Por más de un siglo los científicos han estudiado la relación entre el sueño y la función cognitiva. Estos esfuerzos han demostrado que un mejor sueño está asociado con una miríada de funciones cognitivas superiores, incluido un mejor aprendizaje y memoria.

Se cree que el sueño juega un papel crucial y específico en la consolidación de la memoria. A pesar de que los mecanismos exactos que subyacen a esta relación aún se desconocen, la comprensión general es que las conexiones sinápticas específicas que estuvieron activas durante los períodos de vigilia se fortalecen durante el sueño, lo que permite la consolidación de la memoria.

Siguiendo hábitos de sueño

Pero, más allá de los efectos del sueño sobre la consolidación de la memoria, cantidades insuficientes de sueño se han relacionado con la falta de atención y concentración, ya que no solo aumenta la fatiga y la somnolencia, sino que también empeora el rendimiento cognitivo. De estas observaciones se puede afirmar que, en general, el sueño está asociado con el rendimiento académico.

A fin de explorar cómo el sueño afecta el rendimiento académico de los estudiantes universitarios, un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) rastreó el sueño de 100 estudiantes de ingeniería durante todo un semestre utilizando un monitor de actividad portátil.

Los datos del seguimiento revelaron que parece haber un cierto límite para la hora de acostarse, de modo que irse a la cama más tarde da como resultado un peor rendimiento, incluso si la cantidad total de sueño es la misma.

Por ejemplo, los estudiantes que se fueron a la cama después de un tiempo límite en particular, que aunque variaba de una persona a otra, para estos estudiantes solía ser las 2 a.m., tendían a rendir menos en sus exámenes sin importar cuánto sueño total terminaban durmiendo.

No solo la cantidad, también la calidad

El estudio no reveló ninguna mejora en las calificaciones para aquellos estudiantes que se aseguraron de dormir bien la noche anterior a una prueba. Como explica el investigador Jeffrey C. Grossman, catedrático en el Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales del MIT y coautor del estudio:

“Según los datos, la noche anterior no importa. Hemos escuchado la frase ‘duerme bien, mañana tienes un gran día’. Resulta que esto no se correlaciona en absoluto con el rendimiento de la prueba. En cambio, lo que más importa es el sueño que se obtiene durante los días en que se produce el aprendizaje”.

No solo la cantidad de sueño importó, también la calidad. Por ejemplo, aquellos que obtuvieron cantidades relativamente constantes de sueño cada noche, obtuvieron mejores resultados que los estudiantes que tuvieron mayores variaciones de una noche a la siguiente, incluso si terminaron durmiendo la misma cantidad.

La investigación también encontró una diferencia de género al evidenciar que las mujeres tienden a tener mejores hábitos de sueño que los hombres, una observación que podría explicar, al menos en parte, el motivo por el cual las mujeres que participaron en el estudio lograron mejores calificaciones.

Referencia: Sleep quality, duration, and consistency are associated with better academic performance in college students. Science of Learning, 2019.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy