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– Ene 22, 2020, 10:03 (CET)

J. K. Rowling: la transfobia y la polémica impulsan la caída de un mito generacional

La autora de Harry Potter ha pasado de ser una estrella internacional a recibir constantes críticas por sus comentarios tránsfobos y racistas en redes sociales. ¿De qué se la acusa?

J. K. Rowling saltó a la fama mundial gracias a la saga de libros juveniles de Harry Potter, pero, desde que terminaran las aventuras del joven mago, su popularidad entre el público ha ido descendiendo hasta convertirse en una figura pública controvertida. En los últimos años, sus seguidores han señalado la falta de diversidad del mundo mágico, así como los tuits más desafortunados de la escritora, que oscilan entre la apropiación cultural y la transfobia.

Las novelas de Rowling son uno de los productos culturales más importantes de las últimas décadas. Cambiaron la forma en que el público general percibía el género fantástico y movieron —y siguen moviendo— a una masa incomparable de seguidores en todo el mundo. Sin embargo, la importancia de Harry Potter no ha crecido siempre en paralelo a la de su escritora.

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Rowling es una de las autoras más influyentes del mundo, y su uso de las redes sociales ha ayudado a que fans de todo el planeta pudieran sentirla más cerca. Ha utilizado las plataformas digitales a su alcance para ampliar poco a poco los detalles del universo Harry Potter, compartir relatos inéditos o curiosidades sobre los personajes, además de aquella tradición anual en la que se disculpaba por cada muerte de la saga. Pero sus redes sociales no dejan de ser una plataforma personal en la que expresa todas sus opiniones, desde una supuesta defensa del feminismo y las mujeres trabajadoras hasta su posición sobre polémicas LGTBI+.

Su última aportación a Twitter —la red en la que es más activa— se remonta al pasado 19 de diciembre, cuando estalló la última polémica alrededor de estas censurables opiniones. “Vístete como quieras. Llámate como quieras. Duerme con cualquier adulto que consienta. Vive tu mejor vida seguro y en paz. ¿Pero echar a las mujeres de su trabajo por afirmar que el sexo es real?”. Rowling acompañó estas palabras con dos hashtags en los que afirmaba “yo estoy con Maya” y “esto es serio”.

La autora estaba haciendo referencia a un caso reciente de transfobia en Reino Unido, en el que Maya Forstater, una investigadora fiscal, emprendió una batalla legal después de que no le renovaran el contrato en la empresa para la que trabajaba a causa de un comentario tránsfobo en su perfil de Twitter. Forstater hablaba en ese tuit acerca de la “verdad” de que “los hombres no pueden convertirse en mujeres”. Finalmente, un juez determinó que su opinión “absolutista” no era “merecedora de respeto en una sociedad democrática” y que “podía violar la dignidad de otros”.

J. K. Rowling se posicionó finalmente con el comentado tuit en el que muestra su apoyo a Forstater y se pone de su parte. La autora lleva varios años envuelta en sospechas de transfobia, pero no ha sido hasta este momento cuando se ha descubierto por completo al emitir en su propio perfil de Twitter su opinión directa sobre las personas trans. El revuelo ha sido tal, que la escritora no ha vuelto a utilizar Twitter desde entonces; no ha habido rectificación, disculpa ni explicación por su parte.

El comentario se viralizó en seguida y recibió decenas de miles de respuestas, tanto a favor como en contra. Multitud de celebridades y activistas LGTBI+ criticaron sus palabras. Una de ellas es Indya Moore, una de las protagonistas de la serie Pose que es conocida por su constante lucha a favor de los derechos del colectivo trans: “Maya no dijo que el sexo fuera real. Dijo que las mujeres trans son hombres y tú le estás dando la razón. La existencia del sexo no quiere decir que las mujeres trans no sean mujeres ni que los hombres trans no sean hombres”.

De leyenda a decepción

Los logros de Rowling no solo se limitan a su papel como autora de la saga Harry Potter. Durante los primeros años de este siglo, se la mitificó tanto que existe, incluso, una película sobre su vida. Algunos de los aspectos que conocemos sobre su vida privada sirvieron para que miles de mujeres se identificaran con ella, como sus problemas siendo madre soltera o que le recomendaran publicar utilizando sus siglas en lugar de su nombre completo para que no se supiera al momento que era una mujer.

De hecho, la escritora se convirtió en algo así como un icono feminista, cuyos afilados tuits contra el mandato de Trump y sus respuestas ingeniosas a machistas varios en la red, le granjearon una buena reputación. Sin ir más lejos, Hipertextual le dedicó varios artículos alabando su valentía en la red social y situándola como un ejemplo a seguir para las chicas jóvenes.

