Shutterstock - Fer Gregory

Luego de la jornada electoral del día de ayer, los mexicanos, o al menos el 50% de los empadronados que asistimos a las urnas para las elecciones intermedias en las que se eligieron poco más de 2 mil cargos públicos, vamos teniendo resultados y ganadores virtuales de ella. A pesar de un ambiente tenso en la víspera se logró la instalación de la mayoría de las casillas, no sin brotes de violencia, no sin resultados que, conforme se van sabiendo, sorprenden; además, y lo digo de forma personal, con una ingenua esperanza con los resultados obtenidos pero sin nada a la vista por lo cual festejar, veamos por qué.

Descorazonados

Puedo decir que es un sentimiento generalizado en la mayoría de los mexicanos. La clase política está reprobada por los ciudadanos, con un presidente de la República que da vergüenza y rabia a la vez, con una primera dama y una familia presidencial derrochadora, farandulera e insensible a la realidad social de su país. Con una clase política que solo se beneficia a sí misma, con presupuestos que parecen burla en un país con 53.3 millones de habitantes en condición de probreza.

México alcanzó el tercer lugar mundial en muertes por conflictos armados

Además está la ola de violencia que parece no terminar, entidades rotas por el fuego cruzado entre las autoridades y el crimen organizado. México se convirtió en el tercer país en el mundo con más muertes por conflictos, sólo superado en cifras de víctimas mortales por la guerra civil en Siria y el avance del Estados Islámico (EI) en Irak. La cifra en México asciende a 15 mil muertes durante 2014.

No solo eso, la cantidad de desaparecidos en México asciende a una cifra de miedo: 22 mil personas hasta agosto de 2013; de los cuales 50% de ellos fueron reportados en solo 5 entidades del país: Tamualipas, Jalisco, Estado de México, DF y Coahuila.

Como ciudadana mexicana, así como muchos otros, me encontraba (me encuentro) impotente, descorazonada, enojada y así fue como viví las intensas campañas políticas en las que los escándalos no faltaron, desde la insultante cantidad de recursos públicos: 5,356 MDP que se otorgan a los partidos políticos, hasta sus actos de campañas de maroma y despensas; así como el candidato futbolista que a su triunfo da fe de su actitud política, actrices y payasos (literal que se colaron para ser candidatos por amor a salir en la foto, al espectáculo, al fuero o simplemente por la "tajada" del pastel.

Votar o no votar esa es la...

Shutterstock

Cuando era niña soñaba con el momento en que yo también pudiera ir a votar, con el día siguiente en el que el dedo pulgar está "manchado"; soñaba en que lo que se nombraba como "deber cívico" en mis libros, o ese acto que, apasionado, defendió muchas veces un maestro al que tengo estima y que gritoneaba que las mujeres debemos votar "sí o sí". Puedo decir que no faltó en esa formación cívica de mi infancia escuchar una y otra vez que "el PRI siempre gana", que "el presidente es un cabrón", que "los diputados son los únicos bien pagados en el país", que "lo mejor es irle al bueno para obtener hueso", que "todos son igual de rateros", o bien que "el cambio está en uno mismo". Claro, todo esto no en la escuela, sino en las sobremesas que es el lugar ideal para conocer sobre política.

Mientras tanto: padres de familia recorren el país en busca de sus hijos, de respuestas, de justicia...

Con mi credencial en mano fui a la votación el día de ayer, puedo decir que los autores de mis libros de civismo, así como mi maestro pueden estar orgullosos puesto que lograron su objetivo, ya que siempre voy a votar. Esta vez me acompañaba mi hija que tiene 11 años. Una señora en la fila dijo en voz alta que "una persona de la tercera edad va a votar" y con eso dimos por hecho que cederíamos todos nuestro lugar para que pasara la señora que iba en silla de ruedas, entonces le dieron una especie de casilla portátil para emitir su voto. Mi hija quiso poner las boletas en las urnas y se fijó que en las ranuras estaba un texto en braile. "Cuidan mucho todo ¿verdad?", dijo ella refiriéndose a lo sucedido, "yo ya quiero votar", dijo. Además se alegró en la mañana porque el candidato por el que me vio votar es el virtual ganador, se alegró como se alegran los niños cuando ganan: sinceros, absolutos. No me atreví a contradecirla.

