Hay que reconocer que la apuesta de Amazon ha sido arriesgada, justo a la medida del arrojo de su líder, Jeff Bezos. Los altavoces Echo suponen un nuevo reto y desde luego, una curiosa idea sobre la cual, en estos momentos, no tenemos ni una sola clave sobre su posible éxito o fracaso. La idea promete: se trata de meter en casa y en conexión permanente un sistema parecido a Siri o Google Now, al cual podremos pedir que bien nos ponga una canción, o bien nos despierte a una hora determinada. Una propuesta muy interesante pero que despierta en nosotros una inquietud: el dispositivo está en escucha permanente, con lo que cabe deducir que sabe todo lo que decimos ¿debemos preocuparnos?

Dispositivos con escucha activa en el mercado ya hay otros, esto no es nuevo. ¿Qué precio hemos de pagar por ello?En realidad, no deberíamos echarnos las manos a la cabeza a estas alturas, porque dispositivos que ‘escuchan’ hay ya muchos en el mercado, y de hecho, el propio iPhone desde la reciente actualización a iOS 8, escucha todo lo que decimos mientras está cargándose, y otro tanto cabría decir del Moto X incluso cuando no está en carga. Tal vez sea el precio que haya que pagar para poder disfrutar de servicios tan avanzados y convenientes como la gestión por voz y a distancia de nuestros dispositivos.

Pero lo cierto es que la duda y la preocupación sobre el destino de nuestras conversaciones son legítimas, y si no, que se lo cuenten a un abogado estadounidense, que tras adquirir su Smart TV, decidió echar un ojo al manual con los acuerdos de privacidad que venía en la caja, para descubrir que el televisor estaba siempre en escucha y que se 'tuviera cuidado’ porque estas conversaciones se podrían enviar a terceros. Pánico.

La clave, en realidad, reside en que un sistema de estas características está obligado a trabajar con información en la nube. No nos podemos ni imaginar cómo sería un sistema con voz enlatada y en local, y lo que es más importante, con las funciones muy limitadas a todo aquello que pudiera hacerse sin conexión a internet (despertador, temporizador, etc.). Y por otro lado, resulta completamente imposible que un dispositivo pueda funcionar mediante comandos de voz a distancia si no está en escucha permanente (bueno, cabe la posibilidad de activarse mediante un botón, pero eso nos parece ya antediluviano).

¿Debemos preocuparnos?

echo amazon

Estamos a la espera de que Amazon haga público el acuerdo de privacidad que deberá aceptar el comprador de Echo, y avanzamos ya un momento entretenido en las redes, por decirlo suavemente. Es innegable que la mayor tienda on-line del planeta maneja una base de datos descomunal, que la información se ha convertido ya en un activo muy rentable (que se lo cuenten a Facebook o Google) y que de la misma manera que tras visitar un determinado producto en la propia web de la firma, nos bombardean a correos con referencias similares, cabe pensar que con Echo sucederá lo mismo.

Con toda la información que maneja sobre nosotros, combinada con la escucha activa, podrá dibujar un patrón milimétrico sobre nosotros.Sin embargo, una cosa es hacer clic en un producto del catálogo y otra es pedir música, que nos despierte a una hora, hacer búsquedas en la red… No sólo el volumen de información que recabará Amazon será infinitamente superior, sino que además el gigante podrá dibujar un patrón de nosotros al milímetro.

Sin embargo, parece que los de Bezos se han puesto la venda antes que la herida, y posiblemente a sabiendas de las inquietudes acerca de la privacidad que podría despertar el equipo, en el propio vídeo de lanzamiento del mismo (en realidad, el único material con información del que disponemos actualmente), avanzan que Echo únicamente comenzará a escuchar cuando el usuario diga el comando ‘Alexa'.

De esto deducimos que habrá una parte del hardware en permanente escucha, la que espera el comando de activación, y tras escucharlo el equipo se conecta a los servidores y ahí sí, nuestra voz viaja por el cyberespacio. No sabemos si esta promesa será real o no finalmente o si te tranquilizará, pero lo cierto es que la firma ya ha estado en el disparadero en múltiples ocasiones a cuenta de las dudas sobre la privacidad de sus clientes, en productos como el navegador Silk o los mismísimos drones.

Por último, la pregunta que nos deberíamos estar planteando como usuarios en estos momentos es si realmente deberíamos preocuparnos por el cuidado de nuestra información, o asumir que para disfrutar de las comodidades de la sociedad en internet, uno tiene que pagar este peaje. Lo cierto es que nuestros datos más sensibles están ya en manos de los grandes: leen nuestros correos, conocen nuestros contactos, saben dónde vivimos, qué música nos gusta y cuáles son nuestros intereses. ¿Realmente deberíamos preocuparnos a estas alturas de que un dispositivo en el salón maneje de manera automática nuestras órdenes de voz y las mande a los servidores de una empresa solvente? Ahí queda la pregunta…