Se adelantaba en enero de este año por Manel Pujol, director de operaciones de UberEats, "la previsión es que, a lo largo del primer trimestre de 2018, UberEats llegue a Barcelona". Finalmente, ha aterrizado unos meses más tarde de lo esperado. Hoy, 5 de abril y a las 12:00 del medio día, UberEats amplía su actividad y llega a la Ciudad Condal.

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Era, junto al servicio de coches que también ha aprovechado el primer trimestre para estrenarse en la capital catalana, una de las mayores incógnitas de la tecnológica. Justo antes de la restricción de UberPop, fue precisamente Barcelona la región en la que se estrenaron la mayor parte de las opciones de Uber; meses más tarde, y ante la versión legal de la compañía, se eligió Madrid como centro de operaciones. Hubo un conato en 2015 tras la eliminación del transporte compartido con un proyecto piloto de la versión de comida a domicilio; se añadía, además, el objetivo de reconvertir a los conductores de Uber para pasajeros en Barcelona implementando una versión primigenia de la actividad. Lejos de la ilegalidad en la que se había incurrido meses antes y para aprovechar la red de asociados de la compañía. Finalmente, Uber decidió abortar la misión y centrarse en la capital. Hasta ahora.

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Sin pedido mínimo, 150 restaurantes. De lunes a domingo de 12 a 24 horas y durante toda la semana. Una réplica del servicio que ya alcanza 200 ciudades en todo el mundo. Durante el primer mes, el coste de entrega será gratuito, subiendo a los 2,5 euros más adelante para todos los restaurantes asociados.

El problema de los riders sigue vigente

A la espera de que las ciudades sigan creciend, Pujol ya adelantaba que Málaga, Sevilla, Valencia y Zaragoza están en el plan de 2018, la realidad es que la cuestión de los riders o repartidores sigue estando muy presente.

UberEats no ha escapado a la ola de Deliveroo o Glovo. Metidos todos en el mismo saco de las polémicas a los repartidores, ya han sido varias las voces que han apuntado a una intensa revisión de los modelos laborales de los repartidores. Registrados como empleados autónomos, para algunos sindicatos como UGT, esta situación supone una realidad de falsos autónomos o empleados invisibles.

La última queja de los sindicatos ha venido precisamente de una de las integraciones que diferentes plataformas han añadido. Un seguro para los repartidores que, en caso de aceptarse por su parte, les obligaría a pagar por trabajar (2 euros de media). Un sistema que, según los sindicatos, convierte a los riders en clientes burlando así las Inspecciones de Trabajo.