Ponerse a dieta podría ayudarte no solo a ti, sino a los que te rodean. Un reciente estudio ha demostrado que las medidas para perder peso ayudan también a los que están cerca a comer mejor, incluso aunque no se pongan a dieta por sí mismos. De hecho, la mejora es cuantificable, lo que en lenguaje científico quiere decir que es un cambio importante. Es lo que podríamos llamar el efecto dominó de las dietas.

El efecto dominó de la dieta

El estudio realizado en la Universidad de Connecticut trabajó el seguimiento de 130 parejas durante medio año. Los investigadores se toparon con un resultado mucho más positivo de lo que esperaban: cuando un miembro se compromete a perder peso su pareja también lo hace, incluso si no participaba activamente en la intervención.

De hecho, según los datos, las parejas que no se comprometían activamente llegaron a perder hasta un 3% de su masa corporal que, según la OMS y los especialistas en fisiología, es más que suficiente para que se noten los efectos beneficiosos en la salud.
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El estudio, publicado en Obesity, también muestra que la tasa a la que las parejas pierden peso está interrelacionada. Es decir, si un miembro pierde peso a un ritmo constante, su compañero o compañera también lo hace. Del mismo modo, si una persona tiene problemas para perder peso, a su pareja también le cuesta.

"Cuando una persona cambia su comportamiento, las personas a su alrededor cambian igualmente", explicaba Gorin, psicólogo del comportamiento y principal investigador de este estudio. "Trabajar en coordinación con un especialista lleva a una persona a adoptar nuevos comportamientos saludables que pueden beneficiar a otros en sus vidas".

Si un efecto de pérdida de peso puede extenderse a otros miembros de la familia diferentes al cónyuge, dentro del mismo hogar, aún está por verse. Según Gorin, este será el enfoque de otro estudio.

¿Cómo funciona?

Al final, somos todo cerebro. Los mecanismos tras este efecto dominó de la dieta no son otros que mentales y, en concreto, relacionados con el comportamiento. "La forma en que cambiamos nuestros hábitos de alimentación y ejercicio puede afectar a los demás de manera positiva y negativa", dice Gorin.

Este investigador es experto en el estudio de los factores ambientales y sociales que influyen en la pérdida de peso. "Desde un punto de vista positivo, los cónyuges pueden emular el comportamiento de su pareja y unirse a ellos para contar las calorías, pesarse más a menudo o comer alimentos bajos en grasas".

La imitación es un mecanismo de supervivencia altamente especializado en los seres humanos. Así, nuestro cerebro tienen estructuras neuronales dedicadas solo a aprender imitando. Por otro lado, existen otros constructos psicológicos relacionados con los buenos hábitos, que nos ayudan a optar por mejoras en nuestra vida.

Los seres humanos somos gregarios, seguimos a nuestros compañeros, porque no sentimos más seguros. Eso se aplica a la pareja y a su comportamiento. El efecto dominó en la dieta podría explicarse por todos estos factores: cuando vemos a alguien en quien confiamos optar por un comportamiento que suponemos más saludable, es mucho más sencillo que lo imitemos, al menos en parte, adoptando nuevos hábitos.

En la lucha por perder peso

Actualmente la obesidad corresponde a la epidemia más extendida del mundo. Miles de millones de personas tienen un exceso de peso peligroso para su salud. Y de ellas, varios cientos de millones mueren al año. Este estudio, sin embargo, muestra una cuestión clara que podría emplearse beneficiosamente a la hora de preparar una intervención dietética.

Este estudio se basa en hallazgos anteriores, aunque mucho más limitados, sobre la pérdida de peso detectada en las parejas de los intervenidos, pero es el primero en utilizar un diseño controlado y aleatorizado, dos palabras claves en la buena ciencia, para monitorizar el progreso.

Fotografía: Blazej Lyjak - Shutterstock

Por supuesto, esto es solo un comienzo o, en otras palabras, una aproximación. Para entender mejor cómo funciona y, mucho más importante, cómo usarlo en nuestro beneficio, dicen los autores, hacen falta nuevos estudios que ayuden a comprender este hecho mejor.

Y no es algo anecdótico. Como decíamos, si disponemos de gran cantidad de recursos y técnicas para intervenir en la propagación de otras enfermedades, ¿cómo no vamos a hacerlo sobre la epidemia más extensa del mundo? Necesitamos aprender a comer mejor, es un hecho. Y para ello necesitamos toda la información que esté a nuestra disposición para ayudarnos a hacerlo. Y mejor si es con ayuda, como dicen los estudios.