Wallapop se ha posicionado como uno de los emprendimientos españoles por excelencia. Con una valoración de 400 millones de euros a principios de 2017, un poco por debajo de sus últimos registros, lo que está claro es que desde su fundación en 2013 la compañía ha conquistado de lleno el mercado de la segunda mano. Sustituyendo a los anuncios clasificados y haciendo de la compra-venta de segunda mano algo local y con experiencia de usuario añadida, Wallapop siempre ha estado en boca de todos.

Sin embargo, toda su historia ha sido muy bonita hasta que se han encontrado con algunos problemas. Con varias rondas de financiación millonarias a sus espaldas, por importes que nadie ha sabido definir, este recurso era el único que generaba movimientos en las cuentas de la compañía. La pregunta desde que naciesen y empezasen a crecer ha sido la misma: ¿cómo monetiza Wallapop? Si sus usuarios quedan a través de la app, pero el dinero de la transacción circula fuera de los dominios de la aplicación, estos no veían ni un céntimo en ningún momento. Agustín Gómez contaba a Hipertextual que tenían varias opciones para empezar a ganar dinero; con un volumen de usuarios grande, suficiente como para mantenerse a flote, el momento de buscar soluciones rápidas estaba cerca. Eso o la venta, que también se había tenido en cuenta.

Una primera aproximación fue la de los anuncios patrocinados: usuarios que, pagando una pequeña cantidad de dinero, tenían la posibilidad de poner sus anuncios por encima del resto y hacerlos más destacados. Desde su estreno hace unos meses, sólo el 3% de estos son de pago, es decir, unos 7.500. Pero necesitaban más, mucho más. En este contexto, Wallapop estrena Wallapay. Que, como indica su nombre, funciona como una pasarela de pago opcional para gestionar nuestras compras dentro de la aplicación. En otras palabras, en vez de tener que ir con el dinero en mano cuando se va a recoger el producto, el pago se hace a través del móvil con una tarjeta asociada. Un sistema de códigos muy similar al que ha venido usando BlaBlaCar hasta ahora. Antes de verano, el objetivo de la plataforma será operar como intermediarios en el envío de los productos, eliminando cualquier fricción posible y añadiendo una nueva vía de ingresos.

Lo interesante de todo esto es que, a través de este modelo de pago, Wallapop se asegura una pequeña comisión por la gestión y las molestias. Añadiendo que, por fin, las propias cuentas de Wallapop empezarán a tener ingresos que esperan que se tornen en beneficios a lo largo de 2018. Por transacciones menores de 40 euros, la startup española se llevará una media de 99 céntimos de euro, 1,99 por transacciones que no superen los 80 y así sucesivamente.

Esta es la parte bonita: Wallapop trabajando para lograr ser sostenible en algún momento. Aunque no queda claro cuándo, porque para sostener las cuentas del monstruo que hay detrás de la compañía tienen muchas comisiones que generar. Pero todo pro tiene su contra. Al igual que sucede con las operaciones realizadas por PayPal en otras plataformas puede darse la posibilidad de que se cancelen pagos una vez entregado el producto por parte del usuario. Juegos en mal estado que una vez usados dejaron de funcionar, taras de último momento… En este contexto, Wallapop va a tener que abrir un nuevo frente de atención al usuario que antes no era de su competencia, porque cuando hay dinero de por medio, todo cambia.

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