Primer día de gimnasio. Después de unas cuantas series de pesas, decides pasarte al cardio y caminar un poco en la cinta de correr. Durante los diez minutos que pasas sobre ella no apartas la vista de la pantalla, no vaya a ser que se te descontrolen las pulsaciones o se te pase el tiempo. Al final resulta que no era para tanto, así que detienes con orgullo la máquina para marcharte, pero algo raro pasa. ¿No la habías parado? ¿Por qué parece que no deja de moverse? A pesar de todo, decides bajarte de ella. ¡Y menudo mareo!

Esta podría ser la historia de más de una persona durante su primer día de entrenamiento o, simplemente, la primera vez que se sube a una cinta de correr. No a todo el mundo le pasa, pero son abundantes los testimonios de quienes han vivido una situación como esta. Marearse en esta máquina de gimnasio es algo totalmente normal, que no debe preocupar a quién le ocurra, ¿pero a qué se debe? La razón es un fenómeno conocido como cinetosis, que también se encuentra detrás de otros mareos, como los que experimentamos en coche o en barco.

¿Quieto o en movimiento? ¿En qué quedamos?

“Nuestro equilibrio está regulado por el sistema vestibular, ubicado en el oído interno”, explica a Hipertextual el doctor Ayoze González, neurólogo clínico en el Hospital San Roque, de las Palmas de Gran Canaria. “Esta información viaja desde ahí hasta el cerebro, a través de la rama vestibular del octavo nervio craneal”.

Estas señales se detectan mediante la evaluación de la marcha y la estabilidad del cuerpo. En definitiva, nuestro oído “sabe” cuándo estamos quietos y cuándo nos movemos. No obstante, el movimiento también se percibe a través de la vista y es precisamente esta la causa que lleva a la cinetosis en ciertas ocasiones.

“Por ejemplo, cuando vamos leyendo en un coche en movimiento, el oído interpreta que nos movemos, pero la vista se encuentra fija en la lectura”, cuenta el neurólogo. “Estas señales no se envían a la corteza cerebral consciente, sino a otras estructuras, que ante la presencia de mensajes contradictorios pueden desencadenar una respuesta inconsciente, en forma de mareo”.

Esto ocurre también cuando el oído detecta una situación estática, pero la vista percibe movimiento, por ejemplo, al utilizar gafas de realidad virtual, pero el caso de la cinta de correr se parece más al del coche. “Por lo general, cuando estamos sobre la máquina el sistema vestibular capta el dinamismo de nuestros músculos en movimiento, pero la vista se encuentra fija, ya sea en la pantalla o en un punto cercano”. El resultado, de nuevo, es el mismo.

¿Por qué no le pasa a todo el mundo?

No todo el mundo se marea al caminar sobre una cinta de correr, del mismo modo que hay personas que pueden leer El Quijote entero en coche y otras que se marean antes de llegar al “de cuyo nombre no quiero acordarme”.

La razón, según aclara el experto consultado por este medio, es que cada individuo tiene un umbral diferente al que estas señales generan una respuesta concreta. “Ocurre igual con la fotosensibilidad”, ejemplifica. “Las personas con un umbral más bajo reaccionan antes a la presencia de la luz solar”. En el caso del mareo, los individuos más sensibles sufrirán los síntomas en cuanto el cerebro perciba una mínima contradicción entre las señales provenientes del aparato vestibular y el visual.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Aunque pueda parecer que lo más sencillo es no caminar sobre una cinta nunca más, existen otras opciones menos drásticas. “Podemos intentar no dejar la vista fija”, aconseja González. “Tenemos que moverla a medida que vamos caminando y no ver vídeos o mirar de forma estática a la pantalla del aparato”.

Además, una vez que terminemos el ejercicio, no debemos bajarnos rápidamente, sino estar un pequeño margen de tiempo quietos sobre la cinta, hasta que el oído deje de enviar la señal de movimiento y vuelva la coherencia con lo que perciben los ojos. De ese modo, el mareo irá disminuyendo poco a poco. Eso sí, por si acaso, hasta que todo vuelva a la normalidad lo mejor será bajarse del aparato con calma para evitar caídas o tropiezos. El deporte es salud, no cabe duda, pero a veces hay que recurrir a algunos truquitos para que no vuelva loco a nuestro cerebro.

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