La historia de las tarjetas SIM va ligada a la de la telefonía móvil y ha seguido su mismo curso: han tendido a miniaturizarse. Tras muchos años de reinado de las SIMs de tamaño normal, llegaron las microSIM en 2010, que volvieron a reducirse en 2012 con la expansión de la nanoSIM que llega a nuestros días. Lo próximo que esperábamos es que la eSIM o SIM virtual se popularizase, más allá de casos puntuales como el de los smartwatches Samsung Gear S. Y antes de que eso pase, ya le ha salido sucesora, la iSIM.

Se trata de una tecnología desarrollada por ARM para facilitar el acceso a redes telefónicas a dispositivos del Internet de las Cosas, en cuyas soluciones el espacio suele ser un bien muy preciado. Incluso más que en smartphones, pues muchas veces hablamos de sensores minúsculos. En lugar de en un chip situado al lado de los módems de los dispositivos como ocurre en el caso de la eSIM, la iSIM se integra en el mismo módulo del procesador, ese donde se encuentran la CPU, GPU, DSP, NPU o Neural Engine, ISP, etc.

Como vemos en la imagen, el cambio es considerable. Si la eSIM todavía es "comparable" a sus predecesoras físicas, con 6 x 5 milímetros, la iSIM sólo ocupa, según ARM, una fracción de milímetro cuadrado. Viendo el tamaño de los SoCs móviles, es fácil imaginar la diferencia que supone.

Según ARM, no sólo es una cuestión de espacio, sino también de costes, pues el desarrollo será mucho más barato para los fabricantes. Como decíamos, es una tecnología desarrollada para el mundo conectado, pero realmente nada hace que no puedan integrarse en procesadores móviles, pues al fin y al cabo, salvo que ARM haga un comunicado contrario, la arquitectura es compartida. También es interesante ver si algún fabricante de automóviles se pronuncia, pues es otro campo donde el adiós de la SIM física tiene mucho sentido.