Hace algo más de 4.500 millones de años, nuestro sistema solar tenía una apariencia muy diferente a la que presenta en la actualidad. Por aquel entonces, una gigantesca nube de gas y polvo colapsó hasta dar lugar a nuestro astro, el Sol. Alrededor de la joven estrella se fueron formando discos polvorientos, donde comenzaron a surgir planetas como el nuestro.

Al volver la vista atrás hacia el origen del sistema solar, resulta difícil figurarse cómo pudo ocurrir aquel proceso. Una nueva investigación, publicada hoy en la revista Astrophysical Journal, nos permite imaginar cuál pudo ser la apariencia del joven sistema solar hace miles de millones de años y cómo habría ocurrido el nacimiento de los planetas que hoy forman parte de nuestro vecindario cósmico.

El instrumento SPHERE, situado en el Very Large Telescope (VLT) de Chile, ha logrado un espectacular catálogo de imágenes que muestran, con mayor detalle que nunca, los discos que se forman alrededor de estrellas jóvenes. El álbum fotográfico incluye tamaños y formas diversos: desde anillos oscuros hasta estructuras similares a una hamburguesa o a un yoyó. Instantáneas que nos permiten entender un poco mejor cómo se forman los planetas.

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Crédito: ESO/H. Avenhaus et al./E. Sissa et al./DARTT-S and SHINE collaborations.

Cómo se forman los planetas alrededor de una estrella

El catálogo obtenido por SPHERE nos ofrece con mejor detalle las estrellas T Tauri. Este tipo de astros presentan una masa similar a la de nuestro Sol y un brillo variable. Además se trata de estrellas muy jóvenes, con menos de diez millones de años. Su temprana edad hace que estén rodeadas de discos, como los que pudo tener nuestro sistema solar hace algo más de 4.000 millones de años, donde podemos encontrar gas, polvo y planetesimales, los cimientos a partir de los cuales se forman planetas como la Tierra.

Los objetos retratados por el instrumento del VLT —dentro del sondeo DARTTS-S (siglas que corresponden a discos alrededor de estrellas T Tauri con SPHERE)— se localizan a una distancia de entre 230 y 550 años luz de nuestro planeta. Su relativa proximidad —teniendo en cuenta que nuestra Vía Láctea presenta un diámetro de aproximadamente 100.000 años luz, según la NASA— no impide que sea muy difícil lograr buenas imágenes de la luz que reflejan los discos dada la intensa luz que procede de sus estrellas.

La investigación de instrumentos como el VLT y observatorios como el telescopio ALMA nos han permitido en los últimos años indagar en los complejos procesos de formación de los planetas alrededor de las estrellas. Los anillos concéntricos que se originan alrededor de astros como el Sol cuentan con los ingredientes necesarios para el nacimiento y posterior desarrollo de los cuerpos celestes como la Tierra, aunque aún no sepamos con exactitud qué sucede en su interior.

Muchas de las ideas que tenemos sobre el origen de estos sistemas planetarios son meras hipótesis que debemos corroborar todavía gracias a estudios como el trabajo publicado hoy. Solo así será posible confirmar estas teorías y, en última instancia, saber algo más acerca de la historia del universo y de nuestro propio sistema solar.

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