Todos los seres humanos deberíamos dormir entre 7 y 8 horas diarias y no menos de 6 ni más de 10 u 11. Reservar un tiempo adecuado al sueño es esencial para tener una buena salud; ya que se ha comprobado que ayuda a mantener un buen estado de ánimo y a prevenir enfermedades tales como los trastornos cardiovasculares o la diabetes. Incluso hay estudios que apuntan a que una buena siesta puede mejorar el aprendizaje o fortalecer el sistema inmunitario.

Sin embargo, algunas personas simplemente necesitan dormir bien porque si no lo hacen al día siguiente no se aguantan ni ellas mismas. Hay quien puede pasar una noche entera en vela y después irse a trabajar, con sueño, pero feliz y simpático. Otros, en cambio, se convierten en verdaderos ogros, esparciendo mal humor allá por donde vayan. ¿A qué se debe esta diferencia tan grande entre unos individuos y otros? Esta pregunta nos la hemos muchas personas en nuestras vidas, como también se la hizo un grupo de científicos de la Universidad de Arizona, antes de realizar un estudio, publicado recientemente en Neuroimage, en el que se señala la zona del sistema nervioso que parece estar detrás de tal dualidad: la materia blanca.

Cosa de compacidad

Para la realización de este estudio sus autores examinaron tres redes concretas, conocidas como red neuronal por defecto, red de función ejecutiva y red de relevancia. Se cree que la primera está relacionada con el sueño y que es la que puede ayudarnos a consolidar recuerdos mientras dormimos. En cambio, la segunda está orientada a la acción, separando las ideas útiles de las que no lo son, y la tercera es la encargada de integrar los estímulos emocionales y sensoriales.

Investigaciones anteriores consideran que la interconexión entre las tres puede afectar a diferentes trastornos psiquiátricos y neurológicos, así como intervenir en procesos mentales como la creatividad y, por supuesto, el sueño.

A su vez, las neuronas que intervienen en todas ellas componen los dos tipos de materia cerebral: la gris y la blanca. La primera consta de somas y cuerpos neuronales, sin vainas de mielina, cuya función principal es el procesamiento de la información. La blanca, en cambio, está compuesta por fibras nerviosas mielinizadas, formadas principalmente por los axones (las “colas”) de la neurona.

Los científicos detrás de este trabajo querían saber cómo se comportaban todas estas estructuras cuando una persona es privada del sueño. Por eso, reclutaron a 45 individuos, que fueron sometidos tanto a un escáner cerebral por resonancia magnética como a otra técnica más especializada, llamada imagen por tensor de difusión. Concretamente, esta se encarga de analizar el movimiento de las moléculas de agua en el interior de las fibras nerviosas, para obtener una imagen vívida y en color del recorrido de estas en la materia blanca.

En primer lugar se les sometió a ambas pruebas después de una noche de descanso y se les citó unos días después. En esta segunda ocasión se les mantuvo toda la noche en vela y, además, se les hizo responder, mientras se observaban los cambios en su cerebro, una serie de preguntas sobre su estado de ánimo cada hora, desde las 19:15 hasta las 11:15 de la mañana siguiente. De por sí no es agradable que no te dejen descansar, pero resulta aún peor que cada sesenta minutos te pregunten qué tal te encuentras. Aun así, no todos respondieron de mal humor, como cabía esperar. Faltaba comprobar si había un patrón cerebral que diferenciara a uno de otros. Y, efectivamente, lo había. Concretamente, se trataba de la compacidad de la materia blanca, ya que aquellos que tenían dichas fibras más compactas respondieron con más positividad a la privación del sueño que el resto. En cambio, el estado de la materia gris no parecía influir en el ánimo.

A pesar de estos resultados tan esclarecedores, los autores del estudio han advertido que se necesita mucha más investigación para saber con certeza cómo puede la pérdida de sueño afectar al humor de un individuo. Al menos, parece haber una cosa clara y es que si por las mañanas odias al mundo hasta el tercer café, posiblemente te falte compacidad en tu materia blanca. No es grave, pero intenta ser amable.