Dice el refrán popular que "cuidado no te vayan a dar gato por liebre" y si bien su origen medieval dista mucho de su aplicación hoy en día, la realidad es que su aplicación sigue vigente.

Ya había que tener cuidado con el tema de las falsificaciones en lo que podríamos llamar la vida real. A nivel mundial, el comercio de productos de este tipo según los últimos datos de la OCDE supone una media de 338.000 millones de euros abarcando a todos los sectores del comercio: maquinas, consumo y, por encima de todos, la ropa —especialmente si es de lujo—. ¿El origen? Principalmente China como uno de los mayores exportadores de este tipo de productos con destino al resto del mundo.

Si el mayor problema de BlaBlaCar es la migración de sus posibles usuarios a WhatsApp, en el caso de Wallapop es el de las estafas que se llevan su prestigio. El dato de cuántas estafas de producen a través de plataformas como Wallapop, eBay y sucedáneos no está claro, ni es público. Pero son varias las polémicas que han salpicado a dichas tecnológicas. La última de ellas ha venido de la mano de una detención en Marbella por venta ilícita de tecnología. ¿La anterior? A unos DJ´s que se dejaron miles de euros.

No es oro todo lo que reluce

Menos del 18% de las personas que compran productos que, parecen ser reales, saben identificar que son falsificaciones. Y es que lo cierto que el mercado de las copias ha alcanzado niveles que incluso los que se dicen expertos en la materia podrían verse en serios apuros a la hora de identificarlos. En tecnología es mucho más sencillo; una vez tienes el producto en la mano está claro. En moda ya no tanto. Identificar un bolso, o lo que sea, falso hay que tener en cuenta cientos de variables que no todos saben interpretar: lo primero de todo es el precio (un bolso de las grandes marcas jamás bajará de un mínimo), el logotipo, el material usado –aunque hoy en día las falsificaciones de piel se ven de lo más realistas–, el olor, las costuras... Todo cuenta.

Si la compra se hace con conocimiento de causa, moralmente no está bien, pero sabes a lo que vas como quien dice. El problema viene cuando se vende como real y, avisando de que ese producto no es lo que parece, este sigue a la venta. Es el caso de una usuaria de Wallapop que, por motivos de confidencialidad no quiere desvelar su identidad.

Independientemente de la valoración del Reissue (reedición) del bolso, que probablemente fuese cierta, aquí está el papel de Wallapop. Según ellos, con más de 100 millones de productos subidos a la plataforma no pueden controlar todo lo que allí ocurra pese a que sus normas citen específicamente la prohibición de la venta de falsificaciones. Tienen sistemas de detección automática que identifican a los usuarios que presuntamente son propensos al fraude o lo ilegal. Si los usuarios denuncian, como es el caso de nuestra experta en moda, se procede a la revisión manual. El borrado de su cuenta, y según Wallapop, sólo podría deberse a que ella misma no cumplía con las normas de la casa; la venganza no existe en Wallapop.

La cuestión, en este caso es la de ¿quién revisa? Con tantos millones de productos, de variedad infinita, saber de todo es prácticamente imposible. Tirando de nuevo del sabio refranero popular: el que mucho abarca, poco aprieta.

Y de la falsificación al timo

En este caso, Wallapop ni ha inventado nada y tampoco tiene la culpa. O al menos así rezan sus condiciones de uso, lo cual tiene lógica porque la startup española opera como medio intermediario y, salvo que se recurra al uso de su plataforma de pago Wallapay, ellos no tienen control sobre ningún punto del proceso. Y, aún así, tampoco habría reembolso en caso de estafa porque siguen sin hacerse responsables. La pasarela simplemente tiene el objetivo de mejorar las transacciones o la fricción con el dinero, además de alcanzar la deseada monetización de la compañía, pero no controlar lo que pasa con los intercambios. Sería meterse en demasiados problemas legales y fiscales.

Si un usuario contacta con otro para formalizar una compra y ambos están conformes con el procedimiento, la tecnológica ya tiene poco que hacer salvo que se incurra en un delito. En tal caso, están obligados a prestar colaboración, en la medida de lo posible, si hay denuncia de por medio. En cualquier caso, es muy popular en redes sociales la sucesión de las historias que cuenta cómo esta o aquella persona ha sufrido una estafa con Wallapop de por medio.

Números de teléfono que no son reales, usuarios con perfiles sospechosos y precios irreales o destinos de envío que suenan a chiste. Y aún así, pese a que reportar las fallas de la aplicación sirva, siguen sucediéndose una tras otra. Es el caso de Álvaro Obispo que, según cuenta en la Comunidad de Hipertextual se vio en una de los timos más comunes en este tipo de plataformas: pagar y no recibir nada a cambio. Una vez efectuado el pago, el vendedor habiendo usando un perfil y datos falsos, desapareció sin dejar rastro. El típico y manido sistema que Wallapop advierte siempre que puede pasar y para lo que recomienda hacer el intercambio de manera presencial, que para eso Wallapop nació con vocación local, para confirmar el producto antes de pagar.