El mismo día que Glovo anuncia la llegada de su plataforma a Sant Cugat del Vallès y Rubí, los problemas empiezan a manifestarse en otras de sus regiones de influencia. Según datos de El Confidencial, el gremio de los riders de Zaragoza ha bloqueado la aplicación durante la jornada de trabajo del domingo con el objetivo de protestar por las condiciones laborales que ejerce la tecnológica sobre sus repartidores de última milla.

Como ya hiciesen sus homólogos de Madrid, y operando para Deliveroo, los *riders de la plataforma eligieron uno de los picos de trabajo más elevados para la compañía: la noche del domingo. La realidad es que la condición de autónomos, forma laboral bajo la que trabajan los repartidores de la plataforma, impediría la huelga. Igualmente, su intención es frenar la situación de, según sus vivencias, les obliga a permanecer bajo la fórmula de falso autónomo. Los casi setenta repartidores de Zaragoza consideran que los horarios, señales de identidad corporativa, añadiendo un descenso de sus retribuciones a lo largo de los meses son motivos suficientes como para dar un toque de atención a la compañía.

La situación ya venía avisándose desde hacía meses para Glovo. IAC ya explicaba a Hipertextual que la estrategia de la compañía, financiada con 115 millones de euros más en julio de este año, no tenía mucho sentido. Después de analizar todo lo ocurrido en Deliveroo, empresa que se ha visto en la tesitura de tener que modificar su relación laboral con los riders; algunos de ellos bajo el modelo TRADE y otros como empleados por cuenta ajena por decisión de un juez, los sindicatos no entienden cómo Glovo no tomó medidas antes de que el problema se contagiase. Dicho y hecho: Una vez culminaron las cuestiones legales con Deliveroo, una nueva inspección de trabajo entraba de lleno en la actividad de Glovo. UGT también presentó alegaciones en contra de una de las tecnológicas más apreciadas del panorama emprendedor español.

Para los expertos en materia laboral, los resultados no serán demasiado sorprendentes: los jueces solo tendrían que tomar el ejemplo de Deliveroo para tomar una decisión sobre Glovo. Los patrones que comenzaron dentro de la británica están repitiéndose en la versión española de repartos; una compañía que se mantiene en el punto de mira también por la cuestión de los medicamentos, un negocio que para el gremio de los farmacéuticos era toda una afrenta.

Lo cierto es que, compañías como Deliveroo o Glovo, se enfrentan a un gran dilema interno. Su crecimiento y escalabilidad depende, casi en si totalidad, por la fórmula de empleo que regula a sus riders. A la espera de que surja una nueva fórmula de contratación que se ajuste a sus necesidades, una idea que de momento no se antoja demasiado probable, estas empresas depende de los autónomos. Una prohibición o sanción a las mismas por su ejercicio, acabaría con su modelo de negocio.