– Oct 10, 2019, 10:01 (CET)

‘Joker’: ¿obra maestra o alegato incel?

La interpretación que Todd Phillips hace del villano de DC en Joker es, cuanto menos, polémica, pero ¿lo convierte realmente en un héroe incel? Analizamos la posible influencia de la película a la hora de provocar actos armados en la vida real.

¡Cuidado! Este artículo contiene spoilers de Joker

Joker ha aterrizado en su primer fin de semana en los cines como uno de los grandes éxitos de la temporada. En España, se ha convertido en la película de DC en lograr la mayor recaudación en su estreno, por encima de El caballero Oscuro: La leyenda renace. Esta situación podría haberse torcido por culpa de la polémica que ha rodeado a la cinta desde hace meses. En el mismo momento en que se supo que Todd Phillips (Resacón en las Vegas) estaba preparando una historia de origen para el Príncipe del Crimen de Gotham, las teorías, comentarios y opiniones han desbordado el flujo mediático.

Tras su proyección en el Festival de Cine de Venecia, esta tendencia solo ha ido en aumento. Las primeras críticas de la películas se debatían entre la alabanza y el reproche, con algunas duras opiniones que describían el filme como un alegato incel, ¿pero estaban justificadas estas afirmaciones? A continuación, lo analizamos con algunos spoilers importantes sobre la película. Te recomendamos que no sigas leyendo si aún no la has visto.

La historia de los orígenes del Joker ha tenido múltiples versiones a lo largo de las décadas, cada cual más siniestra. El acercamiento de Phillips al personaje ha tomado un enfoque bastante más patológico, al tiempo que humanizante. Antes de desatar la violencia caótica que todos conocemos, Arthur Fleck es un hombre marginado por la sociedad, que vive con su madre en una Gotham decadente. Sufre de una enfermedad mental que le provoca risas incontroladas en los momentos más inoportunos, así como alucinaciones y un potente ego narcisista.

Empoderado por la violencia

A medida que la vida le va arrebatando sus únicos puntos de estabilidad —su trabajo, su medicación, su ídolo televisivo (Robert de Niro)—, la frustración de Arthur va aumentando hasta llegar a un punto álgido: el asesinato a tres hombres en el tren. Este acto de violencia, en el que se ensaña, lo saca del estupor constante en el que vivía hasta el momento y se siente, por fin, menos patético. A partir de ese momento, hay un cambio en su actitud: se vuelve más atrevido y seguro de sí mismo, está ebrio de poder.

Al fin y al cabo, durante toda su vida se ha sentido un cero a la izquierda. Ignorado por el sistema y vapuleado por la sociedad, Arthur siente que nadie le comprende. Solo el peso de la pistola en sus manos alivia ese vacío interior. ¿No suena esto acaso como una romantización de los “lobos solitarios” que provocan tiroteos masivos día sí y día también en Estados Unidos? Arthur cierra la película con un comentario matador. Cuando le preguntan por qué hizo lo que hizo responde: “no lo entenderías”. Sigue siendo un sujeto incomprendido, pero ahora la violencia lo ha empoderado.

Warner Bros. Pictures

Lo que quizá nos parezca lejano en España, es el pan de cada día en el país norteamericano, que ha vivido las recientes tragedias de El Paso y Dayton con gran aflicción. Es por esto que muchas voces se han alzado para advertir de las consecuencias que podría tener una historia como la de Arthur Fleck en las mentes de quienes se sientan inclinados a este tipo de ataques violentos.

No sería la primera vez que una película incita a un acto de violencia en la vida real. En 1981, John Hinckley Jr. atentó contra la vida del entonces presidente de EE.UU., Ronald Reagan. Ante la policía, declaró que había actuado movido por la inspiración que le había supuesto Taxi Driver y, sobre todo, su protagonista, con el que se identificaba profundamente. El propio Joker fue el rostro del terror para los espectadores de una sala de cine del condado de Aurora, en Colorado, donde un tirador solitario acabó con las vidas de doce personas durante la proyección de El caballero oscuro: la leyenda renace.

Estos y otros casos de violencia armada, sobre todo en Estados Unidos, han levantado la alarma contra la película protagonizada por Joaquin Phoenix, pero ¿están sus miedos justificados? Joker nos propone una figura que se llena de poder gracias a la violencia, pero el mensaje final no tiene por qué guiarnos hacia una plena justificación de sus actos. De hecho, la cinta es más similar a un cuadro, una descripción de una situación muy concreta y cómo podría explotar una revolución en una sociedad tensa.

