Como si no hubieramos tenido suficiente aislamiento durante más de un año; 15 personas acaban de salir a la superficie tras 40 días totalmente aislados. Han pasado todo este tiempo sin móviles, relojes y sin luz solar, al igual que en la nueva película de Netflix, Polizón (Stowaway). Los voluntarios estuvieron encerrados en la cueva Lombrives, al suroeste de Francia, por el bien de la ciencia. Con la información que salga del experimento sabremos más sobre cómo vivir en Marte en un futuro.

Apenas llevan un par de días en la superficie, pero saben desde el principio que su experiencia es única. De hecho, forma parte del proyecto DeepTime en el que se han invertido 1,4 millones de dólares para conocer los límites de la adaptabilidad humana al aislamiento, según explican en Business Insider. La investigación ha estado supervisada por científicos franceses y suizos del Instituto de Adaptación Humana.

El espacio es un entorno hostil para las personas. No estamos acostumbrados a las condiciones fuera de la Tierra. Desde la soledad hasta la radiación son factores que tenemos todavía que estudiar si queremos ir más allá de la Luna. O, incluso, si queremos vivir en Marte. «Debemos aprender a entender mejor cómo nuestros cerebros son capaces de encontrar nuevas soluciones, sea cual sea la situación», explicó a su salida de la cueva Christian Clot, director del proyecto y uno de los voluntarios para el experimento.

Ambientes análogos, clave para entrenar astronautas

No hace falta irse hasta la cueva de Lombrives en Francia para vivir una experiencia parecida. De hecho, Astroland Agency, en Cantabria, ofrece a cualquier persona participar en este tipo de actividades. Tanto Astroland como la cueva francesa son lo que los expertos llaman ambientes análogos. Estos son lugares que simulan total o parcialmente las condiciones de una estancia fuera de la Tierra. Puede ser sitios como Marte y también la Luna, por ejemplo.

Los ambientes análogos se suelen utilizar para entrenar a los astronautas y preparar futuras misiones como los viajes a Marte o la Luna

Estos sitios se suelen utilizar para entrenar a los astronautas que pasarán por condiciones similares. Cuanto mejor sepan las agencias espaciales como la NASA o la ESA cómo reaccionan los astronautas en estos lugares, mejor. Hay que tener en cuenta que los viajes a la Luna y Marte están mucho más cerca gracias a empresas como SpaceX. Y en la próxima década tenemos planeado volver a nuestro satélite y pisar el planeta rojo por primera vez.

Pero los viajes a Marte no son fáciles. Mínimo se tarda ocho meses en ir, en el mejor de los casos. Y eso ocurre cada dos años, por lo que las misiones tienen que estar muy ajustadas en esas ventanas de tiempo. Los astronautas, además, pasarán mucho tiempo juntos y aislados de sus familias. Tampoco verán mucho la luz del Sol, ya que el mejor lugar para que vivan las personas en Marte es bajo la superficie.

Pérdida de la noción del tiempo

Aunque en Astroland todo está montado como una base marciana y tan solo hay que descender hasta el lugar; no ocurre lo mismo con el experimento que se ha hecho en Francia. Los 8 hombres y las 7 mujeres que vivieron en la cueva tuvieron que dormir en tiendas de campaña y fabricar su propia electricidad con bicicletas de pedales. Además, tuvieron que sacar el agua de un pozo que había dentro de la cueva. Todo esto será necesario si queremos vivir en Marte algún día.

El experimento fue, incluso, más allá de lo que se suele hacer en los ambientes análogos. Y es que en estos se suele intentar llevar una rutina lo más parecida a la que tienen que tener los astronautas cuando viajen a Marte. O cuando lo hacen ahora a la Estación Espacial Internacional. Estas rutinas comienzan todos los días a la misma hora.

Sin embargo, en este caso no fue así. Los participantes tuvieron que guiarse por sus relojes biológicos para todo. Comer, dormir e, incluso, hacer sus tareas asignadas. Poco tiempo tardaron los astronautas análogos en perder la noción del tiempo. Es más, uno de los voluntarios dijo que creía que apenas había estado 23 días allí abajo.

Incomunicados

Tampoco tuvieron comunicación con el exterior de ningún tipo. Más allá de los teléfonos tampoco tuvieron a nadie fuera que dirigiera la misión, como sí se hace en otros ambientes análogos, y no pudieron hablar nada más que con sus compañeros. Mientras que algunos participantes se sintieron deseosos de salir a la superficie cuanto antes; otros estaban muy cómodos viviendo en la cueva.

«Por una vez en nuestras vidas, fue como si pudiéramos pulsar la pausa», dijo Marina Lançon, una de lasvoluntarias en el experimento, según recoge The Guardian. «Por una vez en nuestras vidas, teníamos tiempo y podíamos parar para vivir y hacer nuestras tareas. Fue genial». No obstante, Marina reconoce que está muy contenta de volver aquí arriba.

Por otra parte, dentro del experimento se ha recogido la actividad cerebral de los voluntarios antes y después de entrar en la cueva. Por lo que sabremos mucho más sobre esta visita a la cueva Lombrives y si se ha visto reflejada de algún modo en el cerebro de los voluntarios.

Conocer cómo se adapta el ser humano a vivir en una cueva es esencial para saber a qué retos podemos enfrentarnos en el futuro, cuando vivamos fuera de la Tierra. No será fácil vivir en Marte, si llegamos a hacerlo alguna vez. Pero de todas maneras esto nos sirve para conocernos mejor como especie y a saber cuánto podemos llegar a dar de nosotros mismos en condiciones adversas. Muchas personas se sorprenderían de lo que son capaces de hacer en ambientes análogos como estos.

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