Al igual que el alzhéimer, el párkinson es una enfermedad neurodegenerativa sin cura, en la que el diagnóstico temprano es esencial para tratar de ralentizar en la medida de lo posible su evolución. Es conocida por generar intensos temblores en los pacientes, pero también provoca otros síntomas, como cambios en la escritura y el habla, rigidez muscular, movimientos lentos o alteraciones de la postura y el equilibrio. Estos últimos son también muy frecuentes y dificultan mucho el día a día de los pacientes, que llegan incluso a temer moverse por su entorno más cercano, por miedo a caerse.

Por eso, un equipo de científicos de la Universidad de Utah ha desarrollado un programa de realidad virtual que entrena a estas personas en un lugar cerrado, preparándolas para salir a la vida real con movimientos seguros, reduciendo así la posibilidad de accidentes y contribuyendo a la posible ralentización de esta parte concreta de la enfermedad. Sus resultados se han presentado hoy en el Congreso Anual de la Asociación Americana de Anatomía celebrada en Orlando, durante la reunión de Biología Experimental.

Mejorando el movimiento paso a paso

Los pacientes que utilicen este programa de realidad virtual deben hacerlo sobre una cinta de correr, mientras que el programa les va mostrando objetos que deben ir esquivando. A medida que lo consiguen estos objetos aumentan su tamaño, dificultando la tarea, hasta que el enfermo está preparado para poder intentarlo en un entorno real.

Las primeras pruebas se han realizado con diez enfermos de párkinson, que entrenaron en tres sesiones semanales de media hora, durante seis semanas. Pasado este tiempo, mostraron mejoras significativas evitando obstáculos, a la vez que mejoraron el equilibrio y ampliaron su rango de movimiento en caderas y tobillos.

Sí que es cierto que el estudio se llevó a cabo con un número muy reducido de pacientes y que las pruebas de movilidad no se hicieron a pacientes de párkinson sin entrenamiento ni voluntarios sanos para comparar, por lo que ese será el próximo paso de estos científicos.

Si finalmente se confirman los resultados obtenidos hasta el momento, esperan poder realizarle algunos cambios para que pueda utilizarse en un entorno clínico, pues hasta ahora solo se ha utilizado en la sala inmersiva de realidad virtual de la universidad. Estas modificaciones incluirían que el dispositivo de realidad virtual se pudiera montar sobre la cabeza del paciente, de modo que sea más fácil transportarlo y no sea necesario trabajar en salas especializadas. La realidad virtual ya ha mostrado beneficios en enfermedades tan variadas como el cáncer (a nivel psicológico) y los trastornos de la conducta alimentaria, por lo que el uso de estos dispositivos podría ser más que habituales en los hospitales del futuro. Pero hasta entonces, cuanto más fácil sea de transportar, mejor.