Sería absurdo pensar que, habiendo convivido durante bastante tiempo y siendo especies prácticamente indiferenciables, los Neandertales y los seres humanos no hubiesen tenido relaciones sexuales entre ellos. De hecho, es algo que está más que demostrado, por el 2% de genes que compartimos con los Neandertales los humanos actuales. Se sabe que a ellos les debemos buena parte de lo que somos, tanto para lo bueno como para lo malo. Por ejemplo, heredamos de ellos algunos genes implicados en el color del pelo y la piel, pero también son los culpables de que seamos bastante propensos a las adicciones.

Ahora, un nuevo estudio, publicado hoy mismo en Cell por investigadores de la Universidad de Stanford, revela que su relación con ellos puso a nuestros antepasados en contacto con un gran número de virus a los que no se habían expuesto antes. Pero también les dotaron de las armas necesarias para luchar contra ellos. ¡Menos mal!

Modelo veneno-antídoto

Para la realización de este estudio, el biólogo evolutivo de la Universidad de Stanford Dimitri Petrov y su equipo compararon más de 4.500 genes humanos vinculados a la interacción vírica con las bases de datos existentes sobre ADN Neandertal. Encontraron un total de 152 genes presentes en ambos grupos, por lo que se puede suponer que los humanos los heredamos de los Neandertales que tuvieron relaciones con nuestros antepasados, hace aproximadamente 40.000 años.

En base a estos resultados se puede elaborar una historia sobre lo que ocurrió. Cuando los primeros humanos llegaron a Europa y Asia desde África, los Neandertales llevaban allí ya cientos de miles de años, por lo que su sistema inmune había evolucionado para protegerse de los virus infecciosos de aquella zona.

Resultaba más sencillo “tomar prestados” los genes Neandertales que esperar otros cientos de miles de años a que su propio sistema inmune evolucionara, de ahí que estos genes se conservaran cuando las dos especies empezaron a cruzarse y tener descendencia. Esto es lo que los investigadores han calificado como modelo “veneno-antídoto”, ya que los humanos heredamos la enfermedad, pero también las armas para luchar contra ella.

Concretamente, los genes comunes hallados en este estudio se relacionan con virus de ARN. Estos son aquellos cuyo material genético no se compone de ácido desoxirribonucleico (ADN), sino de otra molécula muy similar, el ácido ribonucleico (ARN). Entre estos virus se encuentran el VIH, la hepatitis C o el Influenza A, causante de la gripe.

Estas coincidencias solo se hallaron en humanos actuales europeos, de lo que se deduce que en el caso de los asiáticos, que entraron en contacto con los Neandertales en la misma época, fueron otros virus los que influyeron en el intercambio genético.

Según han declarado en una nota de prensa los investigadores responsables del estudio, este hallazgo permite también conocer qué enfermedades ya desaparecidas afectaron a los primeros humanos, analizando las huellas que dejaron a su genoma preparado para combatirlas. En casi todos los ámbitos de la vida, es importante saber de dónde venimos, para conocer mejor a dónde vamos. Y la ciencia, sin duda, no es una excepción.