Como si de una cruel ironía se tratase, China vivió en 2002 el despertar de una enfermedad desconocida hasta la fecha. Era el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), una infección que atacó al país asiático 45 años después de que Mao publicase su poema "Adiós a las plagas". El dirigente olvidó que era difícil -por no decir imposible- despedirse de los virus. Uno de ellos infectó a un agricultor de la provincia de Guangdong en noviembre de 2002, aunque China no lo notificaría a la Organización Mundial de la Salud hasta febrero del año siguiente.

Lo que parecía una neumonía atípica pronto se transformaría en la peor enfermedad infecciosa de principios del siglo XXI. Durante el pico máximo del brote, el SARS afectaría a más de 5.300 personas en China. 350 fallecerían como consecuencia del coronavirus. Lejos de esconderse en aquella región, el patógeno comenzó a expandirse por todo el mundo hasta alcanzar a más de dos docenas de países de América del Norte y del Sur, Europa y Asia. El SARS parecía imparable. Y lo que era peor: no existía una vacuna que frenara la infección. Tampoco había un tratamiento adecuado para curar el síndrome.

Un esfuerzo internacional inédito

Solo los esfuerzos médicos internacionales, liderados por la Organización Mundial de la Salud, lograron contener la infección. El último caso fue reportado en China en mayo de 2004. Durante el brote del año anterior, Estados Unidos contabilizó a más de 8.000 pacientes afectados por un tipo de coronavirus que abriría un nuevo y terrible capítulo en la historia de la medicina. Años después, la aparición de trastornos como el MERS ha centrado los trabajos de investigación en otros síndromes. Pero al contrario de lo que imaginara Mao, el SARS sigue acechando.El SARS pronto se convirtió en la enfermedad infecciosa más temida de principios del siglo XXI

Con el objetivo de frenar la reaparición del virus, el laboratorio del Dr. Luis Enjuanes lleva años investigando y desarrollando una vacuna que pudiera prevenir la infección. El primer prototipo, presentado en 2014, resultó efectivo en modelos animales. El éxito de aquel trabajo levantó grandes expectativas. Sin embargo, los científicos del Centro Nacional de Biotecnología pronto se dieron cuenta de que algo no iba bien. La vacuna no era tan segura como parecía en un principio.

Cuando el virus se replicaba en células o ratones, era capaz de acumular cambios en su ADN que le permitían sortear las defensas. En otras palabras, el patógeno causante del SARS volvía a ser virulento. Aquella primera vacuna no era suficientemente "estable" como para garantizar la prevención de una enfermedad que había contado con un 10% de mortalidad en todo el mundo. El equipo de Enjuanes revisó entonces el genoma viral para comprobar qué estaba fallando. En el primer candidato a vacuna obtenido, los investigadores habían eliminado el gen E de la envuelta para conseguir que estuviera atenuado.

Este cambio permitía que el virus sirviera como vacuna, pero la seguridad de la misma no era suficiente como para proseguir con los estudios en modelos animales y seres humanos. Por ello, los científicos decidieron seguir trabajando en un nuevo prototipo para frenar el SARS. Luego descubrirían que la eliminación del gen E también "borraba" un componente esencial para el virus, que evolucionaba hasta recuperarlo, consiguiendo a su vez revertir su estado virulento. En un estudio publicado hoy en PLOS Pathogens, los investigadores han desarrollado una nueva vacuna segura y eficiente contra el SARS.La investigación del CNB-CSIC ha logrado reforzar la seguridad de la vacuna manteniendo su eficacia

Este nuevo candidato ha sido obtenido gracias a la eliminación de pequeños fragmentos del gen E. Estos cambios hacen que el coronavirus sea incapaz de recuperar su virulencia, y por tanto, de sortear y esquivar los mecanismos de defensa. Además los científicos del CNB-CSIC han introducido un segundo mecanismo de seguridad en otro gen alejado del primero, por lo que es difícil que el virus consiga de nuevo su capacidad patogénica.

Según Luis Enjuanes, "al entender los mecanismos moleculares que confieren patogenicidad al virus y evaluar la estabilidad genética in vivo hemos obtenido una vacuna muy prometedora contra el SARS que, además de ser eficiente, es segura". Las pruebas realizadas en ratones han demostrado que este nuevo prototipo no es solo seguro, sino que también podría ser eficaz contra un síndrome que cambió la medicina del siglo XXI. En el futuro, será necesario realizar más ensayos en animales y seres humanos para comprobar su eficiencia, pero de momento esta vacuna española nos acerca a los "deseos" que Mao escribió en 1945. Al menos en lo que al virus del SARS se refiere.

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