El coronavirus nos ha quitado los viajes y las procesiones de Semana Santa (para quienes le gustaran), pero no podrá quitarnos las torrijas. De hecho, si hay algo que no nos ha quitado esta pandemia han sido las ganas de cocinar y comer repostería. No hay más que ver cómo voló la levadura de los supermercados durante la cuarentena de los primeros meses. 

Pero esta situación extraordinaria que estamos atravesando no solo nos ha lanzado a hacer pan. Algunas personas también han aprovechado para subirse al carro de la vida sana. Desde luego, hacer más ejercicio y mejorar la alimentación siempre es una buena decisión. El problema es que, al llegar a fechas como estas, surgen las dudas. ¿Y ahora qué pasa con las torrijas?

Desde varios días previos a las Semana Santa, las redes sociales ya se habían llenado de recetas de torrijas healthy, fit, real food o como las queramos llamar. Esto es algo extrapolable a otros postres. Nutella saludable con cacao puro y dátiles para parar un tren, brownie de alubias, tortitas de plátano y avena… Estas recetas son realmente alternativas mucho más saludables que los postres a los que sustituyen. Sin embargo, a veces nos pueden hacer caer en el error de pensar que si son sanas podemos comerlas sin control. Y, en realidad, ese es el principal problema que nos encontramos cuando decidimos pasarnos a una vida más healthy. El primer paso es aprender a tener el control de nuestra alimentación. Si nos saltamos este paso, estaremos haciendo un cambio de hábitos incompletos que nos puede llevar a caer en errores como no disfrutar de las torrijas en Semana Santa. 

¿Son las torrijas de Semana Santa un buen procesado?

Para saber si las torrijas son un buen procesado, en Hipertextual nos hemos puesto en contacto con el dietista-nutricionista Daniel Ursúa. En primer lugar, ha querido dejar claro que hacer ciertas clasificaciones no siempre es la mejor forma de comenzar a tener una relación saludable con la comida.

"Las torrijas están asociadas a unas fechas concretas y, por lo tanto, deberían consumirse de manera puntual"

Daniel Ursúa, nutricionista

“Por norma general, no soy partidario de categorizar los alimentos en buenos o malos, sean procesados o no”, comenta. “Mucho menos aún de la alegación de comida real, ya que pertenece a un movimiento con el que no estoy de acuerdo y, fuera de ese movimiento, pierde su significado”.

Centrándonos en las torrijas, existen todo tipo de alternativas concebidas desde el concepto del movimiento Real Food: al horno en vez de fritas, leche desnatada o bebida vegetal en vez de leche entera, edulcorantes alternativos al azúcar o la miel… ¿Pero es realmente necesario todo esto?

“Depende de qué implicación vaya a tener para la persona que las come hacerlas así”, explica Ursúa. “Si por hacerlas de ese modo va a pensar que puede comer más o que está comiendo un postre saludable, no es mejor hacerlas así”.

La clave, por lo tanto, está más en comprender que se trata de un consumo puntual que en buscar alternativas saludables. “Las torrijas, al igual que otros muchos alimentos, están asociadas a unas fechas concretas, en este caso la Semana Santa. Por lo tanto, deberían consumirse de manera puntual a lo largo del año”.

La importancia está en la dosis

En 2018, el propio Carlos Ríos, propulsor del Real Food en España, hizo una reflexión similar sobre las torrijas. Este movimiento contempla que un 10% de la alimentación de una persona puede corresponderse con ultraprocesados. Por eso, explicaba que no había problema con consumir torrijas en Semana Santa, siempre que no se salieran de ese porcentaje.

Dejando a un lado las matemáticas, tan importante como cuidar la salud física es hacerlo con la mental. Por eso, hay que evitar culpabilidades y comprender que el consumo ocasional de estos dulces no nos hará daño. En este aspecto, Ursúa destaca la importancia de hacer ejercicio y comer sano regularmente durante todo el año.

“Cuando alguien se asesora nutricionalmente conmigo aspiro a que entienda perfectamente que es más importante lo que haga el resto de días de abril que esos cuatro días de Semana Santa. La idea de un cambio de hábitos debe ser conseguir objetivos a largo plazo”.

Lo sentimos, no debes comer bizcocho a diario

Todos estos movimientos que han venido a enseñarnos cómo sustituir los ingredientes de repostería por otros más saludables hacen bastante bien. Pero también pueden hacer mucho mal si no divulgan correctamente en lo que a nutrición se refiere.

Ocurre por ejemplo con tendencias como la sustitución del azúcar por la antes mencionada pasta de dátiles. “La pasta de dátiles tiene una mayor densidad nutricional que el azúcar, por lo que nos aporta más nutrientes”, aclara el nutricionista consultado por este medio. “Esto no quiere decir que, por ejemplo, un bizcocho endulzado con esta pasta vaya a ser saludable y lo podamos comer cada día. Debemos tener en mente la guía del plato saludable de Harvard y la proporción de alimentos que ahí nos sugieren”.

Este plato al que hace referencia es una clasificación dirigida a calcular las proporciones más adecuadas en un plato de comida saludable. En él, la mitad debe estar representada por frutas y verduras, una cuarta parte por granos, a ser posible integrales, y la cuarta restante por proteínas. Un bizcocho, por mucha crema de dátiles que incluya en lugar del azúcar, no es un alimento equilibrado. Y tampoco lo son las torrijas. Por eso, debemos comerlas sin miedo ni remordimientos. No hay nada de malo en ello. Lo importante es ser conscientes de lo que son: un dulce ocasional para disfrutar de la Semana Santa. Y si te apetece comer torrijas en agosto, tampoco pasa nada. El problema sería sustituir los ingredientes por comida real y consumirlas cada día, porque ahí sí que estaríamos cayendo en un error. Llámalo Matrix, marketing o, simplemente, confusión.