Hace unas horas conocíamos la Samsung Galaxy Tab S, la nueva reina de la familia tablet de la compañía coreana. Que Samsung haya decidido apostar por un gran evento de presentación en el teatro Madison Square Garden de Nueva York, dice mucho de la importancia que le da a este producto. Se trata de un paso estratégico muy relevante por varios motivos. Algunos ya los hemos comentado, pero el que es fundamental señalar es el de la cuota de mercado. Está claro que en smartphones Android, Samsung tiene una dominancia generalizada, así que el siguiente nivel es conquistar el ecosistema tablet, muy dispersado y con cientos de modelos que despistan al usuario.

Justo para solucionar la duda de "¿qué tablet me compro?" ha llegado esta Samsung Galaxy Tab S. Hasta ahora, el dilema comenzaba en "¿me compro un iPad o una tablet Android?". En el caso de optar por la segunda opción, viene una decisión tan difícil que, incluso dentro de Samsung, sería complicado escoger entre los 21 modelos de tablet que ha presentado en lo que va de año. Imaginemos cuando entran en acción el resto de fabricantes tablet.

Lo que quiere Samsung es reducir dilemas. Quiere que el usuario se pregunte "¿me compro un iPad o una Samsung"? y eso implica que quiere minimizar la presencia del resto de tablets Android y que quiere hacerle frente a Apple. Para eso, ha presentado una tablet con unas características muy claras: manejable, pesa poco y su pantalla se ve muy bien. La compañía ha estudiado qué usos principales se le dan a las tablets y el segundo en la lista eran los vídeos, así que la Galaxy Tab S tiene un objetivo clarísimo: el entretenimiento.

Esto es lo que nos ha parecido en los minutos que la hemos podido probar:

Peso, diseño y manejabilidad

Tanto la versión de diez pulgadas como la de ocho se sienten muy cómodas en la mano. Su peso es más reducido que el del iPad Air y iPad Mini y, al principio, la sensación que uno puede tener es la de estar tocando un juguete. El diseño está inspirado en el Samsung Galaxy S5, así que comparte también los mismos materiales (plástico, fundamentalmente). Sin embargo, con el paso de los minutos, se agradece esa ligereza y, sobre todo, si tenemos en cuenta que es una tablet pensada para llevar contigo a cualquier parte y disfrutar de tus series, películas o cómics.

Es realmente delgada y sus acabados están bastante estilizados (no olvidemos que siguen la línea cool del S5).

Experiencia de uso

Si alguna vez has usado un smartphone Samsung, te sentirás como en casa. También si estás familiarizado con Android. La navegación entre menús es muy fluida e incluso los videojuegos tardan poco en arrancar (se notan los cuatro núcleos de ese Snapdragon 800).

Me ha gustado que, por ejemplo, al leer un cómic, puedas ampliar y reducir dos páginas distintas a diferentes niveles. En general, se aprecia en todo momento que estamos ante un software de alta gama y completamente listo para reproducir vídeos o cualquier otra fuente de entretenimiento.

Pantalla

Es el factor diferencial de la Samsung Galaxy Tab S. En el stand donde hemos podido probarla tenía a su lado un iPad Mini retina al que superaba en calidad de imagen como de vídeo (lógicamente, esto habrá que probarlo en profundidad para llegar a conclusiones más acertadas). Tiene un altísimo nivel de detalle y definición, y los colores son muy vivos (para algunos quizá puedan parecer demasiado, y es que se aprecia que se ha forzado un poco el contraste para conseguir resultados más llamativos).

La pantalla, tanto en el modelo mayor como en el menor, es una gozada. Habría que probar cómo se comporta en exteriores o en diferentes situaciones de luminosidad, pero en el interior del Madison Square Garden la sensación ha sido muy buena.

Teniendo en cuenta el objetivo principal de la tablet (consumir entretenimiento), este factor será clave a la hora de comprarla o no. Y, a priori, parte con una buena impresión inicial y con un precio (desde 399 dólares/euros para la versión de 8,4 pulgadas y desde 499 dólares/euros la de 10,5) que no mira a Android, sino a Apple.

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