesarias pruebas, mascarillas ni vacunas”.

La cifra entonces se quedó congelada en 509 casos, pero lo normal es que haya muchos más. De hecho, es el único de los países africanos que no ha cerrado sus fronteras. Esto es un problema, ya que allí se encuentra la Isla de Zanzíbar, conocida como “el pequeño Caribe Africano”. Aníbal nos cuenta que él no ha estado últimamente allí, pero que sí le han llegado imágenes, en las que se ve una gran cantidad de turistas, sobre todo de países como Rusia. Esto supone que la cantidad de positivos debe ser muchísimo más alta. 

Etopía, en cambio, así como otros países, cerró todas sus fronteras terrestres poco después de que se conociera el primer caso. “La única manera de entrar a Etiopía es por avión a través de Addis Abeba, donde se exige certificado de PCR negativa o aislamiento en centros especiales para la cuarentena”, aclara Iñaki Alegría.

Otras razones

Foto por Annie Spratt en Unsplash

Aparte del tema de los test y el cierre de fronteras, tanto Iñaki como Aníbal consideran que hay otros motivos por los que el coronavirus en África está menos presente que en otros lugares del mundo. 

“Otros de los motivos puede ser el clima, pues las temperaturas son muy altas durante todo el año”, explica Bueno. “Por otro lado, se ha especulado con que se deba a que el sistema inmunitario de las poblaciones está acostumbrado a otras enfermedades como la malaria”.

Son patógenos muy diferentes, pero podría ser que la estimulación de sus defensas por otros virus les haya dejado preparados en cierto modo para lidiar contra el coronavirus. 

Otra de las posibles explicaciones que nos cuenta este científico es que, por lo general, la población de África es muy joven. “En Europa los fallecimientos por coronavirus están concentrados sobre todo en población de más edad. En muchos países de África esa población no existe directamente, por lo que obviamente no hay tantos fallecimientos”.

Siguiendo con el tema de los patógenos africanos, el hecho de que hayan estado tan expuestos a estas pandemias lleva a que allí estén muy acostumbrados a seguir protocolos sanitarios. Por ejemplo, Aníbal Bueno nos cuenta que el lavado de manos allí está muy interiorizado. Iñaki Alegría añade que “en Etiopía se construyó un hospital de campaña exclusivo para COVID-19,  con 1.000 camas y protocolos muy estrictos».

En este punto, el sanitario nos transmite las declaraciones de la doctora Samrawit, de Etiopía, quien hace una reflexión sobre la situación el coronavirus en África y el modo en que lo gestionan los hospitales:

A nosotros nos sorprende que el coronavirus esté causando miles de muertos en España e Italia. A vosotros os sorprende que no los esté causando en África. Nosotros habíamos idealizado la fortaleza de Europa. Vosotros habíais infravalorado la capacidad de respuesta de África.

Doctora Samrawit, médica en Etiopía

Finalmente, ambos nos cuentan que allí los movimientos de población son mucho más complicados que en  Occidente, de ahí que las pandemias no viajen tan deprisa. “En muchas zonas hay malas carreteras y no disponen de transportes como el tren”, ejemplifica Bueno. “Si tienes que ir tres días en burro para moverte de un lugar a otro, le pones más cortafuegos a la propagación”.

No todo es coronavirus para los africanos

Foto por Hush Naidoo en Unsplash

A principios de 2020, el Hospital de Gambo, en el que trabaja Alegría, se colapsó, llegando al 300% de su capacidad. “Fue necesario improvisar camas en los pasillos y una carpa a modo de hospital de campaña”, recuerda el pediatra. “No eran personas mayores, sino niñas y niños, la gran mayoría menores de 4 años. Hubo una elevada mortalidad por complicaciones respiratorias, deshidratación y desnutrición”.

Por aquel entonces el coronavirus daba sus primeros coletazos, pero no fue eso lo que colapsó este hospital etíope. Fue el sarampión. Una enfermedad que hasta hace poco estaba casi erradicada en Occidente gracias a las vacunas. Casi y hasta hace poco, porque recientemente los movimientos antivacunas la han llevado a florecer de nuevo. Allí, nunca se fue y sigue matando a miles de niños al año.

Y no es la única enfermedad que causa estos efectos en África. “Desnutrición, neumonía, deshidratación, sarampión, tuberculosis, malaria, VIH… siguen siendo los asesinos de las niñas y niños menores de 5 años en las zonas rurales de Etiopía y de muchos otros países del continente olvidado y silenciado”.

