El desierto de Atacama es un paraje realmente único en el mundo. Está considerado como el desierto más seco del planeta, y con razón, pues pueden pasar varias décadas sin que se registre ningún tipo de precipitación. Esto lo convierte en una región bastante inhóspita para la vida, aunque muchos microorganismos son capaces de adaptarse a las condiciones climáticas extremas que allí reinan y proliferar sin problemas.

¿Pero qué pasa cuando en el lugar más seco del mundo comienza a llover? Esas condiciones extremas de repente dejan de serlo y los organismos adaptados a ello se encuentran ante un entorno en el que su supervivencia es muy complicada. Estas conclusiones pueden extraerse del estudio publicado hoy mismo por un grupo de científicos del Centro de Astrobiología del CSIC, en Nature Scientific Reports.

Cuando la lluvia se convierte en problema

En enero de este mismo año un equipo internacional de investigadores publicaba en PNAS un estudio en el que se analizaban los efectos de la lluvia sobre una región del desierto de Atacama en la que las lluvias a veces se suceden con varias décadas de separación.

En este caso, tras un periodo de lluvias, comprobaron cómo se producía un intenso florecimiento de la población microbiana de la región. La razón, según las conclusiones de los autores, era que muchos de estos microbios habían permanecido en un estado de adormecimiento, hasta que las condiciones se habían vuelto favorables para su proliferación. Entre los autores de aquel estudio se encontraban Daniel Carrizo y Víctor Parro, dos de los científicos españoles que firman este nuevo trabajo publicado hoy. Sin embargo, en este caso las conclusiones son muy diferentes.

Para la realización de este último estudio los investigadores viajaron hasta el corazón del desierto chileno, después de que tuvieran lugar una serie de precipitaciones muy poco habituales en esta región. "Por lo general, cuando más llueve en Chile las precipitaciones se dan al pie de los Andes", explica a Hipertextual Armando Azua-Bustos, primer autor del estudio. "Lo curioso es que en este caso las precipitaciones se dieron más al norte y con motivo de una masa cargada de humedad procedente del océano Pacífico". La procedencia de la lluvia y la intensidad con la que tuvo lugar suponía un fenómeno que no se encuentra en los registros y que, según los cálculos de los expertos, podría darse solo una vez cada cien años. Esto, según cuenta Azua, podría ser un efecto resultante del cambio climático global.

Estas lluvias terminaron formando lagunas saladas sobre la superficie del desierto, muy rica en nitratos, sulfatos y percloratos. Al analizar las condiciones geoquímicas y microbiológicas después de este inesperado fenómeno climatológico, descubrieron que se había producido una gran devastación de las poblaciones microbianas. El motivo de esta debacle, según los autores del estudio, es que eran especies muy adaptadas a la sequedad, por lo que no pudieron soportar el exceso de agua que vino después de las lluvias. Concretamente, según las declaraciones de Azua a este medio, solo cuatro de las dieciseis especies que se encontraban en el terreno antes de las precipitaciones pudieron detectarse después de las lluvias. Esto podría explicar la diferencia con otros estudios, que sí encontraron gran cantidad de vida microbiana después de las precipitaciones, ya que puede haber una alta concentración de microorganismos, pero podrían proceder solo de una o unas pocas especies que sí hayan conseguido adaptarse a cambios bruscos en las condiciones climatológicas, a través de mecanismos como el adormecimiento en periodos poco favorables.

Crédito: Carlos González Silva

Una posible historia para la vida en Marte

“Marte tuvo un primer periodo geológico, el Noéico (hace entre 4.500 y 3.500 millones de años), durante el que albergó mucha agua en su superficie”, cuenta el coautor del estudio Alberto González Fairén en una nota de prensa. Esto se deduce por la presencia en la superficie del planeta de huellas del paso de ríos, lagos y deltas. Este periodo, que coincide con el origen de la vida en la Tierra, fue también idóneo para la existencia de vida marciana. Si alguna vez esta se originó, con alta probabilidad debió ser entonces. Sin embargo, con el tiempo el planeta perdió su atmósfera y su hidrosfera y Marte se convirtió en un entorno árido e inhóspito.

A continuación, durante el conocido como periodo Hespérico (hace entre 3.500 y 3.000 millones de años), grandes volúmenes de agua volvieron a excavar su superficie, en forma de canales. Y es ahí precisamente donde estos investigadores encuentran similitudes con lo descrito en el desierto de Atacama, ya que podría ser que algunos microbios que se hubiesen adaptado a las últimas condiciones de aridez de repente no pudieran hacer frente a la llegada de estas nuevas masas acuosas, desapareciendo y dejando el planeta tal y como lo conocemos hoy.

El desierto de Atacama es uno de los análogos terrestres de Marte más estudiados. De hecho, será el segundo y último campo de pruebas del Rover de la misión ExoMars, que recientemente hacía las primeras comprobaciones sobre el terreno en el desierto almeriense. Por eso, lo ocurrido en este paraje chileno podría ser un buen símil de lo que pasó en el Marte más primitivo. De haber sido así, ¿podría quedar todavía algún rastro de aquella vida? El tiempo y las misiones que están por llegar al planeta rojo lo dirán.