El mundo de los patinetes está empezando a ser inmenso. En España ya existen varias compañías que han abordado la geografía; hacerse con una gran cuota de mercado ante la oleada de estos vehículos de dos ruedas es, cuanto menos, necesario.

Lime fue el primero en aterriza en Madrid y Valencia; con un poco más de suerte en la capital del país que en la zona levantina, la compañía financiada en parte por Uber se ha posicionado como una de las más populares. De hecho, la propia Uber ya anunció su intención de crear una filial propia con patinetes de fabricación suya de aquí a un tiempo. Pero no es la única. Wind, que intentó conquistar Barcelona -finalmente el Consistorio no dio su visto bueno a la actividad de la compañía- también se ha instalado en Madrid. Bbuho o UFO, versiones españolas del negocio también han anunciado sus intenciones de poner en marcha sus propios patinetes. Koko, Bird y Voi también están ya trabajando en las calles de la capital.

Ante la llegada masiva de compañías de patinetes a las ciudades de España, prácticamente la totalidad de los Ayuntamientos han tenido que actualizar sus normativas de movilidad. Madrid ha sido una de las primeras en dar luz verde al texto aceptando el cambio en sus líneas. Un texto que prometía ser restrictivo finalmente se rindió a la moda de estos vehículos; de hecho, este mismo viernes, el Ayuntamiento de Madrid se reunirá con 12 compañías (tanto las que operan como las que no). Zaragoza, Valencia o Barcelona también preparan nuevas versiones que verán la luz de aquí a un tiempo. Mientras, la DGT también ha anunciado cambios en lo que a patinetes se refiere. Pere Navarro, director general de la Dirección General de Tráfico, ya ha anunciado que se creará una normativa homogénea para todo el país con el objetivo de ofrecer una cobertura jurídica común y que reconozca al patinete como vehículo.

La solución rusa

Si bien es cierto que las nuevas regulaciones han resuelto uno de los mayores problemas de los patinetes en las ciudades, el que atañe a las normas de circulación de los mismos y los lugares de permiso para transitar, no cambia una cuestión importante: la de aparcar el patinete. Al igual que ocurre con las diferentes compañías de motos eléctricas, la saturación de las calles podría llegar en no mucho tiempo. Se añade la cuestión de los robos de patinetes y el creciente número de unidades estropeadas que aparecen por las calles de las capitales. Sin olvidar la cuestión de los encargados de cargar los vehículos; hasta la fecha, y basados en un sistema de recompensas, los asociados recogían patinetes para cargarlos en casa y luego volver a soltarlos en la calle. En cierto modo, y si aumentan el número de compañías ofertantes, esto puede llegar a ser un gran problema.

En el marco del Open Innovation 2018 celebrado en Skolkovo la ciudad de la innovación de Moscú, una compañía del país ya ha aportado una solución a esta situación que ya está poniendo en marcha en las calles de la capital rusa y que está empezando a expandir en Europa; con España, explica su fundador Vasilii Bykov, ya están en conversaciones con algunos Ayuntamientos para empezar a operar de aquí a un tiempo. Concretamente con el de Madrid y Barcelona.

Samocat ha ideado un sistema de carga y anclaje que se instalaría en las calles de la ciudad. Creada en 2015 con modelos de patinetes mecánicos, fue en 2017 cuando entraron de lleno en el mundo de los sistemas eléctricos con esa solución añadida. De esta manera, los patinetes no tendrían que ser recogidos y la cuestión de la seguridad de los mismos queda solucionada. Un formato parecido a las estaciones de bicis empleadas por BiciMAD o Valenbisi, pero con modelos de patinetes eléctricos plegados. Añaden, además, una mejora a los sistemas de circulación, explica Bykov: "En muchas ocasiones, las ruedas de los patinetes se pueden sentir inestables ante la lluvia y la nieve, por lo que hemos creado modelos que soportan las diferentes condiciones del pavimento".

La idea, además, elimina una de las mayores barreras de uso de los patinetes. Al prescindir de los operarios de carga colectivos, los costes se reducen considerablemente, por lo que el euro de activación quedaría anulado pagando solo por el tiempo real de uso.