No, lo más natural no es necesariamente más sano. ¡Cuántas veces habremos escuchado y leído esta frase! Sin embargo, sigue habiendo muchas personas que hacen oídos sordos a su mensaje y mantienen que para estar sano y fuerte lo mejor es seguir una alimentación similar a la de nuestros antepasados, esos que vivían y trabajaban respirando el aire limpio del campo y se alimentaban de lo que daba la tierra. Muchas de esas personas han llegado a alcanzar edades muy elevadas y por supuesto que el ejercicio físico y la dieta mediterránea pueden tener mucho que ver en ella. Pero no todos sus hábitos eran saludables. Ellos no sabían que la leche cruda podía causar enfermedades. O sí lo sabían, pero tenían complicado el acceso a la pasteurizada. Nosotros, en cambio, sabemos cuáles pueden ser las consecuencias y podemos acceder fácilmente a las leches de venta en supermercados, a un precio económico y con todas las normas de seguridad alimentaria en regla.

Pero el ser humano es ese animal que tropieza dos, tres y hasta cuatro veces con la misma piedra y que no tiene problemas con retroceder a los errores del pasado, aun sabiendo que en la actualidad podrían provocarnos problemas de salud. En España se generó el año pasado un gran revuelo, después de que la Generalitat de Catalunya aprobara un decreto que admitía la venta directa de leche cruda en la comunidad. Fueron muchos los expertos que alertaron sobre las enfermedades que puede provocar el consumo de productos lácteos sin pasteurizar. Sin embargo, a algunos consumidores les parecía un peligro poco probable. Ahora un reciente anuncio del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos demuestra que no se trataba de avisos en vano, pues en dicho país hay ya 19 estados en alerta por la aparición de un gran número de casos de brucelosis.

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El peligro de lo natural

El consumo de leche cruda, recién ordeñada, puede suponer la infección por parte de microorganismos patógenos, como Campylobacter, Escherichia coli, Listeria o Brucella. Todos ellos pueden causar intoxicaciones alimentarias, que se vuelven muy peligrosas, o incluso mortales, en grupos de riesgo como los niños, los ancianos, las embarazadas o las personas inmunodeprimidas. Es cierto que el mantenimiento de medidas adecuadas de higiene y hábitos como hervir la leche pueden reducir las posibilidades de infección, pero solo la pasteurización está capacitada para acabar con los patógenos, sin afectar a las propiedades organolépticas del producto.

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Sin embargo, muchas personas siguen siendo reacias a consumir el producto tratado y alegan que en el pasado se tomaba frecuentemente la leche cruda y casi nadie enfermaba. Lo que muchos no saben es que se daban numerosos casos de enfermedades como la brucelosis, también conocida como fiebres de Malta, pero que a menudo los afectados eran los vendedores de la leche, por lo que mantenían en secreto la infección para no perder compradores.

Hoy en día, en España, está prohibida la venta de leche cruda por parte del productor al consumidor final o a establecimientos locales de venta al por menor, según el Real Decreto 640/2006. En Estados Unidos esta venta está menos regulada y por eso no es extraño lo que está ocurriendo en los últimos meses. Todo empezó a finales de 2018, cuando una mujer de Nueva York enfermó de brucelosis después de comprar leche sin tratar en una granja ecológica de Miller, en Pensilvania. El producto en cuestión contenía la cepa de la bacteria *Brucella RB51, que es resistente a todos los antibióticos de primera línea y además es difícil de diagnosticar, por provocar síntomas similares a los de una gripe. La noticia ha llevado a que las autoridades competentes de la CDC rastreen la venta de esta leche, localizándola en un tercio de los estados del país, donde también han caído varias personas enfermas. Estados Unidos es uno de los países que más están sufriendo las consecuencias del consumo de leche cruda. Tanto, que ha sido necesario que la FDA (Food and Drug Administration) emita en su página web un comunicado en el que se aclara que los productos pasteurizados no causan ninguna alergia ni intolerancia, como defienden algunos de los detractores de su consumo.

Además, aproximadamente la mitad de los estados de Estados Unidos han terminado optando por prohibir la venta de leche cruda. Y es que, según advierte también la CDC, entre 2007 y 2012 el promedio anual de brotes de enfermedades generadas por el consumo de estos productos fue cuatro veces mayor que en los trece años anteriores. Se dio uno especialmente grave en 2010, cuando 30 personas de Colorado tuvieron que ser hospitalizadas después de consumir leche cruda de cabra.

En Europa no los brotes son más escasos, pero también son dignos de mencionar. De hecho, según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, entre 2007 y 2013 se registraron 27 brotes de diferentes enfermedades, derivadas del consumo de leche cruda.

La ciencia y las nuevas tecnologías han logrado salvar millones de vidas, gracias al desarrollo de inventos como las vacunas, los antibióticos o la pasteurización. Ahora, muchas vidas se pierden a causa de personas que rechazan vacunar a sus hijos, usan de forma incorrecta los antibióticos o dejan de lado la leche pasteurizada, por miedo a que pueda causar enfermedades injustificadas. A veces tropezamos con la misma piedra, otras caminamos hacia atrás. En cualquier caso, todo esto es algo en lo que vale la pena reflexionar.

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