La anhelada segunda entrega de la nueva saga ambientada en el mundo del profético Harry Potter (Daniel Radcliffe), con el título de Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald (David Yates, 2018), no sólo nos ha dejado dándole vueltas a la revelación última sobre la identidad de su personaje de mayor importancia según la escritora y guionista J. K. Rowling, sino que también nos ha sorprendido con la aparición de otro que nos ha resultado completamente inesperada, además de agradable y oportuna debido a los recuerdos que nos devuelve a la memoria sobre las primeras peripecias vividas por el Niño que Sobrevivió con la sabionda Hermione Granger (Emma Watson) y el miedoso Ron Weasley (Rupert Grint) en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

En cierto instante del filme, el magizoólogo Newt Scamander (Eddie Redmayne), la auror Porpentina Goldstein (Katherine Waterston) y el muggle Jacob Kowalski (Dan Fogler) se refugian en la casa parisina de alguien muy especial con un inconsciente Yusuf Kama (William Nadylam), y cuando los dos primeros la abandonan, Jacob conoce al ancianísimo alquimista Nicolás Flamel (Brontis Jodorowsky), muy mencionado durante Harry Potter y la Piedra Filosofal (Chris Columbus, 2001) porque fue el fabricante de la misma y viejo amigo de Albus Dumbledore (Richard Harris entonces, Michael Gambon luego y Jude Law ahora). Flamel es un personaje histórico nacido alrededor de 1330 en la ciudad francesa de Pontoise y muerto en París en marzo de 1418, pero Rowling aprovechó su leyenda para sus libros.

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Warner Bros.

En esta historia, se da por cierto que consiguió el elixir de la vida con la Piedra Filosofal, una poción mágica que alarga la de aquellos que la beben, como Flamel y su esposa Perenelle, a la que conoció en su juventud, cuando asistía a la Academia Mágica Beauxbatons, que se sitúa en los Pirineos franceses. Según los conocimientos de Hermione Granger, fue visto en un teatro en la ópera de París en 1762, con unos 432 años. En la última década del siglo XIX, trabó su amistad con Albus Dumbledore, y en septiembre de 1927, con Newt Scamander y compañía a la tierna edad de 597 años. En los noventa del siglo XX, se trasladó con Perenelle a Reino Unido, estableciéndose en el condado de Devon, al suroeste de Inglaterra. Pero su existencia tranquila acabó por culpa del mago oscuro Lord Voldemort (Ralph Fiennes), antes Tom Ryddle.

Como nos cuentan en Harry Potter y la Piedra Filosofal, trató de apoderarse de la misma en 1992 con la inestimable ayuda de Quirinus Quirrell (Ian Hart), profesor de Defensa contra las Artes Oscuras en Hogwarts, donde el director Dumbledore había accedido a ocultar la valiosa piedra después de un año guardada en el Banco Mágico Gringotts del callejón londinense Diagon. Voldemort carecía de cuerpo porque fue destruido cuando intentó cargarse al bebé Harry y, gracias a la magia ancestral del sacrificio amoroso de su madre, Lily Potter (Geraldine Somerville), la maldición asesina que le había lanzado rebotó sobre sí mismo, lo que no le pudo ocasionar la muerte porque había troceado su alma en siete Horrocruxes. Y pretendía recuperar su forma corpórea con el elixir de la vida, pero Harry y sus amigos se lo impidieron.

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Ante semejante amenaza, Dumbledore y Nicolás Flamel tomaron la decisión de destruir la Piedra Filosofal, lo que le terminaría causando la muerte a Nicolás y a su esposa en algún momento de los años noventa, tal vez a los 665 y 658 años, pues sin ella no podría hacerse con más provisiones del elixir de la vida. Y cuando Dumbledore se lo dice a Harry y este lo considera algo terrible, el director de Hogwarts le responde así: “Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenelle será realmente como irse a la cama después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura”. Pero antes de todo ello y según nos muestra Los crímenes de Grindelwald, Flamel salvó París del fuego maligno azul que había arrojado el hechicero oscuro para destruirla, con un enorme encantamiento general contrahechizos salido de las varitas de los magos benignos presentes según sus instrucciones. Así que, gracias a Nicolás Flamel, siempre les quedará París.