El sector del transporte se presenta bastante alterado en lo que a las próximas semanas se refiere. Pese a que Uber y Cabify se han mantenido en un discreto silencio en las últimas semanas, la realidad es que el sector del taxi ha seguido guerreando hasta la saciedad. El capítulo más reciente ha puesto en primera línea a Miguel Ángel Leal, presidente de FEDETAXI, gremial que ha denunciado a Alsa por uno de sus servicios de coches compartidos bajo licencia VTC.

Asimismo, no habrá que esperar demasiado para seguir con el tema de marras. El próximo 27 de abril, la CNMC -respaldada por compañías de transporte como Uber y Cabify- se verá las caras con Fomento y el taxi. Como elemento central quedará el Real Decreto 1057/2015, actualizado a finales de 2017 por el Gobierno y que, en opinión de la Comisión, incurre en un acto de monopolio por parte del gremio de taxi.

En todo este contexto, ya han sido varias las voces que han analizado la influencia de este tipo de compañías, conocidas como de plataformas, desde una perspectiva legal. El mundo laboral ha tenido tiempo y material suficiente para estudiar uno de los casos más paradigmáticos, en cuanto a encaje laboral, de los últimos años. Compañías como Airbnb, Uber, Deliveroo o Cabify, además de cambiar la psique de la sociedad de una manera que muchas otras empresas hubiesen deseado hace años, ha sido capaz de poner patas arriba gran parte de un sistema laboral plenamente establecido en la economía moderna. La tercera revolución industrial o revolución científico técnica ha heredado algo de sus predecesoras: la capacidad de cambiar algo más que los sistemas productivos. Las métricas a nivel europeo, según el Comité Económico y Social Europeo, confirman que al menos el 17% de los ciudadanos residentes en la Unión Europea hacen uso de alguna de las plataformas digitales de moda en sus diferentes regiones. Ya sea en modo usuario o trabajador. Desde la institución europea entienden que es una demanda creciente que, pese a todo, ha puesto en jaque a todo un modelo social europeo muy diferente al estadounidense. Punto de partida y origen de la mayor parte de las compañías de éxito mundial del momento.

Ignasi Beltran de Heredia Ruiz, profesor de la UOC, en su estudio Economía de las plataformas (platform economy) y contrato de trabajo analiza precisamente estas cuestiones. La primera de ellas pone sobre la mesa el concepto de contrato o empleo atípico: un hecho creciente desde 2015 alentados por los avances tecnológicos. De hecho, el mantenimiento y crecimiento de los niveles de empleo en los diferentes países miembros tiene origen, precisamente, en esas atipicidades laborales.

Foto: Uber

Lo que dicen de la economía de plataformas

Los diferentes analistas laborales llegan a una misma conclusión: la economía de plataformas supone una reducción creciente de los costes laborales asociados a las compañías. Para Anna Ginès, profesora adjunta de ESADE y directora del Instituto de Estudios Laborales, esta reducción de los costes no implica una reducción de los parámetros de control de los empleados. En su opinión, el modelo de contratación crowdsourcing se ha visto implicado en contextos muy diferentes a los de su concepción inicial.

Con un sistema que realiza los procesos de contratación en el momento exacto en el que se produce la demanda del servicio, de ahí su nombre de economía bajo demanda, se está gestando esa "nueva" categoría de trabajador independiente. Con los contras de un empleado autónomo, pero debajo de la normativa de cada una de las compañías para las que operan. Son las propias empresas las que imponen un precio bajo unas condiciones de actividad determinadas. Lo que Beltran entiende como la economía del algoritmo, siendo una programación la que controla la actividad de los empleados desde todo punto y permitiendo una externalización de grandes volúmenes de personal nunca antes vista. Además del nacimiento de un nuevo término, según el profesor de la Universidad de OUC, conocido como el trabajador invisible, el cual prescinde en gran medida de la seguridad y salud laboral.

Se procede, por tanto, a una “descomposición y/o fragmentación inédita del trabajo creativo o intelectual en pequeñas unidades alcanzando un nivel de descentralización productiva nunca antes visto", explica el profesor. Un sistema sin sentido en sí mismos, permitiría el acceso al mismo a personas sin un nivel de formación y perfil profesional excesivo.

Habría que abrir, asimismo, un melón en todo este proceso. Gran parte de los trabajadores de plataformas, especialmente de aquellas vinculadas al transporte en ciudades, cuentan con un volumen de trabajadores subcontratados a su vez por las compañías propietarias de las licencias de trabajo. En caso de España, las famosas VTC. Un sistema que, atendiendo al mencionado empleado invisible, pondría mucho más en valor este concepto.

Con todo este maremágnum de nuevas compañías y nuevos modelos de trabajo se ha visto la necesidad, desde diferentes corrientes, de apuntar a una nueva categoría de trabajador independiente. Una que sea capaz de aunar las solicitudes de unos y proteger los derechos laborales de otros sin perder beneficios por el camino. Tanto Ginès como Beltran defienden la no obsolescencia de los actuales modelos laborales. Cualquier regulación nueva o añadida, analizan, pondría en peligro cualquier sistema e incurriría en una precarización de los actuales modelos de empleo.