Hace unos 6.000 años, la "tierra entre ríos" supuso la cuna del neolítico. En ella, fieros imperios se sobreponían los unos a los otros con fuerza y violencia. Pero también con cultura. Para afianzar su posición, los edificios políticos y religiosos se alzaban hacia el cielo, marcando el poder del regente de turno. De estas historias provienen las leyendas como la de la Torre de Babel. Historias que permanecían grabadas en las piedras hasta hace muy poco. Porque la violencia vuelve a reinar en este paisaje semidesértico. Y es que el mal llamado "Estado Islámico", el DAESH, sigue destruyendo, aniquilando y pulverizando concienzudamente cada pieza de la historia del mundo.

Hasta los cimientos

Cerca del corazón de este imperio impuesto por el terrorismo indiscriminado, en Mosul, existen (o al menos existían) monumentos y restos que datan de milenios atrás. Dos buenos ejemplos eran el reconstruido templo de Ishtar, la posterior Astarté o Astarot, diosa de la fertilidad, y el gran Zigurat de Nimrud, una antigua capital asiria. Estos dos iconos del centro político y social del siglo XIII antes de Cristo han sido socavados, triturados, destrozados vejados y pulverizados hasta más allá de cualquier esperanza. Así lo muestran las imágenes recogidas por ASOR, donde se observa como el viejo zigurat, antes de más de cuarenta metros, reducido a una planicie por excavadoras hasta sus cimientos. Esto mismo ha ocurrido con el templo, que ha sido reformado para su uso, a saber con qué intenciones.

Los restos ya habían sido dañados en ofensivas anteriores, aunque debido a su estado, todavía semioculto entre los estratos, los daños podrían haber sido reparados. Ahora, tanto el zigurat como el tempo se cuentan entre dos pérdidas incalculables. No son los únicos monumentos perdidos de la zona. Tiempo atrás, DAESH ya destruyó el palacio de Ashurnasipal II, quien le dio importancia a Nimrud milenios atrás. También acabaron con el templo de Nabu. En el caso del zigurat, la acción confunde un poco a los expertos, ya que esta construcción suponía un punto estratégico de defensa por su altitud en toda la planicie de Nínive. La decisión parece de corte fundamentalista más que militar.

Vidas, ideas e historia, destruidos

Nada se está librando de la vorágine violenta y ciega del "Estado Islámico". El DAESH, en su evolución desde que en 2014 proclamaran su independencia de Al-Qaeda, ha ido asentando un reinado de terror y sangre en los territorios de Siria e Irak, así como en otros países mediante acciones terroristas. Es difícil contabilizar las victimas de sus acciones pues sus territorios están cerrados a cal y canto. Dentro de los mismos, el fundamentalismo impuesto por un califato autoproclamado y de corte extremista organiza las leyes y la vida diaria bajo la Sharia. Además de los abusos sufridos por los extremistas, los civiles son las víctimas habituales de las escaramuzas y operaciones militares tanto de uno como de otro bando.

El DAESH no permite la existencia de otra religión que no sea la musulmana ortodoxa yihadista. Cualquier musulmán que no comparta la visión exacta del "Estado Islámico" ha de ser o bien "reeducado" o sacrificado. Existe una política de tolerancia cero al respecto. El resto de religiones, por descontado, son heréticas, y sus seguidores enemigos del Islam. En parte, además de cuestiones políticas y militares, esta es la razón de los ataques continuos a estructuras históricas de antiguas culturas. Dichas culturas son un símbolo de creencias heréticas, grosso modo; por tanto, han de ser erradicadas.

Hasta la fecha, episodios como el Zigurat de Nimrud, considerado el monumento sagrado más espectacular de la cultura mesopotámica (hasta ahora), se han venido dando con asiduidad. Aparte de la devastación causada en Nimrud, DAESH ha destruido obras históricas de incalculable valor. Por ejemplo, en Palmira, donde se encargó de destrozar una por una todas las piezas del museo histórico a excepción de las que pudieron ser escondidas. De hecho, no solo se perdió este tesoro cultural. Jaled Al-Asad, uno de los arqueólogos más importantes de la zona, fue torturado y decapitado por el DAESH con la intención de obtener información relevante sobre la localización de nuevas piezas.

Además de la catástrofe histórica a la que ha sido sometida la propia Nimrud, Palmira es la otra gran dañada. Por suerte, esta zona fue retomada hace ya un tiempo, aunque eso no ha impedido que el conflicto haya destruido diversos conjuntos históricos. Nínive, la zona cercana a Mosul, también está siendo perjudicada paulatinamente por la acción del "Estado Islámico". Bajo su ideal político-religioso, pocas cosas se quedan indemnes. Da igual que sean personas, ideas o la propia historia. Nuestra historia. Bajo el odio y la sin razón, todo es destruido.

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