Todo empezaba hace algo más de 20 años, en un momento en el que en España aquello del software sonaba a cuento chino. O, al menos, a un cuento que no iba con el tema central: el ladrillo.

Carlos Picazo y Alberto Rodríguez fundaban Nexium, una compañía dedicada a algo que en este momento se da por hecho: mejorar la eficiencia a la hora de colocar los productos en los lineales de las tiendas. Qué posición, qué productos, qué promociones… un proceso hasta la fecha manual, pero al que se le introdujo el factor software. Problema: «el sistema decía lo que había que hacer, pero los clientes terminaban haciendo lo que les daba la gana», explica Carlos. Y, pese a todo, la empresa logró alcanzar más de 100 empleados, entre los cuales estaba Fabiola Pérez. La idea de otorgar una visión tecnológica a procesos en los que el software aún no se había asomado fue clave para el éxito en un nicho de mercado explotado sólo por un selecto grupo de compañías en el mundo. Y como de un mercado a otro sólo hay un paso y todo está interconectado, de los lineales en comercios se pasó al sector del reconocimiento de imágenes para aplicar a las tiendas. Aquí llegó el cuarto protagonista de la historia: Diego García.

El equipo creo varias patentes de reconocimiento de imágenes que estaban disponibles en 30 países y gestionadas por cuatro oficinas. A punto estaba de llegar la quinta en Nueva York cuando los competidores empezaron a tener miedo de una facturación creciente y un gran volumen de negocio que se extendía por Europa y Latinoamérica. La solución era fácil: comprar al enemigo antes de que fuese demasiado grande. La multinacional Nielsen adquirió la firma de software en 2014 dando por zanjado el primer proyecto emprendedor que supondría el inicio de toda una serie de compañías.

La startup para montar startups

También conocidos como company builders. Este fue el segundo objetivo del equipo formado por Fabiola, Alberto, Carlos y Diego.

No está del todo claro cuál fue el importe de la venta de Nexium, pero fue suficiente como para montar al 25% cada uno el proyecto conocido como Unlimiteck con un fondeo de casi 12 millones de euros. «Para nosotros es como una cooperativa de trabajo con perfiles muy distintos e ideas muy distintas para intentar levantar proyectos que puedan tener éxito y tirón. Siempre basados en tres pilares en los que tenemos experiencia: IA, Computer Vision e IoT», explica Fabiola.

En otras palabras, sería como una incubadora para las ideas del propio equipo. La primera de ellas: Metiora. Creada por Fabiola su centro de negocio estaba dedicado, y sigue en ello, a integrar el Internet de las Cosas al día a día de las compañías. Pero en todo este proceso surgió un un problema importante que, por contra, también implicó una nueva oportunidad de negocio para la compañía de compañías. «Nos dimos cuenta de que faltaban profesionales en el IoT y que iba a llegar una demanda muy grande. Fue entonces cuando nos planteamos la posibilidad de crear un instituto de IoT, y surgió la segunda empresa de Unlimiteck que es Mioti», explica Carlos.

Ser los primeros en la educación de los profesionales del IoT supondría que, dentro de unos años, el punto de partida de todo sería precisamente Mioti.

Una casa y un primer inquilino: Uber

Con la semilla de crear una suerte de universidad para el IoT la cuestión de la ubicación empezó a cobrar importancia. Ya no sólo era gestionar una empresa que, a las fechas en las que estamos, puede hacerse desde cualquier lugar. Ahora se necesitaban aulas, laboratorios, lugares de reunión… mucho espacio. Con unos 2.000 metros cuadrados sería suficiente.

Con un mercado inmobiliario en el que el alquiler está alcanzando precios imposibles, la idea de construir o comprar cada vez se hacía más fuerte. Un bonito edificio en San Blas, cerca de varías compañías tecnológicas en lo que se conoce como Silicon Alley, fue el lugar elegido. La única cuestión era que con 4.500 metros, divididos en 5 plantas, el espacio sobraba por todas las esquinas. De nuevo, de un problema sale una solución. La tercera compañía de Unlimiteck tendría la misión de explotar el bonito complejo recién adquirido. Siguiendo el modelo de WeWork o Spaces, los negocios de coworking más populares del momento, pondrían a disposición de las startups de IoT un lugar para trabajar y crear ecosistema. Para lograrlo hubo que empezar a llamar a puertas: sin partners no hay ecosistema posible y mucho menos fondos para poder soportar el peso de un edificio de esas dimensiones.