Cuando salió a la luz el casting para la obra teatral Harry Potter y el legado maldito, ella fue una de las primeras en defender la elección de una Hermione Granger negra diciendo que en los libros nunca se especificó que fuera caucásica. También lanzó varios mensajes a favor del colectivo LGTBI+, en honor a las víctimas del tiroteo en Orlando y respondió a una fan asegurándole que Hogwarts es un lugar seguro para la gente LGTBI+. En este último caso, incluso añadió una imagen en la que se leía “si Harry Potter nos ha enseñado algo es que nadie debería vivir en una armario”.

Desde hace algunos años, la imagen pública de J. K. Rowling ha ido deteriorándose poco a poco. Por ejemplo, después de que saliera a la luz la acusación de Amber Heard por violencia de género contra su exmarido Johnny Depp, muchos fans de Harry Potter pidieron su expulsión de Animales fantásticos. Rowling decidió posicionarse a favor del actor.

“La incapacidad de hablar abiertamente a los fans sobre este tema ha sido difícil, frustrante y en ocasiones dolorosa. Sin embargo, deben respetarse los acuerdos que se han establecido para proteger la privacidad de dos personas, que han expresado su deseo de seguir con sus vidas. Con base en nuestra comprensión de las circunstancias, los realizadores y yo no solo nos sentimos cómodos con nuestro casting original, sino que realmente nos alegra tener a Johnny interpretando a un personaje principal en las películas.”

Un largo historial de transfobia

Pero si hay una sombra que ha perseguido a Rowling desde el principio, esa es la transfobia. La autora nunca hasta ahora se había posicionado directamente en el tema trans, a pesar de sus muchas aportaciones al activismo digital feminista. No obstante, ha habido polémicas alrededor de sus ideas durante años.

En 2017, dio “me gusta” a este artículo titulado “Me Too, ¿y ahora qué? (sexo, la izquierda y la identidad de género”, en el que su autora se oponía a que las personas trans pudieran usar los baños públicos asociados a su género.

En marzo de 2018, volvió a mostrar su acuerdo con un tuit en el que se hablaba de que las mujeres trans son “hombres con vestido”. Esta vez el escándalo llegó a palabras mayores y el representante de la escritora tuvo que declarar en su favor, diciendo que había tenido un “momento torpe de mediana edad”: “no es la primera vez que le ocurre por sujetar mal su teléfono móvil”.

La excusa podría ser creíble de no ser por los constantes despistes de Rowling cuando se trata de publicaciones de contenido claramente tránsfobo. Ese mismo año, volvió a tocar el botón de “me gusta” en un tuit que compartía este artículo titulado “Los violadores trans son un peligro para las cárceles femeninas”.

Por todo ello, se considera que Rowling pertenece al movimiento TERF, de las siglas en inglés Trans Exclusionary Radical Feminist. Es decir, feministas radicales transexcluyentes. Entre las ideas de estas activistas están defender que las mujeres trans son hombres “disfrazados” y que la Teoría Queer es un ataque contra los derechos de las mujeres.

Rowling demostró estar de acuerdo con estas ideas también al seguir a conocidas TERF en Twitter, como Magdalen Berns y Julie Bindel. De nuevo, su representante tuvo que salir al rescate: “J. K. Rowling no hará comentarios. De todas formas, sabemos que sigue en Twitter a un amplio abanico de personas que considera interesantes o que le hacen pensar”.

El mundo mágico se ha quedado obsoleto

Los miles de niños que leyeron la saga Harry Potter cuando tenían la edad de sus protagonistas han seguido revisando el trabajo de Rowling durante los más de 20 años que han pasado desde su publicación, y se han dado cuenta de que no ha envejecido tan bien como quisieran. No solo han salido a la luz las inconsistencias del sistema de magia inventado por la británica, sino que lo blanco y cisheterosexual del universo de Hogwarts salta a la vista cuando se hace una relectura crítica en 2020.

Muchos lectores se preguntan cómo es posible que no se haga mención a un solo personaje LGTBI+ entre el alumnado del colegio de magia y hechicería, o cómo es que apenas hay representación de etnias no blancas o diferentes creencias religiosas. Podríamos achacar esta carencia como una señal de la época en la que fueron escritos, ya que no había tanta conciencia en torno a la diversidad racial y sexual en la ficción durante los años noventa.

