Existen en el mundo un total de 71 países en los que las relaciones sexuales entre personas de igual sexo permanecen criminalizadas. En 13 de ellos, incluso, se mantiene en vigor la pena de muerte ante de una forma u otra -algunos en todo el país, otros solo en algunas regiones y en dos de ellos los encargados de la pena de muerte no pertenecen a ninguna entidad gubernamental–. La burbuja de occidente, a veces pinchada por opiniones negacionistas, encuentra su talón de Aquiles fuera de las fronteras –y, a veces, también dentro–.

En este sentido, y aunque vaya acompañado por una medida comercial, Tinder ha implantado una nueva funcionalidad para los miembros de la comunidad LGTBI+. Travel Alert está diseñada para proteger e informar a los usuarios que estén identificados bajo este colectivo. Si la aplicación detecta que es activada en un país diferente al de origen se informará de la situación y los peligros potenciales para su seguridad. Serán ellos mismos quienes, tras saber los peligros del país en cuestión, decidan si mantienen su perfil oculto en dicho lugar para evitar rastreos o permiten a Tinder que les conecte con otras personas.

El hecho de que a nivel político la cuestión esté legalizada, la realidad es que algunos colectivos de la sociedad se mantienen impermeables. Solo en Barcelona, y según L'Observatori Contra l'Homofòbia (OCH), en lo que llevamos de 2019 se han registrado un 30% más de agresiones a personas LGTBI+ respecto al año pasado; curiosamente de personas relativamente jóvenes. Precisamente un año en el que la crispación política, el resurgimiento de opiniones contrarias al colectivo con propuestas legislativas restrictivas y de la celebración de los 50 años del Stonewall han puesto de manifiesto que los cambios aún tienen mucho camino por delante.

Mauritania, Sudán del Sur o el conjunto de los países de Oriente Próximo forman parte de ese punto negro para el colectivo LGTBI+. Otra gran parte del resto de África, por su lado, criminaliza la práctica. En el caso de Lituania y Rusia peca por una persecución velada a través de la propaganda antigay. Asia y algunas regiones de América Latina cuentan con una legislación que no penaliza –cuestión que no quiere decir que este sea plenamente aceptado, puesto que China e India entran en este grupo–. Argentina, Brasil, Canadá, Australia y prácticamente toda Europa cuentan con uniones civiles y matrimonios plenamente legalizados.

Sin embargo, cita el último informe de ILGA World para 2019 –asociación colaboradora de Tinder en la elaboración de la herramienta–, "estos "últimos años han sido complicados y conforman tiempos difíciles" para el colectivo. De hecho, para el diseño de las alertas en la aplicación se ha recurrido al análisis de la organización, el cual tiene en cuenta la situación política y social de cada país desde las protecciones en la constitución, leyes y penas, protección, crímenes de odio o incitación entre otros.

¿Tiene sentido un sistema como este en 2019? La realidad es que para Tinder, y especialmente para las organizaciones que defienden los derechos del colectivo, este sistema nunca ha sido tan necesario. "Las victorias parecen venir intercaladas con ataques abyectos y ya parece no ser importante detenerse a discernir si se trata de una 'contrarreacción violenta' como resultado de un cambio cultural, o si acaso es simplemente una continuación de los 'tiempos difíciles que siempre han existido'", analizan en el informe. El surgimiento de políticas xenófobas internacionales o nacionalismos no han ayudado a mejorar las políticas de aceptación y apoyo para las personas; de hecho, el resultado ha sido un aumento del discurso del odio y la reacción violenta. En los dos últimos años se ha denotado una intensificación del discurso negativo. En los países con leyes sancionadoras se ha intensificado la violencia y la represión. En Brasil, y de forma paralela Estados Unidos, con uniones legales, se ha instalado el discurso homófobo.