Existe muchísima información sobre startups: cómo crearlas, cómo lograr financiación, presentarse a eventos... Se habla de las increíbles ideas que tienen jóvenes emprendedores o de sus inventos para aplicados al desarrollo de áreas de la ciencia, de la tecnología o de la sociedad que hasta el momento habían quedado descubiertas. Se tiende por tanto a idealizar lo un sector que ha cobrado gran importancia en los últimos años.

Pese a lo que pueda parecer, las startups que buscan la rentabilidad desde el principio son más numerosasSin embargo, el mundo de las startups juega con las mismas reglas que el resto de los negocios, porque a fin de cuentas, estas son empresas que tienen las mismas obligaciones que el resto y que además buscan el mismo objetivo: generar beneficios y facturar. Puedes tener la idea del siglo, pero si no vende no hay nada que hacer.

Por esta razón, en el momento en el que un emprendedor toma la decisión de embarcarse en la aventura tiene dos opciones; dos caminos bajo los que guiar el futuro, económico en este caso, de su startup. La primera de ellas es la de crecer bajo el modelo de rentabilidad y facturación. El modelo de negocio tradicional por decirlo de alguna manera, que busca el crecimiento a partir del incremento de sus ingresos y facturación. Lo lógico en cualquier familia: no gastes lo que no tienes.

Pero existe otro grupo. Más arriesgado. Que quiere crecer rápido a toda costa. Que no puede perder tiempo en que su negocio llegue a lo más alto por tratarse de algo "puntero". Estas startups, entre las que se encuentran las más famosas, Uber, Facebook, Google... tienen algunas características especiales según el emprendedor Miguel Ángel Díez Ferreira:

"Lo que quieren es crecer mucho antes de que te copien, y buscar todos los clientes posibles. En un primer momento ofrecen servicios gratuitos y luego ya mas adelante, tras haberte convertido en un gigante, ya buscas la rentabilidad."

A fin de cuentas, es un modelo basado en el riesgo puesto que han de pasar muchos años hasta alcanzar una rentabilidad y que requiere de terceros, en muchos casos fondos, para poner en práctica sus proyectos y dejar para el futuro el tema de cómo buscar ingresos. Eso sí, si sale bien es todo un premio, puesto que si lo consigues te conviertes en un grande. El problema es que por el camino pierdan la confianza de esos terceros; te quedas sin inversión y, como ocurre en gran parte de los casos, estas startups no saben pivotar de una forma rápida hacia un sistema de negocio basado en la rentabilidad.

Pero ¿cuál modelo es el más numeroso? Afortunadamente es el primero. La mayor parte de las startups y nuevas empresas prefieren crecer sobre seguro, y por esta razón pasan desapercibidas. Podríamos decir que se seguridad no genera noticia. Son las segundas, las que se basan en el riesgo, las que ocupan en gran medida la atención de los medios, y por tanto, parecen más numerosas de lo que son.