Reconvertirse o morir, esa es la estrategia que ha llevado a cabo la polémica empresa de transporte Uber. Tras la suspensión de su actividad en España, por la sentencia de los tribunales a finales de 2014 como consecuencia de sus problemas legales con los gremios de trabajadores del transporte entre otros, la compañía ha decidido tirar su línea de negocio por otros derroteros.

En España, y de momento solo en Barcelona, Uber ha aprovechado toda la infraestructura tecnológica y humana que dispone en la ciudad para desarrollar una estrategia en la que en vez de transportar personas se transporta comida a domicilio. Nace así Uber Eats, un nuevo giro de tuerca a la economía colaborativa.

Los conductores cobran poco más de 2 euros por entregaSegún publica El País, el sistema, que ya está implantado en Chicago, Los Ángeles, Nueva York y Toronto, propone un servicio de comida bajo demanda que lleva tu encargo de comida de los restaurantes disponibles en la aplicación al lugar que quieras. Para acceder al sistema de locales con servicio a domicilio Uber se ha asociado con Plateselector, una aplicación móvil que dispone de una completa red de restaurantes, la mayoría de alta gama y que van cambiando, y los menús disponibles en el día.

A diferencia que en el sector de transporte de personas, en el que los conductores requieren una licencia VTC (vehículos de transporte con conductor), con Uber Eats esta cuestión queda solucionada: los transportistas están dados de alta como autónomos, sin más. De cada entrega se llevan 2,50 euros, menos el 20% de comisión para Uber, y de ahí deben costearse la gasolina de su coche de no menos de cuatro puertas y un máximo de 10 años de antigüedad. Desde luego, el margen de beneficio es bastante escueto.

La diferencia con la Nevera Roja o Just Eat es el sistema de pedidos. Al comienzo del horario de trabajo, a medio día y a la hora de la cena, los conductores asociados recogen un número determinado de menús en diferentes puntos de la ciudad, donde les esperan un grupo de furgonetas con bolsas térmicas, sin tener ningún contacto con los restaurantes. Una vez recogidos se espera a los pedidos, que por el sistema de geolocalización de Uber elige al conductor que esté más cerca del punto de entrega. De esta forma el pedido nunca sufre retrasos.

De momento, esta línea de negocio no se ha encontrado con los problemas legales que tuvo su antecesora, y los sistemas de comida a domicilio ya establecidos tampoco parece que se vayan a quejar. Quizá, con este sistema, Uber haya encontrado la forma de mantener contentas a todas las partes pudiendo ofrecer el tan ansiado empleo que, supuestamente, iba a generar el transporte de personas, y sin cometer ninguna alegalidad, de momento.