– Abr 3, 2020, 18:03 (CET)

Sorprendente, triste o emotivo: ¿cuál es tu final favorito del cine?

¿Cuál es el mejor final del cine? ¿Cuáles son esas escenas de cierre que se quedaron tu imaginación y has recordado por mucho tiempo después? La Academia de Artes y Ciencias cinematográficas de Hollywood decidió hacer la misma pregunta en Twitter y retar a los cinéfilos del mundo a encontrar esa secuencia en particular qué les desconcertó, cautivó y me emociono como pocas. ¿Cuál es la tuya?

Lo que comenzó como un intercambio sencillo desde la cuenta de la Academia de artes Y ciencias cinematográficas de Hollywood, se convirtió en uno de los tweets más populares del momento al llegar a casi 8.000 respuestas en menos de 12 horas.

La pregunta era sencilla: ¿cuál es el mejor final de una película? Esto hizo que cinéfilos de todas partes del mundo compartieran su opinión, y que revisaran con atención sus colecciones de películas favoritas. El resultado es un largo debate sobre la forma en que concebimos el cine en la actualidad, y sobre todo la manera en que la perspectiva cinematográfica ha marcado la cultura popular quizás para siempre. Varias de las respuestas muestran la manera en que el cine se sustenta sobre la visión del fan, lo que ha permitido que el intercambio de impresiones y opiniones sea de especial interés.

Para asombro de los expertos cinematográficos, varias de las respuestas no incluyen finales sorpresivos, giros inesperados de guion o, incluso, asombrosas vueltas de tuerca en la narración. En realidad, los fans parecen preferir lo emotivo y se decantan por tres películas cuyo final no solamente es profundamente conmovedor, sino que además cierra un largo recorrido de sufrimiento y penuria: En busca de la felicidad (2006) del director Gabriele Muccino, Cadena perpetua de Frank Darabont (1994) e Interstellar (2014) de Christopher Nolan son varias de las películas más populares entre los participantes en la improvisada encuesta.

En más de una ocasión, los usuarios han comentado que el hecho de que cada uno de los films sean un recorrido a través de la naturaleza humana y un homenaje a los grandes triunfos de la voluntad, las convierte en sus favoritas, lo que incluye sus tramos finales. El acento en las películas con finales felices —aunque sean especialmente dramáticas— al parecer tiene un especial motivo: se trata de versiones y reinvenciones de la esperanza. Hay múltiples comentarios que insisten en la importancia de argumentos que se sostiene sobre la idea de la bondad a pesar de la crueldad, el miedo y las privaciones. ¿Tendrá relación la evidente alegoría con los complicados momentos que el mundo vive la actualidad?

Por extraño que parezca, ninguna de las películas antes nombradas recibió un premio Oscar. Interstellar continúa siendo considerada una de las grandes olvidadas de los Oscar de la Academia, mientras que En busca de la felicidad — aunque recibió una nominación para Will Smith como mejor actor —  fue considerada en su oportunidad en exceso edulcorada y hubo algún que otro crítico que la tildó de sentimentaloide. Aun así, ambas ocupa un lugar de especial importancia en las preferencias del público. Por su parte Cadena perpetua obtuvo 7 nominaciones al Oscar, pero no llegó a ganar ninguna, aunque sigue siendo una de las películas mejores valoradas de la historia, como lo demuestra las opiniones del público en la página web IMDB

Claro está, también hay una amplia preferencia por los finales sorprendentes: la primera película de la franquicia El planeta de los Simios (Franklin Schaffner -1968) y protagonizada por Charlton Heston, tiene un lugar destacado entre los films que no solo desconcertó a los fans, sino también por su capacidad de abrir la discusión sobre grandes temas relacionados con el final y la connotación filosófica de la película. El cierre argumental considerado redondo, brillante y sobre todo demoledor llevó a la audiencia a debatir durante meses el posible significado de la gran escena final, y a debatir en cómo se reinterpreta el film después de su inesperada revelación final.

El fenómeno se repite con otras de las favoritas en la selección: Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock también fue escogida por el público como uno de los finales mejor estructurados e impactantes de la historia del cine. Más allá de la larga secuencia explicativa que cierra el film, la revelación que Norman Bates era el verdadero asesino detrás de una doble personalidad que se escondía detrás del cadáver de su madre, conmocionó a la audiencia de la época y convirtió a la obra en un de las grandes favoritas de los Amantes del suspense.

