El guion de una película suele cambiarse bastante desde que se escribe la versión primera hasta que culmina la posproducción, y si un proyecto tiene unas dificultades como las del spin-off Han Solo: Una historia de Star Wars, del que se apearon los directores estadounidenses Phil Lord y Christopher Miller (Cloudy with a Chance of Meatballs) a medio rodaje y luego su compatriota Ron Howard (A Beautiful Mind) tomó sus riendas, quién sabe todo lo que pudo ocurrir con el mismo. Eso sí, una de las cosas de las que sí estamos ahora al tanto es la manera en que se pretendía que el contrabandista Han Solo (Alden Ehrenreich) y su inseparable Chewbacca (Joonas Suotamo) se conociesen en un borrador anterior.

En el libro The Art of Solo: A Star Wars Story, publicado por el especialista Phil Szostak en Abrams Books hace unos días, se recogen los bocetos y la explicación del director artístico Aaron McBride, que también fue el responsable de los de Rogue One (Gareth Edwards, 2016) y Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017), sobre la evolución de los diseños según los cambios en la historia. Al principio, Han Solo iba a ser un piloto de la resistencia contra el Imperio del malvado Sheev Palpatine, Darth Sidius, al que se juzga y condena a ser enviado al planeta Mimban, situado en la Región de Expansión, por pifiarla y estamparse penosamente en una nave de la flota de la rebelión contra un hangar. Y allí lucha en la guerra enfrentando al Imperio.

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Lucasfilm

Según cuenta Thomas Bacon en Screen Rant, McBride expone en el libro de Szostak que se había inspirado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial para el esbozo del terrible frente de Mimban, “con sombríos campos de batalla fangosos, árboles quemados y un cielo cubierto de humo”, montones de razas alienígenas en vez de soldados de la Triple Entente humana y, entre ellas, un wookie con el nombre de Chewbacca que se junta allí con Han Solo y, en un momento de peligro mortal, le salva del fuego enemigo y hace que el contrabandista esté en deuda con él y que, quizá, en una secuencia posterior fuese el humano el que rescatara a Chewie, formándose así un robusto vínculo de honor entre ambos.

Pero esta idea del guionista Lawrence Kasdan, coautor de los libretos de El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980), El retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983) y El despertar de la Fuerza (J. J. Abrams, 2015), no cuadraría mucho con la frescura proverbial de Han Solo, y puede que debido a ello optaron por modificarla con muy buen ojo. Y lo que sucede en la batalla de Mimban es que Han, al que la flota del Imperio —no de los rebeldes— degrada a soldado raso por insubordinarse en la academia de pilotos, descubre a unos impostores uniformados como oficiales —Tobias Beckett (Woody Harrelson) y Val (Thandie Newton)— y trata de chantajearlos infructuosamente para huir con ellos del planeta, y lo único que consigue es que le lancen a “una bestia hambrienta.

Dicha bestia ha sido recluida en una fosa de la que resulta difícil salir, su identidad no es otra que la de Chewbacca y no recibe a su nuevo camarada de confinamiento con muy buen ánimo… hasta que el desertor se dirige a él en shyriiwook, el idioma de los wookees, y le propone aliarse para escapar de su encierro, echando abajo la estructura levantada sobre la fosa y cargándose así a los soldados imperiales que la vigilan y que habían echado a Han dentro. Con esta sabia alteración de la historia, Jonathan y Lawrence Kasdan lograron que lo que une a Chewie y a Han Solo nos parezca perfectamente coherente con sus temperamentos y el cómico cinismo que caracteriza su trayectoria como delincuentes: una sincera amistad que se forja en mil y una aventuras a lo largo y ancho de la galaxia.