La película El Hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia, 2019) recaudó casi 220.000 euros cuando fue estrenada en los cines españoles el pasado mes de noviembre, una cantidad que subió hasta los 597.000 con lo que obtuvo en los cines hongkoneses durante el tiempo que pudo del mes de marzo, pero pobre si uno considera que realizarla supuso algo más de un millón de euros. Y, a estas alturas, parece difícil no admitir que merecía un mayor interés del público y sus veleidades, mientras la verdad es que cuenta con un 82 por ciento de aprobación de la crítica especializada según Rotten Tomatoes.

Entre los elogios recibidos, tenemos los de Luis Martínez en El Mundo: “Es una de esas películas que bendicen los descubrimientos. Y los asombros. Tan sabia, triste y reveladora...”. O las de Mireia Mullor en Fotogramas: “Una aventura claustrofóbica donde el director bilbaíno exprime todo el jugo a un escenario monótono, y crea una distopía conceptual impecable”. O las de Audra Schroeder en The Daily Dot: “Ver el thriller de ciencia ficción español El Hoyo durante cualquier otro período de tiempo sería inquietante, pero durante una pandemia global (...), su mensaje es tangible, nada sutil, masticado en tus oídos”.

Por fortuna, Netflix le ha brindado a El Hoyo la posibilidad de conseguir la atención adecuada, y su multitud de usuarios han hecho que sea lo más visto de la plataforma en los días posteriores a su lanzamiento tanto en España como en Estados Unidos y otros países de los más de 190 en los que puede disfrutarse de este popular servicio de streaming. Pero resulta que hay alguien relevante que ya conocía el gran potencial del filme cuando pudo zampársela en el último Festival de Toronto, celebrado en septiembre de 2019, aparte de los críticos: el estadounidense-canadiense Vincenzo Natali.

La carrera de este cineasta comenzó encargándose de los storyboards de series animadas como Little Rosey (Roseanne Barr y Peter Sauder, 1990), Beetlejuice (Tim Burton, 1989-1991), Las aventuras de Tintín (Stéphane Bernasconi, 1991-1992) o Las aventuras de Fievel en el Oeste (David Kirschner, 1992). Pero se pasó a dirigir con el corto Elevated (1996) y el capítulo “The Sporting Kind” (2x02) de la serie Space Cases (Peter David y Bill Mumy, 1996-1997), y saltó a la fama gracias a su película Cube (1997), a la que se ha señalado como uno de los referentes de Gaztelu-Urrutia y su equipo para El Hoyo.

Con mayor o menor acierto, ha ido elaborando los filmes Cypher (2002), Nothing (2003), el mediometraje documenal Getting Gilliam (2005), su aportación al compendio de cortos Paris, je t’aime (2006), titulado “Quartier de la Madeleine”, Splice: Experimento mortal (2009), Haunter (2013) y En la alta hierba (2019); y unos cuantos episodios en otras series como Hannibal (Bryan Fuller, 2013-2015), Wayward Pines (Chad Hodge, 2015-2016), American Gods (Fuller y Michael Green, desde 2017) o Westworld (Jonathan Nolan y Lisa Joy, desde 2016).

En octubre, le envió el un mensaje a Gaztelu-Urrutia: “Galder, soy Vincenzo Natali, aquí, en Sitges”, el festival en el que se estrenó la película en España. “Vi El Hoyo en Toronto. Me encantó, creo que es un trabajo brillante. Tu dirección y guion son perfectos. Es hermosa, tan concisa, poderosa y divertida. Sé que va a ser un éxito. Ya es un éxito, y se hará más y más grande”, vaticinaba muy acertadamente, y remató: “Estoy muy feliz por ti; la película me ha entusiasmado”. Y más tarde, en Twitter, ya con el mundo en cuarentena por la crisis del coronavirus, ha dicho: “El Hoyo es la película para este momento. Todos debería verla”.