Los océanos absorben aproximadamente el 93% del desequilibrio energético generado en la Tierra, de ahí que se les considere un indicador magnífico de la evolución del cambio climático. Por eso, en la actualidad se utilizan herramientas que permiten medir exhaustivamente la temperatura y otros parámetros importantes en sus aguas, a la vez que se realizan reconstrucciones que permiten calcular cuál era su estado antes de que comenzaran a realizarse estas mediciones.

Entre los científicos encargados de analizar estos datos, se encuentra el equipo del doctor Lijing Cheng, del Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias. Sus resultados más recientes han sido publicados hoy en Science y arrojan información muy preocupante, que inciden en la importancia de seguir a rajatabla el Acuerdo de París, ya que se concluye que el calentamiento está siendo mucho más rápido de lo previsto y podría serlo aún más si no se hace nada por evitarlo.

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Flotadores surcando los mares

En el pasado, la forma más extendida de calcular la temperatura del agua de los océanos era extraer un cubo de ella y medirla en la cubierta de los barcos, con ayuda de un termómetro. Más tarde, las embarcaciones incorporaban mecanismos que permitían medirlas directamente, después de que pasara por la sala de máquinas. Esto era mucho más sencillo, pero no del todo fiable, ya que en el trayecto se calentaba, dando lugar a resultados falseados. Más tarde comenzaron a usarse boyas, pero el verdadero gran avance llegó en el año 2000, con la incorporación del sistema Argo, una red de flotadores dotados de sensores capaces de medir parámetros como la temperatura o la salinidad del agua. Se extienden por los océanos de todo el mundo y su número es cada vez mayor, con el despliegue de unos 800 por año. Aparte de todo esto, existen herramientas que han permitido reconstruir y unificar los datos anteriores a Argo, aproximadamente hasta 1960. De este modo, se consigue calcular aproximadamente cómo ha evolucionado el calentamiento oceánico y si se ha dado algún cambio remarcable en los últimos años.

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Este 2018 ha sido el año en el que los océanos han alcanzado sus temperaturas más elevadas, dejando en segunda posición a 2017, que también había destacado por lo mismo. Es cierto que la mayor temperatura en la superficie se documentó en 2015, pero fue a causa del Niño y este calentamiento superficial se compensaba con el interior, que sí se enfrió ligeramente.

Según estas predicciones, se establece que el calentamiento desde ahora hasta el año 2081-2100 será seis veces mayor que el que se ha dado en los últimos 60 años. Sin embargo, si se siguen a conciencia los puntos del acuerdo de París podría aumentar solo la mitad.

Las consecuencias del calentamiento oceánico

Todo esto no se traduce solo en agua un poco más caliente. Supone consecuencias mucho más preocupantes, como la subida del nivel del mar, la formación de tormentas más duraderas y lluvias más intensas, la disminución de los niveles de oxígeno oceánicos o la destrucción de los arrecifes de coral.

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Queda claro que el calentamiento de los océanos es un malhechor silencioso, que va sembrando destrucción poco a poco, sin apenas “hacer ruido”. Pero la ciencia está desenmascararlo y decidir cuáles son las armas que necesitamos para luchar contra él. La victoria es difícil, pero no imposible.