Uno de los universos literarios de mayor éxito e influencia de las décadas últimas es, obviamente, el que la británica Joanne Kathleen Rowling ha creado en torno al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, sus alumnos y profesores y la sociedad brujeril en la que se inserta, con siete libros de la saga publicados más otros cinco como complemento y nueve películas triunfantes en las que han sido adaptados hasta la fecha, con más por venir. De modo que no nos debe extrañar lo más mínimo que aún se le den vueltas a cuestiones de este universo y que también surgan noticias de vez en cuando sobre el mismo. Hace poco, por ejemplo, la escritora ha tenido a bien confirmar una de las teorías de sus lectores relacionada con la cuarta novela sobre el Niño que Sobrevivió: Harry Potter y el Cáliz de Fuego, publicada en julio del año 2000, dieciocho años atrás.

Hace dos días, una usuaria de Twitter hindú, la abogada Atulaa, mencionó a Rowling al exponer una teoría sobre el motivo por el que decidió incluir cierto detalle en la novela: Hermione Granger corrige a Viktor Krum, el estudiante ruso del Colegio de Durmstrang que la pretende, para que pronuncie bien su nombre, y le explica que no es “Her-my-own” ni “Her-mo-NIN-ny” sino “Her-my-OH-nee”. Y Atulaa supuso que la escritora lo había hecho porque sabía a ciencia cierta que los seguidores de las aventuras de Potter y sus amigos lo decían también del modo incorrecto: un guiño simpático con un tirón de orejas para los lectores de parte de Rowling, la cual, ni corta ni perezosa, se lo ha confirmado. Atulaa ha dicho después que su aquiescencia constituye “el mejor momento de su vida”. Exagera bastante, claro. Pero hay que ver qué escritora millonaria más maja es J. K. Rowling.

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