Durante los preparativos para la última fiesta de fin de año, el Gobierno de la dictadura china que preside el pekinés Xi Jinping y la Organización Mundial de la Salud, dirigida por el doctor etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, nos informaron de que había aparecido un brote de una nueva enfermedad respiratoria, la provocada por el ya famoso coronavirus de Wuhan. Con el bicho microscópico extendiéndose por el mundo, miles de infectados, cientos de fallecidos, ciudades en cuarentena, la alerta internacional declarada por la OMS y los conspiranoicos demostrando su júbilo antifarmacéutico y apocalíptico, tal vez no sea mala hora para recomendar unas cuantas películas impactantes sobre epidemias y contribuir así a nuestra propia inquietud y a la alarma social.

Debe decirse que, por alguna razón, las ficciones cinematográficas sobre pandemias se han multiplicado de forma sorprendente en el actual siglo. No es que en las décadas anteriores no se produjeran filmes que abordan este asunto, pero muchísimos menos. Pánico en las calles (Elia Kazan, 1950) es fácilmente el primer ejemplo digno de mención: un thriller de cine negro galardonado con el Oscar a la mejor historia y del que el crítico Patrick Peters dijo en la revista Empire que el director “hace un uso atmosférico y pseudodocumental de sus ubicaciones en Nueva Orleans y extrae actuaciones naturalistas de un excelente reparto”; y Jonathan Rosenbaum la señaló en el Chicago Reader como “la mejor y la más olvidada de las primeras películas de Kazan”.

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'El séptimo sello' (1957) | Svensk Filmindustri

De elogios han cubierto siempre a El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957), obra de culto con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes: escribió Bosley Crowther en The New York Times que se trata de “una contemplación penetrante y poderosa del paso del hombre por esta tierra. Esencialmente intelectual, pero también emocionalmente estimulante”; y Peter Bradshaw, en The Guardian, que es “una obra de arte radical”, todavía “tan fresca como un vaso de agua helada”, y “un estándar de oro intachable de seriedad artística y moral”. Y en AV Club, Zack Handlen valora “sus sorprendentes imágenes, humor obsceno y sufrimiento sombrío”, en “una película humana sobre la inevitabilidad inhumana de la muerte”.

Precisamente Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971) es otro filme de culto con cuatro premios BAFTA del que el añorado Ángel Fernández-Santos apuntó en El País: “Se trata de un filme complejo, incluso en sus defectos, y que, para Visconti, supuso un compromiso personal grave, del que supo salir en parte con dignidad y en parte haciendo trampas”; y Dan Jardine la describió como “un festín visual suntuoso” en la Apollo Guide. El difunto Roger Ebert publicó en el Chicago Sun-Times que La amenaza de Andrómeda (Robert Wise, 1971) es un “espléndido entretenimiento que te hará preocuparte sobre si podrán contener esa extraña gota de cristal verde alienígena”; y Tony Mastroianni comentó en el periódico Cleveland Press: “No hay nada malo con la fórmula cuando funciona, y funciona sin esfuerzo en esta película”.

A Scott Weinberg, según leemos en eFilm Critic, le entusiasmó El puente de Cassandra (George Pan Cosmatos, 1976): “¡Oscuro desastre manierista, lleno de acción demasiado madura, trenes desbocados y un virus asesino!”, espetó sobre ella; y para Ruth Batchelor, de Los Ángeles Free Press, “es una mala película que es más divertida que si hubiera sido buena”. A Estallido (Wolfgang Petersen, 1995) se refiró Fred Topel en About como una “película de miedo con representación realista de la enfermedad”; y si Rita Kempley la consideró “un puntazo absoluto” en The Washington Post, en San Francisco Chronicle aseguró Mick LaSalle que “es una película lo suficientemente buena como para querer ir al cine y lo suficientemente aterradora como para hacerte preguntarte si debes evitar las multitudes”.

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'Doce monos' (1995) | Universal

Doce monos (Terry Gilliam, 1995) es uno de los filmes más recordados y queridos con epidemias mortales: Ed Potton afirmó en The Times que “esta ciencia ficción distópica que viaja en el tiempo es un recordatorio de que el director puede hacer películas que sean visualmente inventivas, intelectualmente interesantes y francamente emocionantes”; Nick Hilditch, de la BBC, sostuvo que nos encontrábamos frente a “la película más madura de Terry Gilliam hasta la fecha”, que “exige un análisis riguroso del espectador” y que, “si a esto le añadimos los sellos grotescamente cómicos del director, el filme resultante es una fantasía compleja y gratificante”; y Peter Travers opina en Rolling Stone que la labor de Bruce Willis como James Cole es “una actuación eruptiva de sorprendente intensidad emocional”.

Pero el que se llevó el Globo de Oro al mejor actor secundario fue Brad Pitt por su demente Jeffrey Goines. Igual que Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006) le concedieron dos premios BAFTA, una obra sobre la que Jim Schembri escribió para The Age: “Si pensabas que las escenas de batalla en Salvar al soldado Ryan [Steven Spielberg, 1998] fueron difíciles, los últimos 20 minutos de Hijos de los hombres no solo te sacudirán, sino que te harán revisar tus expectativas sobre cuán realistas pueden ser las representaciones cinematográficas del combate”; y Joshua Rothkopf dijo lo que sigue en Time Out: “Bregando inquebrantablemente a través de las peores horas de la humanidad, la película entrelaza las incursiones de la narrativa en la ciencia ficción con una dinámica desgarradora”.

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'Contagio' (2011) | Warner Bros.

Pero la propuesta con mayor realismo al enseñar cómo se desarrolla una epidemia incontrolable en nuestro mundo de la globalización quizá sea Contagio (Steven Soderbergh, 2011), a la que Luis Martínez le parece, según lo que publicó en El Mundo, que “es tan efectiva —sin concesiones— como la peste bubónica del pasado”, y “el terror se mastica en cada fotograma como algo perfectamente real” porque “mañana mismo puede suceder lo que anuncia” el filme. Sergi Sánchez insistió en que el cineasta “sabe crear el ADN de una película de terror realista, casi documental, un thriller cerebral para tiempos conspiranoicos”, muy necesario en ese último aspecto. Y en la revista Cinemanía dijo Nando Salvá que es “un thriller tan veloz e implacable como una gripe”, y “la mejor película hecha a día de hoy acerca de una pandemia”.

El vampirismo y la zombificación también pueden convertirse en un desastre así, y buenos ejemplos los hallamos en Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007), cuarta adaptación del libro homónimo de Richard Matheson (1954), o Melanie: The Girl With All the Gifts (Colm McCarthy, 2016), realizada a partir de la novela de Mike Carey (2014). Pero aquí nos ocupamos de cine con virus más comunes: la peste negra se cierne sobre los personajes protagonistas de Pánico en las calles y El séptimo sello, el cólera en Muerte en Venecia, un microbio desconocido pero letal en La amenaza de Andrómeda, El puente de Cassandra, Doce monos y Contagio, el ficticio virus motaba en Estallido y una gripe terrible en el pasado de Hijos de los hombres. Tal vez un día rueden una película sobre el dichoso coronavirus de Wuhan, y esa sí que dará miedo.