No está de más repetir que el cine moderno se sostiene sobre dos patas archiconocidas: El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972), en su vertiente más puramente artística, y Star Wars: Una nueva esperanza (George Lucas, 1977), en lo que respecta a los espectáculos comerciales de gran presupuesto. Y, si la primera película derivó en un par de espléndidas secuelas, la segunda se ha convertido en una prolífica saga, enterita en Disney Plus, que prosigue hoy. Pero su artífice principal ya no lleva el timón, sino que lo ha cedido por razones personales. Pero ¿qué pensará de los filmes realizados sin su intervención?

En lo que se refiere al Episodio VII (J. J. Abrams, 2015), el neoyorkino Bob Iger nos lo explica en su libro The Ride of a Lifetime: Lessons Learned from 15 Years as CEO of the Walt Disney Company (2019): “Justo antes del estreno mundial, Kathy [Kennedy] proyectó El despertar de la Fuerza para George [Lucas]. No ocultó su decepción. «No hay nada nuevo», dijo. En cada una de las películas de la trilogía original, era importante para él presentar nuevos mundos, nuevas historias, nuevos personajes y nuevas tecnologías. Sobre esta, dijo: «No hay suficientes avances visuales o técnicos»”.

En cambio, Rogue One (Gareth Edwards, 2016) sí le satisfizo. Y lo sabemos gracias al propio cineasta británico. “No quiero poner palabras en su boca, pero honestamente puedo decir que puedo morir feliz ahora: realmente le gustó la película. Significó mucho para mí”, declaró en una conferencia de prensa sobre una charla telefónica con George Lucas. “Para ser honesto y sin ofender a nadie aquí, fue la revisión más importante para mí. ¿Saben?, ustedes también son importantes, pero él es una especie de dios... Me llevaré esa conversación a la tumba. Su opinión significa el mundo para mí”.

Por otra parte, en cuanto a la rompedora Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017), solamente conocemos lo que le comentó su representante Connie Wethington a The Hollywood Reporter: que George Lucas opina que está “maravillosamente hecha” y que, “al hablar con el director Rian Johnson después de verla, fue elogioso”. Y, respecto a Han Solo (Ron Howard, 2018), este realizador contó lo que sigue en una entrevista para ComicBook.com: “Vino y visitó el set, que es algo bastante raro, pero lo hizo como muestra de apoyo, lo cual fue verdaderamente genial. Y fue realmente halagador”.

No debe olvidársenos que, al principio de su carrera cinematográfica, parecía que lo de Ron Howard era colocarse delante de las cámaras. Y que fue Steve Bollander para George Lucas en American Graffiti (1973). De modo que su compadreo se remonta a entonces, y no debe extrañarnos que el actor reconvertido añadiese lo que sigue: “Estaba muy seguro cuando entré [como realizador de Han Solo, sustituyendo a los salientes Phil Lord y Christopher Miller] en que lo sentiría y entendería cómo maximizar el valor de entretenimiento de estos personajes y de este mundo”.

Y, como señala David Miller en ScreenRant, se desconoce lo que piensa sobre El ascenso de Skywalker (Abrams, 2019), “pero no estuvo presente en el estreno. Esto puede indicar sentimientos negativos hacia la película o indiferencia”. Y es que no hay que descuidar que el cineasta había ofrecido a Disney tratamientos propios para las nuevas historias, y habían prescindido de ellos porque “querían hacer algo para los fans”. De forma que George Lucas lo aceptó: “Está bien, seguiré mi camino y los dejaré seguir su camino”. Probablemente decepcionante para él en última instancia.