Casi superada ya la primera mitad del mes de enero, muchas personas siguen aún en marcha con sus propósitos de año nuevo. Los hay para todos los gustos, pero no hay más que acercarse a cualquier gimnasio para comprobar que la práctica de ejercicio se encuentra en lo más alto del ránking de nuevos retos.

Algunas personas consiguen engancharse a las endorfinas y persisten en su empeño, hasta que lo que en un principio parecía una tortura termina convirtiéndose en una necesidad. Sin embargo, otras muchas terminan rindiéndose apenas unos meses, o incluso unas semanas, después de empezar. Se trata de individuos que quieren lograr los beneficios del deporte, pero no soportan las agujetas, el sudor y la necesidad de constancia. No pueden evitar fantasear con una pastilla que les aportara todas esas ventajas, sin tener que soportar toda esa parte negativa. Pero eso es imposible. ¿O no? Aunque algo tan maravilloso como lo que ahora mismo se está escribiendo en nuestras cabezas no parece probable, dados los conocimientos actuales de la ciencia, un equipo de científicos de la Universidad de Michigan y la Universidad Estatal de Wayne está detrás de una proteína que podría dar lugar a algo relativamente parecido. Aunque para saber si es realmente posible queda todavía mucha investigación por delante.

La proteína del ejercicio

Las protagonistas de esta historia son las sestrinas, un grupo de proteínas inducidas por estrés, con un importante papel antioxidante en el organismo.

Se conoce que participan en muchos procesos, aunque su rol exacto en algunos de ellos no está del todo claro. Por ejemplo, se ha comprobado que tiende a acumularse en los músculos después del ejercicio. Esto indicaría que participa en él de algún modo. ¿Pero cómo?

Para comprobarlo, estos científicos pusieron a dos grupos de moscas Drosophila, muy usadas en investigación, a entrenar. Lo hicieron con ayuda de un dispositivo, similar a una pequeña cinta de correr, pero adaptada para que los insectos pudieran volar.

Tras tres semanas de entrenamiento, pasaron a comprobar cómo había repercutido este sobre las moscas, que se encontraban divididas en un grupo normal y otro que había sido modificado para que no pudiera sintetizar esta proteína. Según explica en un comunicado uno de los investigadores, el doctor Jun Hee Lee, normalmente estos animales pueden “correr” entre cuatro y seis horas. Sin embargo, tras el entrenamiento estos tiempos mejoraron en el grupo normal, pero no en las que no poseían sestrina.

Parecía que la proteína tenía un papel esencial en la mejora de la resistencia de las moscas durante el ejercicio, pero era necesario realizar más experimentos para comprobarlo. Por eso, pasaron a un segundo paso en el que participaban moscas con una sobreexpresión del gen que la codifica, de modo que pudieran generar una mayor cantidad de proteína en sus músculos.

Y aquí empezaba la parte más curiosa del estudio, ya que comprobaron que estos insectos tenían una resistencia mayor que los que habían sido previamente entrenados, incluso sin practicar todo ese ejercicio. Pero la cosa no quedaba ahí, pues también vieron que adquirían mejoras en su capacidad aeróbica, su respiración y la quema de grasas.

Por otro lado, este equipo ha colaborado también con la doctora Pura Muñoz-Cánoves, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, en un estudio que demuestra que la sestrina puede ayudar a prevenir la atrofia de los músculos inmovilizados.

¿Significa todo estos que esa pastilla soñada que sustituye al ejercicio puede existir? No tan rápido. Para empezar, no debemos olvidar que estos resultados se han obtenido en moscas y que, aun así, son todavía muy tempranos. Como bien explica Lee, se encuentran en una fase inicial de estudio, en la que deben superar algunos hándicaps, como los relacionados con su tamaño: "Las sestrinas no son moléculas pequeñas, pero estamos trabajando para encontrar moduladores de moléculas pequeñas de Sestrina".

Además, su compañera, la doctora Myungjin Kim, añade que aún es necesario investigar para conocer más a fondo en qué circunstancias se secreta de forma natural. Una vez optimizado todo esto, en un futuro, se podría hablar de tratamientos basados en esta proteína, pero dirigidos más bien a personas que no pueden practicar ejercicio por motivos de salud. Por eso, si puedes, sigue haciendo deporte. Después de las agujetas viene la satisfacción, solo hay que ser un poco constante.

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