No obstante, ninguna de las nuevas aportaciones a su universo en la última década han cambiado este aspecto. Harry Potter y el legado maldito, la obra teatral escrita por John Tiffany y Jack Thorne basada en la historia de Rowling, se estrenó en Londres en 2016. Se trata de una continuación directa de la saga original, en la que vemos qué ha sido del trío protagonista veinte años después de la batalla de Hogwarts a través de los hijos de Harry y Draco.

La historia de Albus Potter y Scorpius Malfoy podría haber sido una gran oportunidad para que Rowling redimiera los errores del relato original, pero no la aprovecha. Más allá de escoger a una actriz negra para interpretar a Hermione Granger, El legado malditoThe cursed child en versión original— se sirve de la nostalgia del público y las fórmulas conocidas del mundo mágico para contar una historia que tiene mucho de fan service y muy poco de originalidad.

De hecho, no ha recibido mucho apoyo entre los fans de Harry Potter, pero una de las críticas más insistentes tiene que ver, precisamente, con la diversidad. En la saga de Hogwarts parece que el sistema de amor romántico prevalece como una regla más de la magia. La mayoría de los personajes conocen al amor de su vida en el colegio, se casan jóvenes y forman una familia. Solo hay tres divorcios conocidos en el mundo mágico, y todos los personajes son heterosexuales, por su puesto.

En El legado maldito, la amistad entre Albus y Scorpius es tan estrecha e íntima que muchos fans pensaron que acabarían siendo pareja y Rowling resolvería por fin la falta de representación LGTBI+ en su mundo. A pesar de que se dice que los dos chicos “están hechos el uno para el otro” y de los insistentes celos de Scorpius cuando Albus habla con otras chicas, ambos acaban con un interés romántico femenino.

Algunos activistas LGTBI+ incluso han entendido este contexto como una forma de queerbaiting, una práctica habitual en la que se insinúa contenido queer, pero no llega a hacerse realidad. Es decir, que los escritores de esta secuela utilizaron una ambientación claramente queer con la intención de atraer a este público, pero después negaron cualquier contenido LGTBI+ explícito. Está en el subtexto, pero se niega en el texto.

Se trata de una crítica que ya se había hecho con la saga principal, ya que muchos lectores entendieron por el subtexto que Remus Lupin y Sirius Black habían sido pareja en su juventud o que, al menos, había entre ellos sentimientos románticos sin resolver. Ocurrió lo mismo con dos compañeros de clase de Harry, Ron y Hermione. Durante años, se rumoreó en los foros de Harry Potter que los inseparables Seamus Finnigan y Dean Thomas eran pareja. La realidad es que nada de esto ha sido confirmado.

En el caso de los dos antiguos merodeadores, la teoría ha sido desechada por Rowling en varias ocasiones. Entre ellas, con un relato en la web Pottermore en el que Remus admite que, antes de Tonks, no se había enamorado de nadie. La pareja que forman estos dos personajes también levantó la ira de buena parte del público, que entendía que Remus era gay —sobre todo después de que la autora confirmara que su licantropía era una metáfora del VIH—. Por su parte, el rechazo de la bruja a utilizar su nombre de connotación femenina, se entendió como una forma de expresar que Tonks era una lesbiana butch o una persona de género no binario. Teorías que se cayeron al acabar casados ambos personajes.

Parcheando la falta de diversidad

Llegado cierto punto, Rowling se vio en la obligación de inventar detalles que cubrieran la falta de diversidad en el mundo mágico. Por ejemplo, en una entrevista reveló que había, al menos, un personaje judío en Hogwarts, aunque su participación en la saga fuera trivial.

La mayoría de personajes principales en la saga son personas blancas. Harry, Ron, Hermione, Dumbledore, una buena parte de los profesores de Hogwarts y el mismísimo señor oscuro; todos blancos. Solo algunos de los roles secundarios los ocupan personajes racializados, como Cho Chang —interés romántico de Harry—, Lee Jones —el mejor amigo de Fred y George Weasley—, las hermanas Patil o uno de los alumnos de Slytherin, Blaise Zabini.

Para solucionar esta situación, las películas mostraron un Hogwarts algo más diverso, introduciendo a actores racializados en roles que no especificaban etnia, como el caso de Dean Thomas. Otro personaje que vivió algo de controversia durante la publicación de las películas es Lavender Brown. Esta estudiante de Gryffindor no tiene importancia hasta el sexto libro, por lo que no había una buena descripción de ella y los filmes escogieron a una actriz negra para interpretarla. Cuando su personaje salta a un primer plano en El misterio del príncipe fue sustituida por una actriz blanca.