The Cube, que así fue como se llamó al nuevo espacio, ya contaba con un CEO encargado de iniciar los contactos: Javier Esteban. Casualmente conocía a gente en Uber España, por lo que ni cortos ni perezosos fueron a presentarles el proyecto. Sólo que Uber no es partner más que de sí mismo, por lo que el no ya fue por delante. Sin embargo, sí que vieron una oportunidad:

«Se lo enseñamos y les encantó, pero nos dijeron que no querían ser partners. Simplemente nos dijeron que querían quitarnos un problema que era llevarse una planta entera porque estaban buscando oficina. Básicamente porque lo de ser partners se les quedaba muy pequeño».

Uber, en España desde hace unos cuantos años, pero con operaciones serias desde hace casi dos, tenía un problema serio en la capital española. No disponía de ningún espacio propio donde empezar a colocar a un equipo cada vez más numeroso. Por una parte por la reticencia de los primeros años a tener una localización fija ante la tremenda inestabilidad de sus inicios y, por otra, porque nada se asemejaba a sus bonitas oficinas de Silicon Valley.

De esta manera, y sin quererlo, la llegada de Uber a The Cube supuso un alivio en las cuentas de Unlimiteck porque suponía la llegada de un cheque mensual fijo y, de manera indirecta, un marketing que no podría tener rival. Y, aunque parezca una locura, negociar con Uber tampoco fue tan complicado, explica Alberto, «la realidad es que negociar con la parte de España y Europa era fácil, pero luego ya tienen corporates con los que no es tan simple; tienen muchas medidas de seguridad y el edificio tiene que cumplir unas condiciones específicas que nos han hecho elevar el nivel».

Después de Uber sí que llegaron esos ansiados partners: Vodafone intentando adelantar a su homólogo español, Cisco, IBM…

Sin fondo no hay ecosistema

Tenían la universidad de IoT, partners que podrían crear sinergias, las startups no tardarían en llegar… pero faltaban los fondos. Sin verticales inversoras para IoT en España con forma de fondo VC, los únicos que se aventuran son algunos inversores a título personal. Y como ha venido ocurriendo desde el principio de esta historia, si no existe algo la única opción viable es crearlo. Unlimiteck creó su propio fondo, con unos 5,3 millones de euros de inversión de un grupo de 60 participantes (aportando ellos mismos la mayor parte), para que las startups que se generasen en su ecosistema no tuviesen que levantar dinero fuera de sus paredes. Formado por amigos, empresarios y emprendedores alejados a años luz del foco del emprendimiento más mediático, pusieron la guinda a toda una serie de pilares.

Sólo faltaban las startups. Con dos meses escasos de vida de momento se encuentran en fase de selección de startups. A la antigua usanza todo se hace a base de entrevista. «Javier hace un primer filtro y luego nos lo pasa a nosotros. Aquí hay dos temas esenciales: conocerles personalmente y saber qué hacen. Que te puedes equivocar, pues sí, pero siempre puede pasar. Nuestra idea es que pueda aportar algo al ecosistema, aunque su idea se vaya a hacer puñetas. No tienen que ir todo bien necesariamente, pero seguramente saldrá otra cosa de ahí», explica Alberto. Y a toda esta historia, añade Fabiola, se suma la cuestión de la confianza en las compañías.

Un sindiós de ecosistema

La primera pregunta que se puede venir a la mente es qué es el IoT o el Internet de las Cosas. Lo cierto es que dentro de su amalgama de temas «todo gira alrededor del concepto de qué pasaría si se empezasen a conectar cosas a la red y qué podríamos obtener de ello», argumenta Diego. Aunque, añade, desde el punto de vista de la tecnología tampoco existe un consenso». Y esto es bueno porque permite mucho campo de trabajo, pero con la perspectiva negativa de que en algún momento habrá que llevarlo a algo concreto.

De esa conexión de «cosas» empiezan a surgir problemas. Conectividad, gestión de datos, seguridad…toda una serie de verticales que, ante todo, generan oportunidades que deben estudiar las formas de llegar al público. Y, por primera vez en la historia, los grandes representantes de la tecnología tendrán que trabajar en equipo, explica Fabiola. Ante la inmensidad de temáticas es imposible abarcar todo, por lo que los cruces tendrán que ser más que necesarios. Quizá esos individualismos vestidos de marketing con camiseta de a lo Zuckerberg queden a un lado.

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