“Desnutrición, neumonía, deshidratación, sarampión, tuberculosis, malaria, VIH… siguen siendo los asesinos de las niñas y niños menores de 5 años en las zonas rurales de Etiopía y de muchos otros países del continente olvidado y silenciado”

Iñaki Alegría, médico en Etiopía

Bueno nos habla también de otras enfermedades, como la malaria o el ébola. “Ahora, por ejemplo, hay un brote de ébola en el Golfo de Guinea. En Occidente, como no tenemos malaria, nos preocupa el coronavirus; pero, siendo objetivos, ellos allí tienen otras enfermedades más graves de las que preocuparse».

Todo esto, no exactamente el coronavirus en África,  es lo que lleva a la verdadera saturación de los hospitales. Una saturación a la que, lógicamente, no le viene nada bien tener una patología más con la que tratar. Así lo ha contado el doctor Alegría. “A todo esto se suma que la pandemia de coronavirus empieza a acechar Etiopía, donde los casos confirmados empiezan a aumentar y se están desarrollando medidas de contención para evitar una tragedia en un país en el que  más de dos tercios de la población no tiene acceso a agua potable”.

Sin recursos

Foto por Mika Baumeister en Unsplash

En realidad, en los hospitales de estos países hacen verdaderos malabares para mantenerse a flote. La pareja de Aníbal Bueno es enfermera y él es doctor en biología molecular, por lo que ambos están muy interesados en la salud y suelen visitar los hospitales de los países africanos por los que viajan. Allí, ven que hay muchas carencias, “desde un punto de vista occidental”. “Pero es que es normal, la inversión en sanidad en la mayoría de países de África Central, que es por donde yo he viajado últimamente, es bastante reducida o a veces nula”, relata. “Yo te diría que no están preparados para atender la pandemia. Sin embargo, sí que te puedo decir que como el número de casos graves es menor y no hay una población de ancianos, tampoco están saturados”.

Muchas personas en África no compran mascarillas porque tienen otras prioridades, como comer

Aníbal Bueno, experto en culturas africanas

En cuanto a recursos tan extendidos aquí como las mascarillas o el gel hidroalcohólico, allí la situación es muy diferente. Si bien la densidad del coronavirus en África puede llevar a que pensemos que no necesitan ser tan estrictos, los sanitarios sí necesitan estos recursos. Y, desgraciadamente, no abundan. De hecho, según nos relata Iñaki Alegría, en su hospital deben fabricarse ellos mismo el gel hidroalcohólico y las mascarillas escasean, sobre todo las FFP2.

Para la población general, Aníbal Bueno nos cuenta que las mascarillas son accesibles. Incluso hay mucha venta ambulante. Pero el problema no es que sean accesibles, sino que puedan comprarse. “Muchas personas no las compran porque tienen otras prioridades, como comer”.

Las vacunas del coronavirus en África

Foto por Ivan Diaz en Unsplash

Mientras en Occidente esperamos ansiosos la llegada de las vacunas contra el coronavirus, en África la mayoría de sanitarios siguen sin recibirlas. Y, desde luego, la población tampoco.

«COVAX tiene como objetivo vacunar al 3,3% de la población de los países que la reciben para junio 2021, mientras que los países ricos pretenden conseguir la inmunidad colectiva en esa misma fecha»

Iñaki Alegría, médico en Etiopía

COVAX es la iniciativa mundial, liderada por organismos como UNICEF o la Organización Mundial de la Salud, con la que se pretende realizar un reparto equitativo de las vacunas del coronavirus en África y otros lugares del mundo. Con ella se distribuye principalmente la vacuna de AstraZeneca, la única comercializada a precio de coste. El 1 de marzo, los trabajadores de primera línea y los funcionarios públicos de Costa de Marfil se convirtieron en los primeros inoculados gracias a esta iniciativa. Sin embargo, los sanitarios que trabajan en estos países, aunque la agradecen, la consideran insuficiente.

“Esta iniciativa tiene como objetivo vacunar al 3,3% de la población de los países que la reciben para junio 2021”, narra Alegría. “Mientras tanto, los países ricos tienen el objetivo de conseguir la inmunidad colectiva esa misma fecha”.

Los sanitarios se muestran preocupados. La población también, aunque por otros motivos, según nos explica Aníbal Bueno. “Cuando hablas con ellos suelen decirte: ‘bueno, a ver si nos cae alguna vacuna’, porque ellos mismos se sienten de esa población a la que llaman el tercer mundo”.

Son conscientes de que no son una prioridad y eso, junto a que allí hay menos casos, les hace quizás no tener el anhelo que tenemos en Occidente. No obstante, también tienen motivos imperiosos para esperar la llegada de las vacunas. Por ejemplo, los motivos económicos. “En muchos países fuertes de turismo, como Kenia o Uganda, están preocupados”, aclara el experto en culturas africanas.

Estos lugares viven de los safaris y si tienen que seguir con las fronteras cerradas su economía se verá gravemente resentida. “Es un poco como lo de la hostelería en España, pero elevado a otra dimensión”.

