– Jul 5, 2019, 16:05 (CET)

Lo que nos queda por aprender sobre representación trans en el cine

A pesar de series como Pose, las personas trans no tienen la suficiente representación en cine y televisión.

La representación del colectivo LGTBI+ ha mejorado indiscutiblemente en la última década, sobre todo en televisión y plataformas de streaming. Sin embargo, no todos sus miembros reciben la misma atención por parte de las productoras. Mientras que los hombres gay son los más aceptados socialmente y, por tanto, los que más aparecen, las cifras bajan cuando se trata de lesbianas y se desploman a la hora de buscar personajes bisexuales y trans.

De hecho, el informe anual de GLAAD (Alianza Gay y Lésbica contra la difamación) del pasado año indica que solo seis series estrenadas por alguna plataforma online en 2018 contaban con representación trans, es decir, el 9%. Si hablamos de cine, el dato se reduce a cero. De las 110 películas analizadas en el informe, ninguna contaba con personajes trans. Los pocos papeles trans que tenemos suelen ser secundarios y muchos de ellos obtienen menos de tres minutos en pantalla. Pero no podemos fijarnos solo en los números.

Identidad más allá de lo trans

Cuando hablamos de representación LGTBI+ lo importante es cómo se presentan a los personajes en pantalla. Durante décadas, los personajes trans, y en especial las mujeres, han sido utilizadas como recurso cómico. Las mujeres trans son despojadas de su propia identidad, que se reduce exclusivamente a ser trans, y son leídas como mentirosas y manipuladoras que “engañan” a los hombres al no explicarles su identidad de género desde el primer momento. Porque es muy lógico que una persona comience una conversación hablando sobre sus genitales. Este recurso suele emplearse para reírse del hombre que ha sido “estafado”, pero lo que hace en realidad es humillar a las mujeres trans.

Hay ejemplos de situaciones similares a esta en toda la cultura popular: ha ocurrido en Dos hombres y medio, Ace Venura: Pet Vacation y Bridget Jones, por ejemplo. Lo más grave es que esta representación normaliza el odio y la repulsa contra las mujeres trans. Las agresiones contra las personas trans están protegidas en Estados Unidos por las leyes de “pánico de género” o “pánico trans”, que justifican las reacciones violentas de los atacantes al conocer la identidad de género de la víctima y culpabiliza a estas de sus propia existencia. Hace unos días, Nueva York se ha convertido en el sexto estado del país en retirar esta ley tránsfoba.

Incluso cuando el personaje no aparece en una situación sexual, no suele salir muy bien parado. En el caso de Friends, se hace referencia de forma más o menos recurrente a la madre trans de Chandler, interpretada por Kathleen Turner. Sin embargo, siempre se refieren a ella en masculino, la llaman por su antiguo nombre e incluso la culpan de los problemas de su hijo. Su personaje nunca tiene la oportunidad de evolucionar porque se concibe de nuevo con un alivio cómico.

No más hombres disfrazados

Por suerte, esta representación ha empezado a mejorar. En 2018, Una mujer fantástica, protagonizada por una mujer trans, ganó el Oscar a Mejor película de habla no inglesa. La televisión y las plataformas de streaming son las más inclusivas. El estreno de Pose en 2017 rompió todas las barreras y nos trajo una serie escrita y protagonizada en su mayoría por mujeres trans racializadas. Y no podemos olvidar al personaje de Theo en Las escalofriantes aventuras de Sabrina, que refleja el autodescubrimiento desde la adolescencia.

Estos tres ejemplos tienen algo en común y es que los personajes trans cobran vida gracias a actores trans o de género no binario. Al contrario que en la aclamada La chica danesa (2015) o la serie Transparent (2014), en las que las mujeres trans estaban interpretadas por actores cis, reforzando la creencia de que no son más que “hombres disfrazados”.

En la nueva temporada de Paquita Salas, los Javis hacen un alegato bastante potente al respecto, cuando el personaje de Lidia San José obtiene el papel de un chico trans y la señalan por ello, en alegoría con lo que sucedió con Scarlett Johansson hace unos años. Con esto, los directores han querido dar su punto de vista sobre la situación y enseñar a su público por qué no deberían darse estas situaciones: “Los actores cis pueden hacer de personas trans, siempre y cuando haya un espacio para que los actores trans tengan las mismas oportunidades”, nos ha comentado Javier Calvo.

RTVE

No es la única serie española que ha sentado un precedente en cuanto a la representación trans. Recientemente, la serie de TVE Servir y proteger ha incluido a una mujer trans entre sus filas, la actriz Lara Martorell. Ella da vida a una de las nuevas agentes de policía, que también es trans, y con su personaje pretenden “dar visibilidad a las personas LGTBI en España”. Martorell se ha convertido en la primera mujer trans en asumir un papel principal en una serie de transmisión diaria en nuestro país.

Como bien indicaba Billie Porter en una mesa redonda de The Hollywood Reporter, es muy difícil obtener buenos papeles cuando formas parte del colectivo LGTB+. En su caso, afirmaba que no le dan papeles de hombres gay porque es negro, ni de hombre heterosexual porque es gay, algo que no sucede al revés: “cuando un hombre hetero interpreta un personaje gay todo el mundo quiere darles un premio”. En el plano de los papeles trans sucede exactamente lo mismo. Los hombres cis tienen muchas más oportunidades de conseguir papeles de mujeres trans que al contrario.

Jamie Clayton es conocida por su papel de Nomi en Sense8, la serie de ciencia ficción de las hermanas Wachoswki. En esta entrevista para Netflix, afirma que lo que le falta al cine y la televisión es tener personajes trans protagonistas “que simplemente son trans y su historia no se centra en su transición”. Para ello, es necesario “involucrar a personas trans”, no solo como actrices, sino también en los equipos creativos y de producción. Al final del día, ese es el verdadero objetivo: que las personas trans tengan las mismas oportunidades.