Kevin Spacey: Seven y Sospechosos habituales

Un poco más contemporáneo es el doloroso y crudo final de la película Seven (1995) de David Fincher en la que un desconcertado Brad Pitt pregunta a gritos “¿Qué hay en la caja?” mientras que Kevin Spacey espera que le dispare y así completar su trayecto ritual como asesino serial. Otra película muy popular entre las preferencias de quienes han comentado el tweet de la academia es Sospechosos habituales de Bryan Singer, estrenada en 1995. Con dos premios Oscar a cuestas, la película dejó sin aliento a las audiencias cuando cambió la estructura de la narrativa, que hasta entonces había mantenido como una única secuencia, en una muestra de la brillante capacidad del guionista Christopher McQuarrie para crear un juego de interpretaciones que incluso en la actualidad sigue resultando desconcertante y brillante.

Lugar aparte merecen el Sexto Sentido (1999) y La Villa (2004) del director M. Night Shyamalan. La primera es considerada un clásico del terror y su final emblemático entre los más sorprendentes. La Villa, sin embargo, decepcionó a una buena cantidad de fanáticos y aunque se mencionó su final como “impactante” no parece encontrarse entre las preferencias del público.

Un caso por completo distinto es el de The Fight Club (David Fincher -1999). Además de haberse convertido en emblema de una década, su final es considerado por un buen número de fans como uno de los más satisfactorios del cine. Tyler Durham triunfa — o lo hace de alguna manera — y además las fantasías de destrucción y contracultura que late bajo el argumento llega a una extraordinaria apoteosis.

Un caso especial es el de la película Gone Girl (también de David Fincher y estrenada en el 2014), considerado uno de los más desconcertantes y agridulces, por su combinación de amenaza e incertidumbre. El film, basado en el libro del mismo nombre de la escritora Gillian Flynn, llegó a la pantalla para crear un nuevo tipo de mujer fatal. El cierre de la película, que muestra el rostro de Amy (Rosamund Pike) como un anuncio de algo más profundo y violento que nunca podremos ver, es uno de los más impactantes y bien construido de la últimas décadas.

La inteligente sutileza

No obstante, buena parte del público parece sentir preferencia por los finales abiertos que dejan a la interpretación o la elaboración interminable de teorías sobre lo que pudo o no haber sucedido al final de su película favorita. Entre las más mencionadas en la línea de tweet hay un par de Christopher Nolan, en las que destaca Origen de 2010 (película de la cual se sigue debatiendo el simbolismo utilizado por el director para mostrar el mundo onírico y el real) y las escenas finales de El caballero oscuro: la leyenda renace de 2012, que muestran a Bruce Wayne renacido o solo como las esperanzas de un afligido Alfred Pennyworth a gusto del consumidor.

Lo más curioso es que la mayoría de las respuestas incluyen además frases que cierran los argumentos con tal pulcritud que se considera en sí misma grandes finales. Desde la ya conocida e hilarante “Nadie es perfecto” de Con faldas y a lo loco (Billy Wilder — 1959) hasta la icónica “este es el principio de una gran amistad, de Casablanca (Michael Curtiz — 1942), las grandes frases ocupan un lugar importante en la preferencia de lo que considera un gran final cinematográfico. También incluso hay espacios para los silencios: el murmullo incomprensible que comparten Bill Murray y Scarlett Johansson en Lost in Translation (2003) resumen la capacidad de los guiones para sustentar los mundos personalísimos de los personajes, y el peso de los secretos de las dimensiones cinematográficas en pantalla.

Por último, no todos los finales deben ser intelectuales o profundamente emotivos: hay una notoria admiración por grandes cierres de argumentos en situaciones extraordinarias, como el de la clásica El puente sobre el río Kwai (David Lean — 1957) y el catártico, inesperado y por completo disparatado de Malditos bastardos (Quentin Tarantino — 2009) en la que el director creó una especie de subgénero basado en la satisfacción de la audiencia y las posibilidades inalcanzables. Al final, el gran interés cinéfilo que demuestran las respuestas, deja claro que la gran mayoría de la audiencia sigue prefiriendo historias cuyos finales permitan que la película permanezca en la imaginación mucho tiempo después que la pantalla funde a negro.