El drama de las patentes

Foto por Markus Winkler en Unsplash

Desde que las vacunas se convirtieron en una realidad, comenzó a plantearse la posibilidad de hacer públicas sus patentes. De este modo, cualquier laboratorio con capacidad suficiente podría fabricarlas y sería más sencillo llevarlas a otros lugares del mundo. Esto habría sido un claro apoyo para luchar contra la pandemia de coronavirus en África.

Sin embargo, cuando se debatió esta posibilidad en el Consejo del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), las grandes fuerzas económicas se opusieron. Entre ellas estaba la Unión Europea, con España incluida. 

Esto ha generado un enfado lógico en esos países más pobres en los que esta medida habría sido una gran ayuda. Para Iñaki Alegría, por ejemplo, es “totalmente injusto, intolerable e inadmisible”.

Tenemos que ser capaces de vivir nosotros sin que sea a costa de matar a los demás.

Iñaki Alegría, médico en Etiopía

También Neus Peracaula, coordinadora de Médicos del Mundo en Mozambique, manifestó su desacuerdo con esta decisión en una intervención durante la reciente entrevista de Jordi Évole al doctor Fernando Simón. 

No hay antivacunas en África

Foto por Seth Doyle en Unsplash

Una cosa clara es que, el día que los africanos puedan inmunizarse, recibirán la vacuna con alegría. En Occidente muchos esperamos ese momento con emoción, pero mientras no paran de llover todo tipo de bulos procedentes de grupos negacionistas y antivacunas, que consideran la vacuna un experimento para controlar a la población. O para matarla. Una de dos, porque no puedes controlar a alguien que está muerto.

“El movimiento antivacunas occidental, bajo mi punto de vista, es una reacción esnob de una sociedad acomodada”

Aníbal Bueno, experto en culturas africanas

En África, sin embargo, eso no pasa. Aníbal Bueno cuenta que sí que hay un pequeño grupo antivacunas por motivos políticos o religiosos. A menudo se trata de chamanes que temen perder el poder curativo que han heredado de generación en generación. Sin embargo, antivacunas, tal y como los conocemos, allí no hay. “El movimiento antivacunas occidental, bajo mi punto de vista, es una reacción esnob de una sociedad acomodada”, relata. “Es decir, es obvio que las vacunas tienen un efecto positivo brutal en la salud de las poblaciones. Lo que pasa es que una vez que ese problema de enfermedades graves ya no está, gracias a las vacunas, parece ser que se pierde contexto y surgen todas estas ideas descabelladas, pero a la vez atractivas, de las conspiraciones”. 

El coronavirus en África es un problema. Quizás menos serio que en otros países y quizás menos serio que otras enfermedades, pero es un problema que puede y debe vacunarse, tanto allí como aquí. Y no por nosotros, simple y llanamente por ellos.

No se trata solo de la inmunidad de grupo

A menudo, para dar a entender la importancia de vacunar frente al coronavirus en África, se usa el argumento de la inmunidad de grupo. El grupo no termina donde empiezan las fronteras. El grupo somos todos y si no se inmuniza un porcentaje alto de todo el planeta, no valdrá de nada.

Eso es cierto. Pero también es verdad que es un argumento nacido de nuevo de esa necesidad nuestra de mirarnos el ombligo. Lo ha explicado muy tajantemente Iñaki Alegría:

Debemos vacunar a África para proteger a África, ¿o es que evitar que los africanos se mueran no es un argumento suficiente?

Iñaki Alegría, médico en Etiopía

Todo estos temas se mencionan con humor, pero con contundencia, en Cómo acabar sigilosamente con la humanidad, el libro publicado recientemente por el humano detrás del Coronavirus de Twitter. Las pandemias de África son un serio problema al que no le prestamos la atención que merece. Deben tocarnos a nosotros para que lleguemos a ser conscientes del peligro. 

Consideramos que África está demasiado lejos y es demasiado irrelevante para echarle cuentas. Y como muestra, un ejemplo reciente. Solo un día después de que Hipertextual entrevistara a Aníbal Bueno, supimos de la muerte de John Magufuli, el presidente de Tanzania que se opuso a las medidas de seguridad en su país, por asegurar que el virus se curaba rezando. Al parecer, murió por complicaciones cardíacas y se dice que pudieron derivarse precisamente de la COVID-19. Si esta noticia no te suena es porque, a pesar de que salió en algunos periódicos, no se difundió demasiado. El presidente de un país de 58 millones de habitantes ha muerto. Si hubiese ocurrido en Estados Unidos, Alemania o China sí nos habríamos enterado. Decía Quevedo que «poderoso Caballero es Don Dinero». Y sí que lo es. Tanto, como para llegar a determinar hasta donde alcanza nuestro propio ombligo. 

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