Para celebrar el estreno de la película Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Rowling publicó en la web Pottermore una serie de artículos en los que explicaba la historia del mundo mágico en otros lugares del planeta; pero la forma en que trató las zonas “no blancas” fue motivo de polémica. Para empezar, situó una de las escuelas de hechicería en África, tratando el continente como si fuera un solo país. Tuvo que rectificar más tarde para indicar que se refería concretamente a Uganda.

Además, cuando se adentró en la historia de la magia en Norteamérica, dedicó apenas un párrafo a describir las actividades mágicas de las tribus nativoamericanas durante tres siglos completos. Su explicación pasa por englobar las diferentes poblaciones como si fueran una sola cultura unificada y tirar de distintos clichés que hizo que sus fans se preguntaran cuánto tiempo había invertido en documentarse sobre la historia del continente previa a la colonización británica. Además, algunos consideraron ofensiva su apropiación de términos nativoamericanos como los "skinwalkers", procedentes de la cultura navaja.

En 2007, insistió en que la homosexualidad no es un problema entre los magos: “lo que más les importa es el estatus de sangre. Creo que si eres gay, pero de sangre limpia, no recibirías ninguna crítica por parte de los Lucius Malfoy del mundo”. Ese mismo año, soltó la bomba definitiva: Albus Dumbledore, el querido director de Hogwarts, siempre fue gay.

Dumbledore es gay, según la autora, pero no hay ni una sola mención a su sexualidad en los libros. Es decir, que un lector que no consuma ningún contenido fuera del canon literario, jamás identificará la supuesta diversidad que introdujo Rowling con este comentario. Ni siquiera aquellos que sigan la saga spin-off que empezó con Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

El joven Albus interpretado por Jude Law estuvo en una relación amorosa con el mago Gellert Grindelwald (Johnny Depp), pero las películas no mostrarán explícitamente su amor. Así lo confirmó en 2018 su director, David Yates: “Dumbledore tuvo una relación muy intensa con Grindelwald cuando eran hombres jóvenes. Se enamoraron de las ideas del otro, y de la ideología y de lo demás". De hecho, en Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald se habla de su relación en términos de “hermandad” y toda connotación romántica queda fuera de plano.

Nunca conozcas a tus ídolos

Lo más irónico de la situación es que gran parte de los fans de la saga de J. K. Rowling pertenecen a grupos vulnerables. El espíritu de Harry Potter logró que muchas personas en riesgo de discriminación y exclusión encontraran en las aventuras del joven mago una figura con la que sentirse identificados. El joven Potter, maltratado por una familia cruel, encuentra refugio en un lugar mágico en que por fin le aprecian por ser quien es. Además, él y su grupo de amigos, casi todos ellos en el bando de los marginados, luchan contra las fuerzas del mal y salen victoriosos.

Harry Potter es una fantasía empoderante para la infancia más discriminada, por lo que no es de extrañar que haya incluso estudios que demuestran que los lectores de Rowling se han convertido en personas mucho más tolerantes y respetuosas hacia los sectores vulnerables de la sociedad. Sin embargo, las acciones de su autora han llevado a un cisma irreparable entre Rowling y los lectores más diversos de Harry Potter.

Jackson Bird escribió un comentado artículo para The New York Times en el que declaraba que la saga Harry Potter le había ayudado a salir del armario como trans, pero que los tuits de la autora eran una decepción:

“Como un fan acérrimo de 'Harry Potter' que, además, resulta que es trans, esto fue como un puñetazo en el estómago.”

Hemos hablado con varios jóvenes trans, también seguidores de la saga, para conocer su opinión sobre los hechos —todos los nombres citados son ficticios—. “Me lo tomé bastante mal”, comenta Karen, “tenía la misma edad que Harry cuando leía los libros y creo que me ayudaron a estar más concienciada con cosas sociales, pero esto… Me enfadé mucho”. Otros fans, como Miguel, aseguran que no importa lo que diga Rowling: “escribió una buena historia y ya está, me quedo con eso. Lo que piense ella ahora me da igual, hay que separar obra y autor”.

Para Logan, que se identifica como genderfluid (género fluido), lo que Rowling ha hecho es “muy peligroso” para la seguridad de las personas trans porque “tiene muchos seguidores y cada vez hay más TERFs y más odio contra nosotres. En España lo vemos cada día”. Una opinión que respalda Amanda, diciendo que “nuestra existencia no se puede poner en duda. Estamos en 2020”.