Me considero muy exigente con los teléfonos móviles. Lo soy ahora que trabajo escribiendo sobre ellos y analizándolos, y lo he sido siempre como amante y aficionado a la tecnología. Prueba de ello son entradas como cuando hablaba de scanlines en las pantallas, por poner un ejemplo. No creo que la exigencia sea mala, así como tampoco creo que haya que conformarse, pues el avance siempre llega cuando se empuja al máximo hacia mejorar en todos los sentidos. Pero sí creo que hay que saber cuándo y dónde exigir.

Desde hace unos días estoy probando el Samsung Galaxy S6, y me parece indiscutiblemente el mejor teléfono Android hasta la fecha (título que comparte con su hermano, el Galaxy S6 Edge. Pero ser el mejor no te exime de tener no uno, sino muchos fallos, aunque la mayoría de ellos sean irrelevantes de cara al usuario final medio. Son fallos que, si exiges, percibes y hacen que disfrutes menos. Exiges porque estás ante dispositivos de gama más alta, de precios superiores a 700€, y cuando una marca promete que ha alcanzado casi la perfección, hay que ver si lo ha conseguido.

Los teléfonos móviles viven su mejor momento como smartphones, pero aún están naciendo, y no podemos olvidarloSin embargo, creo que no soy justo si al hacer mi valoración no tengo en cuenta el momento actual de la tecnología. El mercado de smartphones modernos nació hace tan solo 8 años, y ya les pedimos esa perfección. Saliendo de las críticas al marketing, no es comprensible. Acudir cada año a sorprendernos con cómo la tecnología mejora es una mejor manera de disfrutar de las cosas.

El mercado de ordenadores podría ser un ejemplo. Tiene mucha más longevidad, y hasta ahora no se ha conseguido alcanzar un punto base de baterías aceptables para trabajar todo el día en portátiles, o en traer pantallas sin pixeles chillones. Creo que el mercado de teléfonos merece que, aun considerando que la tecnología avanza muy rápido, le demos tiempo para madurar. No por ser teléfonos, que me parece que son la pieza de tecnología de consumo más importante en el día a día, sino por ser recientes. No quita, eso sí, que existan fallos fácilmente corregibles.

Soy de los que no pide menor grosor en los teléfonos, o mayor resolución en sus pantallas IPS, y por ello critico a veces sus decisiones. Pero también soy consciente de que, en cualquier época, es como se avanza. En el año 2000 podrían haber existido portátiles con 12 horas de batería, y no existían por su grosor. Se prefería entregar una experiencia más acorde con el sentido de un portátil, la portabilidad. En el caso de los smartphones ocurre igual. Se tienen que hacer concesiones, pero siempre avanzando hacia donde cada producto potencialmente tiene que sobresalir. Mientras tanto, seguiré analizando y siendo crítico, pero siempre admirando maravillas como el Galaxy S6 que tengo en la mano.

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