El asesinato triple de Arthur se convierte en un símbolo local en Gotham, la chispa que termina por prender un ambiente de descontento social previo. Sus actos abocan a una serie de revueltas sociales contra los estratos más altos de la sociedad, lo que no hace más que engordar el ego del protagonista. En el final, Arthur se convierte en el héroe de las clases bajas de Gotham, un símbolo que recuerda a las escenas finales de V de Vendetta y que ensalzan la violencia como medio para conseguir unos fines concretos.

¿Es el Joker un héroe incel?

Algunos medios internacionales han tildado a esta película de servir a las ideas incel. Esto es, un grupo formado mayoritariamente por hombres heterosexuales que culpan a las mujeres y al feminismo de su falta de vida sentimental. De ahí proviene su nombre, “involuntary celibates” o célibes involuntarios. Este movimiento, que comenzó como una red de apoyo entre hombres que no tenían muchas habilidades sociales a la hora de ligar, se ha convertido en una comunidad cerrada y hostil.

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La preocupación que expresan críticas como la de Times deriva de esta hostilidad. En los últimos años, se han dado algunos ataques armados a manos de autoproclamados incel, desde un tiroteo en la Universidad de California en 2014 hasta un atropello masivo en Toronto el año pasado.

Ahora bien, ¿tiene esto algo que ver con Joker? La respuesta no es sencilla. El personaje de Joaquin Phoenix desde luego no tiene una vida romántica muy activa, y sus obsesiones y alucinaciones, producto de la enfermedad mental, no ayudan a mejorar la situación. De hecho, durante la película crea una fantasía en la que tiene una relación sentimental con su vecina, y tarda algunas semanas —y una escena perturbadora en la que se cuela en su casa— en reconectar con la realidad.

Lo que más lo conecta con las ideas incel, sin embargo, es el monólogo final que pronuncia en el programa de televisión de Murray Franklin (Robert de Niro), en el que culpa a la sociedad de sus actos de violencia. Algo así como un “¿veis lo que me habéis hecho hacer?” De este modo, se descarga de cualquier tipo de responsabilidad sobre sus acciones y, además, sitúa un enemigo común: la sociedad. Un enemigo tan genérico que está vacío de significado. Ideologías muy diferentes pueden hablar de la sociedad como enemigo refiriéndose a aspectos completamente opuestos.

Esa facilidad para estar de acuerdo o sentirnos identificados con el personaje en un primer momento —al fin y al cabo, ¿quién no se ha sentido desplazado alguna vez?— es donde encontramos la hoja más afilada de esta película. Mientras que algunos espectadores la analizarán con ojo crítico y sabrán separar al personaje ficticio de la realidad, es más que posible que otro tipo de espectador más sensible entienda en su mensaje una búsqueda de la lucha social. Por ello se dice que Joker corre el riesgo de convertirse en una suerte de “héroe de los marginados”.

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Un recipiente vacío de significado

Si las consecuencias de Joker es un tema de conversación tan debatido es porque se trata de una película con mensaje ambiguo, que se presta a la interpretación individual. Como hemos analizado, los elementos que la sitúan como incel-friendly o incitadora de la violencia están ahí, pero también hay un discurso contrario. Lo vemos explicitado en las respuestas que le da Murray a Arthur durante el programa y en el caos que se desata después de que Joker acabe con él de un disparo en directo.

Por tanto, aunque las ideas personales de Todd Phillips vayan en contra de la denominada cultura “woke”, la película, por sí misma, no tiene un mensaje claro. Es más bien la descripción de una situación muy compleja, una historia de violencia, locura, desigualdad y caos; pero una historia, al fin y al cabo. En este caso, la responsabilidad recae directamente sobre la audiencia, que deberá decidir qué es lo que le están contando y cómo lo quiere interpretar.

Por supuesto, esta polémica ha servido para poner Joker por delante de cualquier otro tema de debate y engrosar sus beneficios en taquilla. Si la expectación por la película ya era importante hace meses, gracias a la conversación que se ha generado a su alrededor, esa expectativa no ha hecho más que aumentar. Sin duda, Joker será una de las películas más comentadas del año, si no la que más.