Ser productivos es un tópico que genera mucho interés. En primer lugar porque tener esta cualidad puede ser la diferencia entre conservar o perder nuestro trabajo; en segundo lugar porque cuando somos productivos terminamos trabajos o proyectos a un menor costo de tiempo y recursos.

La productividad tiene muchos enemigos a vencer. Simplemente la vida cotidiana y la hiperconectividad nos pone demasiadas tentaciones, trampas o, para sonar más dramáticos, "enemigos" que nos llevan por caminos oscuros y laberínticos y nos alejan no solo de la ansiada productividad sino, y esto es lo peligroso, de nuestros objetivos profesionales.

Existen diversas técnicas de productividad, hay un amplio espectro de ellas, así que con seguridad lograremos encontrar una que se adapte a nuestro tipo de trabajo, a nuestros objetivos de productividad y nuestro momento, porque no es lo mismo alguien que ha conquistado la clave de los hábitos a alguien que tiene arraigado los peores y no sabe por donde empezar.

En fin, lo más importante en cuanto a lo productivos o no que podemos ser es el compromiso y evitar al enemigo número uno de la productividad: las interrupciones. ¿Qué no era la procrastinación? Bueno, sí, es verdad, lo que sucede es que sabemos bien que revisar las redes sociales durante el día, hablar por chat y tener activadas todas las notificaciones de todas las apps que utilizamos son un problema en sí y que, efectivamente, drenan hasta la última gota de productividad. ¿Pero qué pasa si no hemos identificado al verdadero enemigo? Seguiremos fallando una y otra vez con nuestra mejor técnica y todo.

Las interrupciones pueden ser tan sencillas como pararnos a por un café, por agua, ir al baño (de nuevo), recibir una llamada, escoger una playlist que de pronto se nos ocurrió escuchar, recibir una llamada del jefe, el compañero, o bien el mensajero viene a dejar algo, y así todos las interrupciones reales y hasta normales que pueden suceder en cualquier trabajo. ¿Cuál es el peligro de esto y por qué es importante? (¿No estaremos exagerando?)

Una de las trampas más sorprendentes de nuestro cerebro es que parece que es multitarea. En resumidas cuentas: no lo somos. Lo que pasa es que el cerebro es tan maravilloso que "cree" que puede hacer varias cosas a la vez pues cambia rápidamente su atención. Sin embargo, los resultados de esto dejan mucho que desear, en primer lugar la calidad del trabajo hecho en estas condiciones es inferior y te agotas mucho más rápido.

Pero sin duda el peligro de las interrupciones es real y radica en que fulmina de un momento a otro la concentración. Recuérdalo, cuántas veces te ha pasado que estás escribiendo, programando, haciendo cuentas, llenando informes (lo que sea que requiera tu atención, tu pericia y tus conocimientos) y llega alguien a preguntarte si has visto la engrapadora. Esa inocua, aparentemente, pregunta puede echar por la borda toda la concentración y foco que habías alcanzado, esos maravillosos momentos en los que trabajas de verdad (porque sí, en los trabajos se aplica la conocida ley de Pareto), el problema radica en que recuperar ese estado productivo nos llevará al menos 23 minutos.

En varias ocasiones se han estudiado las consecuencias de las interrupciones y básicamente se puede concluir que debemos evitarlas a toda costa (claro, en la medida de nuestras posibilidades). Podemos empezar de diferentes formas como quitar las notificaciones push (nada es tan urgente como nos hemos acostumbrado a creer), limpiar un horario de redes sociales (si es posible dejarlas de lado hasta el final de nuestra jornada laboral). Una técnica muy interesante es la de los Pomodoros, en donde nos avocamos a una sola actividad por un tiempo definido y nos obligamos a tomar descansos cortos; no olvidemos que descansar es la inusitada clave para que nuestra mejor técnica de productividad funcione de verdad.

Así pues, esta es la razón por la que no debemos creernos el cuento de la multitarea y, más que nada, que así avanzaremos más y mejor; y por qué debemos evitar las interrupciones a toda costa. Recuérdalo: cada interrupción nos tomará más de 20 minutos para regresar a la concentración y foco. Es un precio que pocos estamos dispuestos a pagar.