El ejercicio de votar tiene un valor tremendo, un sabor que raya en la libertad y sin embargo, mi optimismo no puede ser el de una niña de 11 años pues a lo largo de mi vida como mexicana he visto como una y otra vez seguimos votando o absteniéndonos con el corazón apachurrado, el enojo a tope cuando sale un candidato a hacer de saltimbanqui en campaña y a llenarse los bolsillos en el poder. He visto como se hacen obras públicas de apantalle, como el sur de mi país está pobre, abandonado, sobajado, discriminado y el norte incendiado, ingobernable; como padres de familia recorren el país en busca de sus hijos, de respuestas, de justicia; como los números se vuelven símbolos: 43, 49. Lo dijo Ana Gatica en su demoledor discurso al cierre de la conferencia magistral que realizó Rigoberta Menchú en su visita a México para "promover la democracia": "Si guardáramos silencio por cada desaparecido, guardaríamos silencio para siempre".

"Anular es votar", "no te anules", "¡que se vaya!"

Vivir en México es como echarse un clavado en una cascada poco profunda, como puede salir bien, puede ser una tragedia. Y es que las realidad de los mexicanos no es una sola, son muchas y pocas prometedoras. Es por esto que se iniciaron varios movimientos que buscan exigir cambios integrales; ya vimos antes sobre el voto nulo, que en estas elecciones alcanza, hasta el momento, alrededor de un 4%, pero varía en ciertas regiones. Por otro lado, otros candidatos se vieron beneficiados con el voto de castigo, cuando los ciudadanos dieron el gane a otro partido que no sea el que está en el poder.

También vimos otro movimiento de protesta en las urnas que exige la revocación de mandato de Enrique Peña Nieto. Todos estas muestras alcanzaron (hasta el momento) 4.9%, considerados en la contabilización como votos nulos.

La ingenua esperanza

Por último, añadiré que el ambiente post electoral que se siente resulta en una ligera (y muy ingenua) esperanza. ¿Por qué? porque las candidaturas independientes, que sumaron 125 en el país, son una realidad que ha dado la sorpresa, a pesar de que se estima que el 80% no fueron bien acogidos por los electores, otros han puesto muy en claro que son una opción viable y necesaria, como el caso de "El Bronco" en Nuevo León, como Manuel Clouthier Carrillo candidato a Diputado Federal por Culiacán, Sinaloa, y José Alberto Méndez Pérez, candidato a la Alcaldía de Comonfort, Guanajuato. Así como el caso de Pedro Kumamoto, ganador de la diputación local del Distrito 10 en Jalisco. El caso de este chico llamó la atención de medios internacionales, por su campaña sui géneris y por dar una "cara distinta" a la política mexicana.

Sí, ingenua porque la labor de los políticos aún dista de ser aceptable, porque el saldo de estas elecciones nos dejan en números rojos aunque se festeje con pepelitos de colores, serpentinas y ritmos en el claxón, con 8 candidatos muertos durante el proceso de campaña y más de 10 funcionarios públicos, porque por más que festejen las instituciones o los partidos muchos sentimos que vamos perdiendo; porque las exigencias son cada vez más urgentes y se demuestran de forma cada vez más altisonante.

Ingenua, porque ganaron los candidatos por los que voté, porque ganaron los candidatos independientes con los que simpatizo pero ni eso augura nada nuevo; los mexicanos hemos tenido confianza en los cambios y estos no han llegado, los mexicanos hemos aplastado al partido en el poder en las urnas y esas "nuevas esperanzas" nos dejaron otra vez rotos, expuestos por nuestra ingenuidad; todo esto en un ciclo que parece no terminar, que parece que mi hija llegará a las urnas y verá que "no cuidan todo" como ella piensa ahora, en las elecciones más caras del planeta. Esto es triste y apena, pero creo que no hay nada que festejar.