Imaginemos la cara que se le pondría a un prestigioso investigador al ver entrar a la policía en tropel en su despacho. "No se preocupe Dr", dirían, "no venimos por usted, sino por sus conocimientos". Tras una breve y misteriosa explicación, al investigador se le pondría al tanto escuetamente sobre un asesinato. "No podemos decirle nada más, es secreto de sumario. Pero necesitamos que imprima en 3D los dedos de un hombre muerto". Aunque esta parezca la introducción de una especie de novela de suspense barata, lo cierto es que hablamos de un caso real en el que Anil Jain, de la Universidad de Michigan y su estudiante de doctorado, Sunpreet Arora, se han visto envueltos.

Imprimiendo los dedos de un muerto

Por supuesto, los datos no han trascendido por cuestiones legales. Pero imaginemos el caso hipotético de un crimen en el que hay un móvil. En él pueden existir pruebas incriminatorias o pistas que dirijan la investigación hacia el culpable. Pero para poder llegar hasta ellas hay que pasar por encima de las medidas de seguridad propias del teléfono. Entre ellas, un sistema biométrico de detección de la huella dactilar, por ejemplo. ¿Podría una impresión en 3D ayudar a la investigación? En realidad la respuesta la dará en breve este investigador y su estudiante, quienes tienen a punto una prueba real impresa de los dedos de la víctima. Si funciona, la policía habrá hackeado el teléfono de una persona en busca de pruebas.

Los dedos de plástico han sido recubiertos por una finísima pátina metálica conductoraPero no podemos evitar hacernos varias preguntas. La primera es ¿cómo se consigue? Normalmente los teléfonos que usan huellas digitales como medida de seguridad usan microcircuitos capacitivos, que usan la interconexión para detectar un patrón concreto y único formado gracias a las crestas de nuestras huellas digitales. Para poder imitar un dedo de verdad, que permita estas conexiones en el circuito (y que se detecte el patrón), los investigadores no sólo han de recrear la huella en plástico. Además, han de hacer que ésta sea capaz de conducir la corriente de manera similar a nuestros dedos. Para ello lo que han hecho es recubrir las crestas de una finísima pátina metálica.

huellas dactilares
Frettie (Wikimedia)

Para poder recrear los dedos de la víctima se ha usado las huellas tomadas por la policía (archivadas tiempo atrás, por cuestiones que no vienen al caso). Una vez digitalizadas, los investigadores han copiado el patrón y diseñado los dedos del muerto. Tras esto fueron impresos, los diez, y recubiertos con el metal. Y así es como se imprimen los dedos de un finado. Tras varias semanas de pruebas, la policía por fin tiene una vía para continuar con la investigación, aunque todavía no ha trascendido si este poco ortodoxo método ha funcionado o no.

Las tecnologías y la justicia

De pronto, más cuestiones se nos vienen a la cabeza. ¿Puede usarse entonces este mismo método para hackear cualquier dispositivo? Imaginemos una cerradura u otro teléfono, a partir de la huella dactilar escaneada o digitalizada de alguna manera. Ciertamente es un sistema costoso. ¿Pero es funcional? Las respuestas, en cualquier caso, están tintadas de un tono inquietante. Y, otra cuestión ¿no es más sencillo hackear el teléfono de otra manera o pedir ayuda al fabricante? Bueno, la cuestión es peliaguda. Con la actitud de Apple, por ejemplo, de proteger nuestra privacidad a toda costa ante peticiones como las del Estado se han asentado precedentes que ponen muchas trabas a los agentes de la ley. Por otro lado, ¿se puede sortear el bloqueo impuesto por la huella digital? Cada vez es más complicado superar las medidas de seguridad con las que se protegen, normalmente de forma aislada, los datos de bloqueo para poder acceder al móvil. Así que para los no expertos en seguridad el camino más viable pasa por superar las barreras biométricas.

Volviendo entonces a lo que comentábamos, ¿podría usarse un sistema parecido para entrar, por ejemplo, en una casa? El uso de las medidas biométricas como una solución tecnológica "infranqueable" también ha planteado la cuestión de cómo superarlas. Y parece que también es la tecnología la que permite superar esta barrera. En este caso hablamos de la impresión en 3D, que bien podría suponer una solución, cuando hablamos de una cuestión como la de más arriba, pero también de un peligro. ¿Estamos preparados para asumir las consecuencias de implementar y confiar al 100% en la seguridad biométrica? Sinceramente, muchos expertos ponen en tela de juicio la efectividad de estos métodos. No porque no sean seguros, sino porque, como vemos, todavía no los hemos integrado de una forma natural en nuestra vida.

Y cuando su uso, encima, implica cuestiones legales, el asunto se vuelve aún más peliagudo. Como decíamos, todavía no sabemos cómo se ha resuelto el caso del que hablábamos. Probablemente, por cuestiones judiciales no lleguemos a saberlo. Pero lo que está claro es que los dedos de este hombre muerto han dejado más preguntas que respuestas.