Una intoxicación alimentaria puede ser causada por un amplio abanico de bacterias. Sin embargo, hay algunas mucho más frecuentes. Entre las viejas conocidas de este tipo de infección destacan especies como Escherichia coli, Salmonella enterica o Campylobacter jejuni. Esta última es común en carnes avícolas y se transmite tanto por su mala manipulación, como por su consumo en crudo o poco hecho. Pero parece ser que esa no es su única vía de transmisión, pues un equipo de científicos de la Universidad de Oklahoma y varios centros de investigación daneses descubrió recientemente que también puede contagiarse a través del sexo anal-oral.

Por lo tanto, podría considerarse tanto una intoxicación alimentaria como una infección de transmisión sexual (ITS). ¿Pero cómo es esto posible? Antes de contestar a esta pregunta, conozcamos mejor a esta bacteria.

La intoxicación alimentaria del pollo crudo

Recientemente se hizo viral en redes sociales la publicación de un chico que mostraba orgulloso su menú post entreno, consistente en varias piezas de carne cruda, con pollo entre ellas, leche sin pasteurizar y otros muchos ingredientes que, como bien se apresuraron en avisar muchos internautas, podrían llevarle al hospital.

Las bacterias del género Campylobacter se encuentran entre las cuatro causas principales de enfermedades diarreicas en todo el mundo

El término crudo puede parecernos muy natural, pero el cocinado de los alimentos fue una de las primeras estrategias de seguridad alimentaria descubiertas por nuestros ancestros. ¿Quiénes somos nosotros para retroceder y contradecirles? El calor del cocinado de la carne, así como la pasteurización de la leche, acaban con buena parte de los microbios que se encuentran en esos alimentos de forma natural.

Uno de esos microbios que sucumben a las altas temperaturas del horno y los fogones es Campylobacter jejuni. Se encuentra en aves de corral, como el pollo o el pavo, de ahí que esta carne siempre se deba cocinar por completo. Si no, puede provocar una intoxicación alimentaria consistente en diarreas intensas, dolor abdominal y, en algunos casos, náuseas y vómitos. Y es algo muy común. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, se encuentra entre las cuatro causas principales de enfermedades diarreicas en todo el mundo. Además, es la principal responsable de intoxicaciones alimentarias de origen bacteriano.

Si no queremos pasar por ese mal trago, debemos mantener una higiene mínima en la cocina. No basta solo con cocinar bien la carne. También debemos limpiar todas las superficies sobre las que la manipulemos y no mezclarla con otros alimentos en crudo, como las verduras. Además, debemos usar utensilios diferentes. Por ejemplo, jamás usaremos para cortar el tomate de la ensalada el mismo cuchillo con el que cortamos la carne sin haberlo lavado antes. Y, por supuesto, las manos también deben lavarse entre alimento y alimento.

Por último, otra recomendación que a veces olvidamos es la de no lavar la carne de pollo. Ni ninguna otra, en realidad. Es muy común hacerlo; pero, por un lado, no servirá de nada, ya que  las bacterias seguirán ahí y solo se irán con el cocinado. Por otro, el acto de lavarla servirá para extender estos microorganismos por el fregadero y la cocina. Así, estaremos comprando nuevas papeletas para una intoxicación alimentaria.

Foto por Peter Pham en Unsplash

Una vía de contagio menos conocida

Hasta aquí lo que sabíamos hasta ahora de la intoxicación alimentaria mediada por Campylobacter. ¿Pero y si esa no fuese la única forma de contagiarnos?

Un estudio publicado recientemente en Emerging Infectious Diseases se encargó de analizar las tasas de infección por contacto sexual de tres patógenos típicamente asociados a las intoxicaciones alimentarias. Concretamente, analizaron las bacterias de los géneros Campylobacter, Salmonella y Shigella. Esta última es conocida por ser la causante de la disentería.

Aunque en el estudio solo participaron hombres que mantenían sexo con hombres la homosexualidad como tal no es el factor de riesgo

La investigación se centró en el análisis de los datos de 4.269 hombres, que habían contraído una enfermedad de declaración obligatoria mediante el sexo con otros hombres. Estos datos se pusieron frente a los de otros 15.250, que participaron como control. Así, vieron que las posibilidades de contraer un patógeno del género Campylobacter era 14 veces más alto para los hombres que mantenían relaciones homosexuales, que para los del grupo control. Con Shigella, que se sabe que puede transmitirse sexualmente, el riesgo fue 74 veces mayor. Sin embargo, con Salmonella no hubo diferencias entre ambos grupos.

Esto llega a pensar que el sexo podía ser otra vía de contagio de Campylobacter, del mismo modo que ocurre con Shigella. La tercera, sin embargo, quedaría relegada solo a la intoxicación alimentaria.

Los autores del estudio dejan claro que, aunque se realizó con hombres que mantenían sexo con otros hombres, el factor de riesgo no está en la homosexualidad, sino en el sexo anal-oral, que también es común en las relaciones heterosexuales. Por eso, la solución sería utilizar una barrera física para su práctica. A veces pensamos que el sexo oral no tiene riesgos, pero a día de hoy se sabe que puede, por ejemplo, causar cáncer orofaríngeo a través de la infección por el virus del papiloma humano. Ahora sabemos que por contacto boca-ano también pueden contraerse bacterias que creíamos que estaban relegadas solo a una posible intoxicación alimentaria. No es un motivo para dejar de disfrutar del sexo, en todas sus variantes, pero sí para hacerlo de forma segura. 

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