Las autoridades sanitarias han anunciado hoy el hallazgo de un paciente “supercontagiador” del coronavirus de Wuhan. Se llama así a las personas que, por algún motivo, cuentan con una mayor capacidad de contagio de la enfermedad que padecen. En este caso, se sabe que el hombre es responsable de que al menos 16 trabajadores sanitarios hayan contraído el 2019-nCoV.

Esta vez se ha detectado relativamente rápido y se tomarán las medidas pertinentes para evitar que contagie a más personas. No obstante, a lo largo de la historia se han conocido otros casos que tardaron mucho más en darse a conocer y, por lo tanto, contribuyeron enormemente a la expansión de las afecciones que padecían.

¿Por qué unas personas contagian más que otras?

Aunque no están claras las razones que llevan a una persona a convertirse en “supercontagiadora”, se cree que puede haber múltiples factores implicados.

Según explicaba el doctor Richard Stein, de la Universidad de Princeton, en un estudio publicado en 2011, uno de los factores principales que promueven la mayor difusión de una enfermedad es la coinfección con otro patógeno. Por ejemplo, se ha comprobado que la infección de uno de los virus responsables del resfriado común, el rinovirus, aumenta en gran medida la propagación de la bacteria Staphylococcus aureus.

En cuanto a factores propios de la persona, también es posible simplemente que tenga su sistema inmunitario muy debilitado, de modo que presente una mayor carga viral en su organismo. Otra posibilidad reside en la ubicación del enfermo. Si no hay una buena ventilación o, en casos como el del coronavirus, no está bien aislado, es más fácil que esparza la enfermedad.

Se han descrito casos de supercontagio en afecciones como el sarampión, la viruela, el VIH, la peste neumónica o la tuberculosis. Pero, sin duda, los casos más conocidos se han dado en otros coronavirus, como el SARS y el MERS, y en la fiebre tifoidea.

Supercontagiadores de coronavirus

En 2003, Liu Jianlun, quien trabajaba como médico en la provincia china de Guangdong, contrajo el SARS, después de atender a numerosos pacientes afectados por la enfermedad.

A día de hoy se sabe que en un principio no se hizo una gestión del todo correcta del brote y el de este galeno es un buen ejemplo; pues, aun siendo consciente de que portaba una enfermedad peligrosa y contagiosa, decidió asistir a una boda de un familiar, en Hong Kong.

La noche de la celebración se alojó en un hotel, concretamente en la novena planta, y después volvió a sus quehaceres. Pero lo que no sabía es que su atrevimiento llevaría a que 16 huéspedes que se alojaban en el mismo piso que él cayeran también enfermos. Algunas de esas personas eran de otros países, por lo que con ellos el coronavirus viajó hasta Vietnam, Singapur, Taiwan y Canadá.

Su caso fue muy sonado, por la irresponsabilidad que conllevó, pero no fue el supercontagiador más grave durante este brote. En realidad fue otro hombre, ingresado por una enfermedad coronaria, que en solo dos días contagió el SARS a 33 personas.

En cuanto al brote de MERS de 2015, también se dio un caso especialmente preocupante en Corea del Sur, donde un solo paciente se considera responsable del contagio de 82 personas.

Mary la tifoidea

Históricamente, el caso más sonado de “supercontagiador” es el de Mary Mallon, más conocida como Mary la tifoidea. Se trata de una mujer irlandesa, que entre 1900 y 1909 contagió el tifus en Estados Unidos a 51 personas, muchas de las cuales murieron.

Es un ejemplo especialmente peculiar; pues, a pesar de poder contagiar la enfermedad, ella no padecía síntomas, por lo que no sabía que la tenía. Además, sus medidas higiénicas no eran las más adecuadas para alguien de su profesión, por lo que se convirtió en la pesadilla de las familias para las que trabajaba.

La primera casa en la que ejerció después de contraer la enfermedad, en 1900, se encontraba en Nueva York. El empleo no le duró mucho, pues apenas dos semanas después de su comienzo la mayoría de personas que vivían en la casa contrajeron fiebre tifoidea.

Más tarde, en 1901, decidiría seguir con su labor en una casa de Manhattan. Poco después, todos los habitantes comenzaron a manifestar los síntomas del tifus y la lavandera murió. A continuación marchó a la casa de un abogado, pero siete de los ocho miembros de la familia enfermaron. Lo mismo ocurrió con 10 de las 11 personas para las que trabajó en 1906, en Long Island. La historia se siguió repitiendo, familia tras familia, casa tras casa.

Mary no entendía lo que ocurría, pero en cuanto empezaban los síntomas se marchaba y comenzaba un nuevo trabajo. Por aquel entonces los medios de comunicación no tenían la difusión de hoy en día, por lo que unos casos no se conectaron con otros hasta que una de las familias afectadas contrató a George Soper, un investigador especializado en fiebre tifoidea, para que estudiara cómo podrían haberse contagiado. Tirando del hilo, llegó hasta Mary, pues descubrió que en todas las casas en las que había trabajado la mayoría de familiares habían enfermado. Además, supo que en aquel momento se encontraba ejerciendo como cocinera en un ático de Park Avenue, en el que dos de los sirvientes habían tenido que ser ingresados por fiebres tifoideas y la hija pequeña de la familia había muerto por el mismo motivo.

Después de que se diera a conocer el problema, se procedió a su detención y cuarentena. Pasó tres años aislada en una clínica; pero, pasado ese tiempo, se decidió que podría volver a la libertad bajo la condición de no volver a trabajar como cocinera. Ella prometió que lo haría. Y lo intentó, pues en un principio se ofreció como lavandera. Pero era una profesión peor pagada, por lo que acabó optando por cambiar su apellido y volver a su anterior trabajo. Pasó cinco años de cocina en cocina, dejando un reguero de enfermos de tifus a sus espaldas.

Finalmente fue detenida de nuevo y volvió a aislarse, esta vez hasta su muerte, que tuvo lugar en 1938, a causa de una neumonía.

Por suerte, hoy en día es difícil que se den historias como estas, pero los "supercontagiadores" siguen muy presentes y es importante detectarlos a tiempo. De momento, parece ser que el esparcidor del coronavirus de Wuhan está bajo control. Ahora solo queda mantener la atención en busca de posibles casos como el suyo.

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