Gueto de Varsovia
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Es normal querer mirar al pasado en tiempos de pandemia. La COVID-19 nos ha recordado que no somos invencibles y que las enfermedades infecciosas pueden poner nuestro mundo patas arriba. Sin embargo, no hay que echar la vista demasiado atrás para ver como otras epidemias cambiaron la vida de muchas personas. Desde el VIH hasta el ébola, pasando por la viruela -hoy erradicada, por suerte- o el tifus. De hecho, una epidemia de tifus hace 80 años fue controlada en el gueto de Varsovia. ¿Podemos sacar soluciones para la pandemia de COVID-19 mirando a esa epidemia?

Antes de nada, lo más importante es entender cuál era la situación en Varsovia en 1940. Vivían en el gueto unos 450.000 judíos, no solo polacos sino que, además, se enviaban a otros judíos alemanes. En apenas 3,2 kilómetros cuadrados de la ciudad (un 2,4% del espacio) vivía el 30% de la población. En promedio vivían 9 personas por habitación. Pero esto no es todo, ya que los nazis decidieron reducir un 10% las raciones de alimentos de lo que sería una dieta normal.

El hambre y el hacinamiento estaban ya ahí cuando empezó el tifus entre octubre y noviembre de 1940. Además, se sabe que en la I Guerra Mundial, el tifus ya había golpeado con fuerza las tropas de varios países. Rusia, Polonia y Rumanía perdieron tres millones de personas debido a la enfermedad. En estas circunstancias, todo indicaba que el invierno de 1941, con 100.000 personas enfermas y unos 25.000 fallecidos por tifus, iba a terminar con la población del gueto de Varsovia. Sin embargo, no solo no sucedió sino que, además, descendió tanto que llegó a detenerse.

¿Cómo se paró la epidemia de tifus en Varsovia?

El tifus es una enfermedad causada por bacterias del género Rickettsia y es transmitida por los piojos y otros artrópodos. Entre los síntomas que presentan los contagiados están fiebre alta, dolor muscular y erupción cutánea. En aquellos momentos, morían entre el 10 y el 40% de los que se infectaban de tifus.

Ahora, en plena pandemia por COVID-19, un grupo de investigadores de la Universidad Real Instituto de Tecnología de Melbourne (RMIT) se ha preguntado cómo fue esto posible. Mediante modelos matemáticos y documentos de la época que hablan de cómo progresó la epidemia de tifus en el gueto de Varsovia y publicó su estudio el pasado mes de julio en la revista Science Advances. Y han llegado a la conclusión de que las medidas de salud pública implantadas por los médicos del guetos fueron muy importantes. Estas medidas eran distanciamiento social, nutrición y formación.

Distanciamiento social y nutrición

Aunque no se impuso de forma obligatoria dadas las circunstancias de hacinamiento, el distanciamiento social fue clave. «El distanciamiento social era considerado de sentido común básico por todos, aunque no se impuso de forma obligatoria», indica el estudio.

«La dinámica de transmisión del tifus en el gueto de Varsovia era generalmente a través del contacto o la proximidad a un individuo ya infectado, ya que esto permitía que los piojos pasaran de un huésped a otro en el gueto densamente poblado».

También hay que tener en cuenta que las malas condiciones en el gueto iban más allá del hacinamiento. Por desgracia, la mala higiene, la suciedad y el frío multiplicaban la presencia de piojos, que como ya hemos comentado son vectores del tifus.

Además, la desnutrición fue clave para que la enfermedad matara a más gente. La desnutrición «hacía que las personas infectadas no tuvieran un sistema inmunológico fuerte como para poder combatir la infección», cuentan desde BBC. De hecho, los autores de este estudio estiman que unas 100.000 personas fallecieron por la combinación del tifus y el hambre.

Por suerte, en mayo de 1941 los alemanes decidieron que si los judíos no estaban bien nutridos, no podrían trabajar y eso no les convenía. Así que aumentaron algunas raciones para que pudieran trabajar. También decidieron hacer la vista gorda con el contrabando de alimentos y se instaló un programa de alimentación por todo el gueto. Todo esto supuso para los judíos un aumento de sus nutrientes, pero sobre todo fortaleció sus sistemas inmunes.

Formación

El tercer hecho clave fue que se empezaron a impartir cursos de educación en salud e higiene. Además, se hicieron brigadas que pasaban a inspeccionar las casas, para asegurarse de que se mantenían limpias. También se creó una universidad clandestina para formar a médicos y estudiar los fenómenos de las epidemias y el hambre.

«Por último, el Departamento de Salud y el Consejo Judío desarrollaron programas y medidas de saneamiento complejos y muy elaborados con el objetivo de erradicar el tifus», cuentan los investigadores en su estudio.

Entre las medidas de higiene que se tomaron está el uso de peines muy finos (conocidas como liendreras), que se usaban para quitar del pelo piojos y los huevos de los piojos, liendreras. De esta manera de atrapaban y mataban.

El estudio concluye que todas estas medidas fueron suficientes para terminar con la epidemia de tifus en el gueto de Varsovia. Estas medidas lograron «evitar una catástrofe» y nosotros también podemos hacer lo mismo con la COVID-19.

Conocemos lo suficiente el virus SARS-CoV-2 como para saber cómo se transmite, por lo que ahora solo hay que seguir las medidas que nos aconsejan las autoridades sanitarias. Son sencillas: distanciamiento social, limpieza de manos con agua y jabón y uso de mascarillas. Además, sabemos que el virus se contagia más fácilmente es sitios cerrados, por lo que lo mejor es evitarlos y quedar con amigos y familiares al aire libre. Se acerca el invierno y es el momento de volver a doblegar la curva.

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