Todos hemos intentado alguna vez visualizar una imagen relajante en nuestra mente como método para paliar el insomnio. Una playa de aguas turquesas, una cafetería tranquila y silenciosa con una humeante taza sobre la mesa, una cabaña en el campo… o algo mucho más típico: decenas de ovejas saltando por una pradera verde. Contar ovejas para conciliar el sueño es una técnica más que tradicional. No es que estos animales tengan ningún poder sobre nuestra capacidad para dormir. Más bien, el hecho de centrar nuestros pensamientos en su imagen puede ayudarnos a apartarla de los estresantes quehaceres del día hasta caer rendidos en los brazos de Morfeo.

Pero no todo el mundo tiene esta oportunidad. Algunas personas son incapaces de visualizar las ovejas, la playa, la cabaña o la cafetería. No pueden dibujar nada en su mente a causa de una condición conocida como afantasia. Este término se definió correctamente por primera vez en 2015, aunque ya en el siglo XIX algunas personas que lo padecían intentaron describirlo. Comprender mejor los mecanismos que conducen hasta ella es de gran importancia, pues a su vez podría ayudar a desentrañar algunos misterios relacionados con nuestro cerebro.

Por eso, en los últimos años se han llevado a cabo varios estudios, el último de ellos publicado muy recientemente en la revista Cortex.

¿Por qué solemos contar ovejas para dormir?

Hay varias teorías sobre el origen de la tradición de contar ovejas para dormir. Algunas apuntan a que procede de un cuento que se le solía narrar a los niños por las noches.

En él, un pastor trata de cruzar un río con su rebaño. El narrador va describiendo cómo los animales van pasando de uno en uno hasta que el niño finalmente cae rendido.

Otras teorías sitúan el inicio de esta costumbre en la Gran Bretaña medieval, cuando los pastores debían realizar cada noche un recuento de todos sus ejemplares para mantener al día a su señor feudal. Por otro lado, en Disciplina Clericalis, un libro de fábulas del siglo XII, ya se hace referencia a la costumbre de contar ovejas y se explica que posiblemente fue introducida por la cultura islámica muchos siglos atrás.

Sea cual sea el origen, lo que sí parece claro a día de hoy es que no funciona. Es excesivamente monótono, por lo que lo normal es que nos terminemos aburriendo antes de conciliar el sueño. Es una de las conclusiones de un estudio llevado a cabo en 2002 por un equipo de científicos de la Universidad de Oxford, en el que también se concluye que la representación de otras imágenes mentales, como la típica playa paradisíaca, sí que puede ser eficaz. Sea como sea, las personas con afantasia no pueden recurrir a ninguno de los dos métodos. Aunque no todo son desventajas en sus vidas.

¿A qué se debe la afantasia?

En la actualidad, los mecanismos que conducen a la afantasia no son conocidos del todo. Por ahora, gracias a los estudios que se han llevado al cabo, se sabe que suele impedir la representación voluntaria de imágenes mentales. Esto significa que los afantásicos aún pueden visualizar ciertas figuras o escenas de forma involuntaria, en sueños.

Otras investigaciones apuntan a que estas personas podrían tener un déficit en las conexiones neuronales de retroalimentación en la corteza visual. También se ha estudiado que, si bien suele ser una condición congénita, también puede adquirirse, normalmente por lesiones cerebrales, aunque a veces también por motivos psicológicos.

Afortunadamente, no es algo que afecte notablemente al día a día de quiénes lo padecen. De hecho, muchas personas no son conscientes de ser afantásicas hasta que llegan a la edad adulta. Curiosamente, muchos los descubren precisamente por su incapacidad para contar ovejas. Describen que, mientras intentan visualizarlas, solo logran ver oscuridad.

Pero lógicamente el problema no está en las ovejas. Ahora bien, ¿significa esto que no pueden ser personas creativas? Esta es una de las preguntas a las que intentaron contestar los autores del estudio sobre ello publicado más recientemente.

Las dos caras de quienes no pueden contar ovejas

Para la realización de este estudio sobre afantasia, sus autores reclutaron a 103 voluntarios, 61 de ellos con esta condición mental.

Todos tuvieron que visualizar la imagen de tres salas de estar y dibujarlas. El experimento se hizo en dos fases. En la primera, podían conservar la fotografía para hacer el dibujo. En la segunda debían dibujar de memoria.

No hubo diferencias entre los dos grupos en la primera fase. Esto demuestra que quienes tienen afantasia no tienen problemas para distinguir los componentes de una imagen. No obstante, cuando debían pasarla de sus recuerdos al papel la cosa cambiaba. Su memoria espacial estaba intacta. Sabían dónde se encontraba cada parte de la habitación y la proporción de los tamaños de sus componentes. Pero tenían problemas a la hora de representarlo con detalle. Uno incluso llegó a escribir la palabra “ventana” justo en el lugar en el que debía dibujarla. Sabía que estaba ahí, pero era incapaz de representar en su mente la forma, el color o los detalles de la misma.

Aunque esto pueda parecer un inconveniente, en realidad también puede tener ciertas ventajas. Por ejemplo, estas personas son menos propensas a desarrollar falsos recuerdos, ya que no tienen imágenes mentales para fusionar. De las personas del grupo control, que no padecían la condición, uno llegó a pintar un piano, a pesar de que en esa sala no había ninguno. Esto es algo que no le ocurriría a los afantásicos. Por eso también tienen algunas ventajas. No pueden contar ovejas, pero al menos su mente no les “engaña” con tanta frecuencia. Es un punto a favor.

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